Suscripciones:

    Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

    Únete a otros 5 suscriptores

    Entradas recientes: Eloy Caballero

    Eternalismo y perspectiva temporal

    Eternalismo y perspectiva temporal

    Espacialmente hablando, si dirigimos la mirada a lo lejos y contamos con la diferencia de alturas apropiada, nuestra vista divisa una apreciable perspectiva. Abstraigámonos por un momento y pensemos en un espacio completamente congelado, estático, sea eso lo que sea. Aunque nada en el universo parece estar en estado estático, parece que nuestra mente si […]

    Pánico en playa dinosaurio

    Pánico en playa dinosaurio

    He aquí la versión en alta definición del collage que acompaña a mi artículo sobre simbología en la película Jurassic World. Los materiales usados tienen origen diverso. La playa y el cielo son un fondo de pantalla de wonderfulengineering.com. La mujer que duerme en la palmera es de un anuncio de revitalizante. El dinosaurio es […]

    El capitán Ajab y la conciencia desequilibrada

    El capitán Ajab y la conciencia desequilibrada

    Herman Melville plantea su novela, Moby Dick, como una alegoría de la sociedad de su tiempo. La sociedad tecnológicamente avanzada se ha lanzado a la explotación indiscriminada de los recursos naturales porque está cegada por el dinero. Los señores tienen ansia de lucro para mantener su posición controladora; los mandos intermedios implementarán las órdenes a […]

    Inteligencia, codicia y crisis financiera

    Inteligencia, codicia y crisis financiera

    Uno de los contrasentidos más grandes de la reciente crisis financiera que no terminamos de superar es el misterio de la inteligencia mal empleada, que se puede resumir así: Siendo evidente que cada vez la gente está más preparada y con más estudios, y que cada vez contamos con más medios auxiliares, es decir, que […]

    El lamento del vendedor

    El lamento del vendedor

    Grité mi súplica en medio del atasco al tipo que conducía el porche-cayén. Expuse mis cuitas al panadero que preparaba la primera hornada del día a una hora indecente. Se lo conté al boticario y a la practicanta mientras jugábamos al mus en la mesa camilla de la trastienda. Pinté un esquema del pozo que […]

Viajes astrales a Marte

Marte y el interés por lo paranormal

Un repaso a los márgenes de la historia del conocimiento durante la segunda mitad del siglo XIX, nos deja ver un interés inusitado por el espiritismo y por toda la variedad de fenómenos paranormales que lo acompañan: telepatía, telequinesia, reencarnación, experiencias extra corporales, clarividencia, comunicación con los muertos, materialización de espíritus y ectoplasmas… La última década del siglo victoriano y la primera del siglo de las grandes guerras son el periodo dorado de lo que, en términos de reacción general contra el materialismo newtoniano por entonces triunfante, se podría llamar espiritualismo. Viena, París y Londres irradian energías ocultas. Asuntos como la popularización de las teorías de Mesmer, desde centro Europa, el interés por las filosofías orientales, que llegaban a Inglaterra desde la cultura hindú por la ocupación británica en la India, y las influencias diferidas de la expedición napoleónica a Egipto (que trajeron, entre otras cosas, el descifrado de los jeroglíficos), provocan un aluvión de corrientes espiritualistas en uno y otro lado del atlántico. Aparece la teosofía, se perfila la figura del medium, se establecen las bases de la sesión espiritista moderna, se fijan los parámetros de la escritura por canalización, se convienen los términos de la posesión amigable u hostil, se traza la ruta del viaje astral, se diseña la tramoya de la aparición fantasmal en el escenario o la sesión espiritista. Este ambiente ayuda a la eclosión de géneros literarios con personalidad propia, como el misterio sobrenatural que cultiva Edgar Allan Poe: géneros que pronto se transforman en objetos de consumo masivo. Es la época en la que se cimentan lo que iban a ser los grandes mitos del terror narrativo del siglo XX: Drácula, Frankenstein y Mr Hyde, ahora ya desbancados por el ubicuo y zarrapastroso zombie.

