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Ufología y postura alienígena

La pseudociencia de la ufología

Los trabajos de Erich Von Däniken (1935-) inspiraron a la generación de escritores ufólogos de los años 1970-1990. En España destacaron  Andreas Faber-Kaiser (1944-1994), Salvador Freixedo (1923-) y Juan José Benitez (1946-), además de las traducciones de las obras del italiano Peter Kolosimo (1922-1984) y el francés Jacques Bergier (1912-1978), que siempre aclaraba que no creía en los ovnis. Estos autores inundaron un mercado ansioso de obras ufológicas en base a tres modelos agregados de creación de contenidos:

  1. Analizar mitos, textos antiguos y excavaciones arqueológicas en busca de inexactitudes y contradicciones, para señalar como responsables a los antiguos dioses astronautas o alienígenas ancestrales.
  2. Fomentar el interés por el fenómeno ovni en la actualidad, con la técnica de la crónica periodística de sucesos: visita al sitio, fotos y recogida de testimonios de lugareños, obviando la ausencia de evidencias y usando un estilo narrativo directo e impactante.
  3. Machacar con la inminencia de un contacto en la tercera fase, en alguno de los cercanos hitos astro-cosmológicos: fin de ciclo maya, entrada en acuario, retorno de los annunakis, armageddon, cambio de milenio…etc

Con estas líneas de trabajo y una fecundidad digna del propio Von Däniken, pronto la postura alienígena estuvo bien pertrechada de una amplia bibliografía de casos en los que apoyar sus pretensiones.

Infografía que ilustra la postura alienígena, dentro de la ufología

Definición de la postura alienígena

La postura alienígena establece que hay inteligencias extraterrestres que han visitado la tierra en el pasado e intervenido en asuntos de la historia, y que siguen visitándola en la actualidad, quizás con intención aviesa, por lo que coludirían con gobiernos, científicos y estructuras de poder para mantener los contactos ocultos al grueso de la población.

Pese a la ausencia total de evidencias, esta postura goza de buena salud y se afirma en sus reclamaciones basadas en los misterios arqueológicos, los testimonios de ovnis, abducidos y contactados y la supuesta conspiración de silencio de gobiernos y científicos.

En el escenario de crisis actual, en el que crece la brecha entre regidores y ciudadanos, y se ha producido de facto una alianza de soporte mutuo entre gobiernos y bancos que ha resultado en el secuestro del crédito a familias y pequeñas empresas, las teorías conspirativas son fácilmente vendibles como maniobras de los poderosos para acaparar la riqueza y el bienestar.

El delirio alienígena

Las versiones más radicales de esta “postura” sugieren que los poderosos estarían siendo ayudados por alienígenas con todo tipo de tecnologías de control de la población (psiquiatría, drogas, ondas desconocidas) en contraprestación por una vampirización de nuestra energía en las formas más horrendas. Son los “reptilianos” de David Icke (1952-).

Los incrédulos y escépticos estarían obnubilados por la manipulación de estos poderes, como en un letargo tipo “Matrix” que les impediría ver la realidad “reptiliana”, que por lo visto es abrumadora para gente como David Icke, que llega a decir que estos seres están usando la Luna como estación de control mental desde la que emiten ciertas ondas que mantienen los cerebros escépticos apagados.

Una de las versiones más disparatadas sobre alienígenas visitadores es la de las repugnantes sectas tipo “la puerta del cielo”, que han inducido a sus adeptos en varias ocasiones al suicidio grupal con la fantasía de que iban a ser rescatados del inminente fin del mundo por una nave de la estrella Sirio, copia esperpéntica, quizás, de la mamarrachada del “arrebato” protestante.

Alegoría de las supuestas intervenciones alienígenas en el pasado de la Tierra

El obstruccionismo de la ciencia oficial

El defensor de la postura alienígena está especialmente resentido contra el “establishment” científico, al que culpa de colaboracionismo con los gobiernos y obstruccionismo contra los investigadores independientes (ufólogos) que intentan afanosamente arrojar luz sobre los misterios arqueológicos sin resolver: las líneas de Nazca, Stonehenge, las caras de Pascua, el sarcófago de K’inich Janaab’ Pakal, los mapas de Piri Reis, el cubo de Gurt, Tihuanaco,… La lista es inacabable si consideramos lo que ahora se denomina “ooparts“.

