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Tetrapteryx: el primero de los dinosaurios voladores

¿Fue el arqueoptérix el primero de los dinosaurios voladores?

La paleontología actual no deja de sorprendernos, y el ritmo de descubrimiento de nuevas especies fósiles, sólo en la rama de los dinosaurios, es trepidante. Entre estas nuevas especies, el conjunto de los dinosaurios voladores, y los plumíferos en particular, despierta un interés especial, sobre todo entre los más jóvenes, cuya curiosidad natural todavía no se ha matizado por la obligada seriedad y circunspección que adoptamos los mayores:

“¿Los dinosaurios? ¡Ah, si! A los niños les gustan mucho los dinosaurios”.

Hoy sabemos que existe una fuerte conexión entre aves y dinosaurios, de forma que algunos paleontólogos llegan a decir que los dinosaurios no se han extinguido y siguen viviendo entre nosotros en su forma evolucionada, que es la de pájaros. Los fósiles más famosos de dinosaurios con plumas son los del arqueoptérix, que hoy se mencionan como ejemplo claro de especie de transición entre dinosaurios y aves.

Los primeros restos petrificados de esta fascinante especie se encontraron en las canteras de Solnhoffen o Solignhoffen (Alemania), a mitad de la década de 1860, pero se pensó que pertenecían a otros terópodos y pasó algún tiempo hasta que se apreció la presencia de plumas. Hoy se ha datado la existencia del arqueopterix alrededor de hace unos 150 millones de años y se han descubierto otros fósiles de especies emparentadas (arqueoptérix en China) que han aportado nueva y valiosa información. Pero la paleontología y la geodatación nos pueden contar una interesante historia sobre este fósil para el que durante los muchos años se usó el nombre “Tetraptéryx” (cuatrialado).

Alegoría dinosáurica de un cuatrialado que nunca existió: el tetraptéryx

El cuatrialado que inspiró a los primeros aeronáuticos

En este breve artículo hemos recuperado y redibujado una añeja ilustración publicada en la revista Popular Science en 1917 que representa al entonces denominado “tetraptérix” (cuatro alas) como un verdadero híbrido “avesáurico” cuya edad se estimaba entonces en sólo unos 7 millones de años. Tengamos en cuenta que los métodos radiactivos de datación se estaban empezando a sistematizar entonces y aunque ya se tenía certeza de que la edad del planeta era de al menos varios miles de millones de años, todavía no se disponía de una datación precisa de los fósiles.

Los últimos años de la década de 1910 eran los tiempos del desarrollo incipiente de la aviación y el “cuatrialado” servía de inspiración a los nuevos ingenieros aeronáuticos, que no tenían otro método para aprender diseño de aviones que el de prueba y error. Se interpretó que el tetraptérix habría estado dotado de alas amplias en las cuatro extremidades para surcar las junglas primitivas, en un vuelo que entonces se pensaba que consistía simplemente en un torpe planeo iniciado desde las alturas arbóreas.

El tetraptérix se concebía como un extraño híbrido transicional planeando por los bosques de una Tierra en la noche de los tiempos; en plena época titánica, con los continentes todavía en formación. Tampoco estaba claro entonces si estos “dinoplumíferos” habían evolucionado directamente de los peces por una rama separada o habían pasado por anfibios y reptiles antes.

La corta vida de este animal en nuestra imaginación académica duró hasta que los paleontólogos decidieron que el cuatro plumas era en realidad el primero de los pájaros, un ser muchísimo mas arcaico que lo que pensaban en 1917 y que encajaba mejor en la denominación de arqueoptérix (ala antigua), si bien en los ambientes germanos se usa con frecuencia el término “Urvogel”, el pájaro original.

Esta pequeña historia nos muestra una vez más esa característica de la ciencia como disciplina en la que nada es fijo e inmutable, sino que se trata de aproximaciones parciales a la verdad que se van refinando con el tiempo.

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