Composición inspirada en una sesión de espiritismo con viaje astral a Marte
La medium gestiona un viaje astral a Marte

Batalla ciencia-superstición

Curiosamente, se trata también de un periodo en el que la ciencia está poniendo los cimientos de nuevas disciplinas que permitirán su avance prodigioso en el siglo XX. La psicología se está separando de la filosofía y empieza el interés por el conductismo. La física, segura en su mecanicismo newtoniano, lleva a algunos de sus mejores sabios finiseculares a decir, casi sin soltar el puro de entre los labios, que ya está toda escrita, mientras otros aún más sabios están descubriendo la radiactividad y vislumbrando la relatividad. Dada la querencia del hombre por la disputa, y en vista de la hinchazón que lo misterioso llegó a alcanzar en los salones de la alta sociedad de la época, se terminó desatando otra batalla de la interminable guerra ciencia-superstición. Algunos de los paladines de esta refriega eran científicos serios que, a imitación de lo que hacían magos como Harry Houdini, se dedicaban, en sus ratos libres, a desengañar al buen número de ingenuos que se mostraban dispuestos a tragarse casi cualquier fenómeno paranormal, o a desenmascarar a la gran cantidad de caraduras que querían hacer su agosto montados en la gran ola de credulidad que levantó el interés por lo paranormal. El astrónomo Percival Lowell, sin ir más lejos, estudió y escribió abundantemente sobre temas parapsicológicos, pasando de analizar el mesmerismo y la posesión durante su estancia en Japón, a cartografiar la superficie de Marte con el mejor telescopio de la época. En Francia, Camille Flammarion también combinaba su estudio de Marte con un inusitado interés por los fenómenos extra sensoriales, y a diferencia de Lowell, que se acercaba a lo oculto con el punto de vista del científico que quiere desmitificar y encontrar la explicación material del fenómeno, Flammarion era un firme creyente en su autenticidad sobrenatural: “la telepatía es algo tan real como Londres, Sirio y el oxígeno” dijo, tan pancho, en 1923, en un discurso ante la Sociedad Internacional de Parapsicología (1).

Curiosidad marciana y avidez por lo oculto

En este marco, en fin, que mezclaba la avidez por lo oculto con la perenne curiosidad marciana: un marco en el que Lowell en EEUU acuñaba el nuevo término científico “planetología”, y haciendo una proyección interplanetaria de la cada vez más popular teoría de la evolución de Darwin, proponía un Marte habitado por criaturas capaces de desarrollar una ingeniería hidráulica avanzada, en este marco, digo, no era raro que el fervor espiritualista terminara proyectando sus deseos, o quizás más bien sus delirios, en la superficie de este nuevo mundo rojo sembrado de vías artificiales de agua, ribeteadas, según los anhelos de Lowell y Flammarion, por una vegetación exuberante que incluso mudaba de color con las estaciones. Así fue como los años finales del siglo XIX y los primeros del XX estuvieron dominados por la fantasía de Marte: relatos de ciencia ficción que a veces presumían de estar basados en experiencias extra corporales reales, conversaciones marcianas en los salones de la alta sociedad, sesiones de espiritismo en las que se conversaba con espíritus aréicos (me lo acabo de inventar, de Ares, el nombre griego de Marte), y proyecciones astrales a las regiones cercanas a los canales que los más avispados mediums ofrecían como guinda a los clientes con suficiente poder adquisitivo. En el relato original de la serie de novelas Una princesa de Marte, de Edgar Rice Borroughs, el héroe John Carter viaja al planeta rojo por proyección astral desde una caverna del desierto de Arizona, no a través de un aparato interdimensional, que es lo que sale en la versión para cine del año 2012, sino simplemente por obra y gracia de su voluntad.