Tres grados para la postura alienígena

  1. Creacionismo alienígena. La misma existencia de la vida, o al menos de la especie homo sapiens sapiens, se debe a estos viejos alienígenas ancestrales, que por experimento o por trompazo plantaron nuestra semilla aquí in illo tempore. El desatinado film “Prometheus (2012)” de Riddley Scott (1937-), prescindible “precuela” de la serie “Alien”, explora esta ocurrencia, adornándola con inspiradoras pinturas rupestres y unos padres progenitores “cabezabuques”, “napigrecos” y “trompiescafándricos”. Un ejemplo real de esta fantasía es la floreciente y acomodada religión de la cienciología, que basa todo su aparato teológico en las tropelías galácticas y protohistóricas de un alienígena, asaz trujamán, de cuyo nombre mejor no acordarse.
  2. Intervencionismo alienígena. Si bien no les debemos la vida, si les debemos la inteligencia. El relato “The Sentinel (1948)” de Arthur C. Clarke(1917-2008), inspiró la película de culto “2001, Una odisea del espacio (1968)“, de Stanley Kubrick(1928-1999) en la que se exploran tediosamente las particularidades pasadas y futuras de esta hipótesis. Sólo gracias a la intervención de estos “súper-tacañones” habríamos conseguido malamente inventar la fregona. Buda, Confucio, Jesús, Mahoma, Manolete, Schwartzenegger y cualquier ser humano eminente habría sido en realidad un alienígena.
  3. “Tocapelotismo” alienígena. Quizás no les debamos la triste vida, ni la tosca mollera, pero nos visitan y nos vigilan y, o bien nos favorecen aportando conocimientos, como los “annunakis” sumerios, o los “dogones” de Mali, o bien se aparean con nuestras hembras, aunque no por lujuria, sino para mejorar el ADN (los “Nephilim” de la Biblia en Génesis 6.4), o bien nos explotan y vampirizan malignamente y controlan la banca mundial desde la dimensión paralela, como los cada vez más famosos “reptilianos” de David Icke (por cierto, nada que ver con la serie televisiva “V” y la lagarta Diana).

El problema del transporte alienígena

Para surcar los eones que nos separan, estos alienígenas visitadores han tenido que usar algún medio de transporte avanzado. El héroe John Carter, de las Novelas de Edgar Rice Burroughs(1875-1950) viajaba a Marte sin más que desearlo y los “reptilianos” de Icke podrían conocer los secretos de las puertas dimensionales. Pero de acuerdo a la tercera ley de Clarke, toda esa tecnología es todavía indistinguible de la magia para el pobre humano escéptico.

Sin embargo hubo una época romántica en la que los extraterrestres usaban un chisme encantador llamado “platillo volante”, al que el frío academicismo terminó por ponerle el insípido nombre “ovni”, acrónimo de Objeto Volante No Identificado. Pero de eso hablaremos en nuestro próximo artículo.

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Comments

This post currently has 8 responses

  • Lo malo de la SF es que todo coge y de eso abusa mucho el cine,pocas películas merecen la pena si las analizas con un mínimo de sentido común….aunque con el resto de géneros cada vez ocurre mas lo mismo…
    Alien el octavo pasajero,Blade runner, Odisea en el espacio….poquitas

    • Quizás ahí está el matiz, en el abuso. En el caso concreto de Prometheus los productores la promocionaron diciendo, entre otras cosas, que hasta la NASA ya apoyaba la idea de los dioses astronautas, lo cual me parece el colmo de la desinformación al espectador. Me pareció una trampa para dar barniz científico a un espectáculo que, si es bueno, no lo necesita. Fíjate sin salir del ámbito de Riddley Scott, tienes Blade Runner, donde la calidad es sobresaliente y la película es un espectáculo que se disfruta sin necesidad de referencias científicas explícitas. Luego tienes Gladiator, donde se usa una versión retorcida de la historia (sin necesidad, pero intentando darse un barniz de autoridad histórica) para enseñar el espectáculo de la crueldad en Roma. Y ahora Prometheus pasa lo mismo pero con la ciencia.

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