Paisaje figurado de Marte para las novelas de Edgar Rice Borroughs
Princesas, palacios y animales míticos en las novelas marcianas de Edgar Rice Borroughs

Empiezan los viajes astrales a Marte

En 1904, la autora Sara Weiss publicó su obra Viajes al planeta Marte, que inauguraba una serie de relatos imaginativos sobre tema marciano. La autora aseguraba, además, que la inspiración para escribir sobre una civilización marciana de tipo utópico, pero ya en franca decadencia, le había llegado a ella y a su banda de espiritualistas, dirigida por un tal Carl de L’Ester, entre los años 1892 y 1894 ¿Y cómo les había llegado esa información? Pues mediante mensajes psíquicos a los que ella describe como canalización semiautomática. El libro, que se puede consultar de forma gratuita en internet (2), contiene dibujos de la propia Sara que describen flora autóctona de Marte (la nomenclatura pseudo latina demuestra que los marcianos ya sabían que para la ciencia el mejor idioma es el latín), y notas sobre la pronunciación correcta del lenguaje nativo marciano que, en palabras de la señora Weiss, no es complejo (como el fastidiado latín), sino de una expresividad encantadora, aunque con muchas inferencias que implican bastante más de lo que las palabras dicen, y en el que Marte no se dice Barsoom, como imaginó Borroughs, sino Ento, que en su propio lenguaje éntico significa “elegido” o “seleccionado”. El relato está planteado como una conversación que L’Ester mantiene, alternativamente, con varios mediums de su panda, mientras estos son canalizados, o poseídos, por espíritus marcianos y, en una ocasión, hasta por el espíritu de Giordano Bruno o de Alexander Von Humboldt que se ve que, sencillamente, pasaban por allí. El libro incluye un ilustrativo glosario de términos del lenguaje marciano, nos cuenta la historia de la puesta en marcha del sistema de irrigación por canales y nos habla de la bella ciudad marciana de Camarissa, junto al Gran Canal Central de Marte.

La reina de Marte en la Tierra

Pero quizás la reina de Marte en la Tierra durante esa época dorada del espiritismo fue la medium suiza Helene Smith, entre cuyas habilidades paranormales figuraba la comunicación con espíritus y el don de lenguas, incluido un lenguaje marciano que, lejos de parecerse al éntico de Sara Weiss, tenía un alfabeto propio con caracteres enrevesados. El asunto es que al analizar su sintaxis, su gramática, y la correspondencia estadística en número de sílabas, el idioma marciano de Smith se asemejaba sospechosamente al francés, por cierto, el idioma nativo de la joven. Mademoiselle Smith aseguraba estar “poseída”, a ratos, por el espíritu de un antiguo habitante del planeta Marte, a través del cual podía expresarse en idioma marciano y escribirlo en su críptico abecedario. Un profesor de psicología de la Universidad de Ginebra llamado Theodore Flournoy hizo un estudio detallado de las capacidades de Helene que se prolongó durante cinco años, tras los cuales publicó sus resultados en un libro del año 1900 cuyo título es elocuente:  De la India al planeta Marte, un caso de personalidad múltiple y lenguajes imaginarios (3). Era también la época en la que se estaba descubriendo la relación inequívoca entre cerebro y psicología y nacían las teorías de la personalidad múltiple, con algunos trabajos de ficción recién publicados que se inspiraban en el nuevo tema de moda y que ahora son clásicos literarios, como: El extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde, de Robert L. Stevenson. Flournoy tuvo claro desde el principio que lo que estaba detrás de las posesiones de Helene Smith era una clara disfunción psicológica, una inmadurez mental apoyada en una imaginación sobre excitada, y tuvo claro también que sus dibujos y su lenguaje marciano, aunque dotados de una cierta consistencia, eran elaborados, o sea “inventados”. Sin embargo Helene Smith no se bajó de su burra, y llegó a ganarse un aura de prestigio entre los miembros del incipiente movimiento surrealista, que siempre la consideraron como la musa de la escritura automática (4).

Paisaje marciano figurado con la capital Camarissa junto al Gran Canal Central de Marte
Camarissa, bella ciudad junto al Gran Canal Central de Marte

Canalización y posesión

No hay que perder de vista que los fenómenos paranormales son, normalmente, descartados como supersticiones en el ámbito extra religioso, pero suelen ser más tolerados si se dan bajo el paraguas de una de las religiones populares. Las apariciones marianas, por ejemplo, cuentan con un nivel de aceptación popular mucho mayor que las manifestaciones de ectoplasmas cualesquiera sin filiación conocida. Del mismo modo, el fenómeno de la escritura automática por canalización, que en esa época estaba en plena ebullición, se puede ver como un traslado al extremo de otros fenómenos sobrenaturales clásicos como el de la escritura por inspiración divina, al que supuestamente se deben textos tan importantes como la Biblia y el Corán. En 1827 el mormonismo, religión seria y formal que hoy practican más de quince millones de americanos del norte y del sur, y que a pique estuvo hace nada de dar un presidente a la gran potencia de nuestros días, se fundó con base en unos textos elaborados también con un método de tipo canalizativo, aunque bastante más práctico. En vez de montar numeritos espiritistas, o posesiones para recibir la información canalizada, Joseph Smith, fundador del mormonismo, usaba el expeditivo método de meter la cabeza en un sombrero, en el que había unas piedras “mágicas” para desde esa posición, “cantar” en plan camarero de bar con terraza, la traducción inglesa de unos textos religiosos inscritos en unas planchas de oro angélicas que nadie había visto, en un lenguaje llamado “egipcio reformado”, que como el de su tocaya mademoiselle Smith también era, según dice la filología oficial, elaborado, o sea, que el buen señor Smith se lo había sacado de la manga. La canalización ha sido, a partir de entonces, un procedimiento habitual que los mediums de alto y bajo copete usan para dar prestigio a sus escritos, sobre todo a los de tipo fundacional. Ni más ni menos que Aleister Crowley, pope y referencia de casi todo lo que tiene que ver con el ocultismo moderno, escribió su Libro de la ley, dijo él, mientras estaba poseído por una entidad de nombre Iwas, o sea, “Yofui”. Sin cachondeo.

Adiós a la fantasía de Marte

La época espiritualista de Marte languideció con la llegada de los grandes conflictos del siglo XX, y murió poco después, cuando los nuevos y potentes telescopios, como el de Monte Palomar, hicieron que los críticos de Lowell y Flammarion, al ver que no había canales, ni vegetación en Marte, empezaran a dar puñetazos en las mesas de los círculos científicos y a decir que aquel sueño fantástico ya había durado demasiado. En efecto, a finales de los años 1950 las primeras sondas espaciales que llegaban a Marte, como las Mariner, revelaron que los pioneros de la observación telescópica de Marte se habían dejado llevar por la imaginación, y que los mediums como Weiss y Smith, seguramente no habían estado poseídos por espíritus marcianos, pero tenían, en cualquier caso, una gran capacidad para proyectar sus invenciones a niveles astrales.

  1. Imagining Mars: a Literary History. Robert Crossley
  2. https://archive.org/details/journeystoplane00weis
  3. http://www.sacred-texts.com/ufo/ipm/index.htm
  4. http://www.idueart4youmuseum.com/martian01.html

Comments

This post currently has one response

  • Leía ayer un libro sobre arte religioso en la iglesia ortodoxa, y en particular sobre iconos. El autor de un icono también se disponía a pintar siguiendo previamente un ritual que lo colocaba, en teoría, en un estado de inspiración divina. Por tanto no creo que sea exagerado decir que la pintura de iconos también es, en cierta forma, un fenómeno de arte canalizado.

Deja tu comentario aquí:

Sidebar



A %d blogueros les gusta esto: