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Alienígenas ancestrales: teorías y tonterías

Alienígenas ancestrales, la serie

Si hay un aspecto de la ufología que merezca comentarse en artículo aparte, éste es el de su configuración como negocio mediático que, partiendo de unas pocas luces en el cielo, sin aportar una sola prueba en más de 70 años, y con un historial de fraude insuperable, ha sido capaz de sobrevivir durante décadas en un ambiente muy hostil y resurgir en la era digital con fuerzas renovadas y con un público más fiel que nunca, para reclamar la explicación total de la historia.

Esta circunstancia se sintetiza muy bien en el bodrio documental llamado Ancient Aliens The Series, o sea, Alienígenas ancestrales: la serie; que por fin ha condensado todo el delirio del sector ufológico en la gran tontada referida como: la teoría de los alienígenas ancestrales.

Apropiarse de la historia y de la arqueología

Los guionistas no han dejado esta vez títere con cabeza y del visionado uno deduce que la ufología quiere hoy abarcar cada segundo de la historia, de cada persona y de cada hormiga del planeta Tierra, para explicarla como la consecuencia lógica de las visitas añejas de ciertos energúmenos alienígenas, ya fueran grises (esclavos tontorrones), annunakis (señores arios), o reptilianos (brutotes militares).

¿Y cuáles son las pruebas? Cada raya torcida, cada choza con dos pisos, cada sol que se pone, cada gota que llueve, cada piedra que rueda, cada hueso quebrado, cada beso y cada traspié. Todo, amigos, todo en este retablo de títeres al que llamamos vida, es obra de los alienígenas ancestrales.

El esquema de la narrativa audiovisual

  1. Se expone el caso. Por ejemplo una pintura rupestre donde aparecen esquematizadas algunas figuras con cuerpecitos de palo, cabeza de cubo y ojos saltones. La voz en off llama nuestra atención sobre el matiz cabezudo.
  2. Se reviste de artificial importancia el caso y se crea la falsa impresión de polémica con el testimonio de un científico de verdad (¡anda qué, os habéis lucido, majos!), que en realidad se limita a certificar el hecho: “hay pinturas rupestres” y “el tamaño de sus cabezas es llamativo”.
  3. Empieza el desfile estrafalario de ufólogos de postín que apuntan como única explicación posible: ¡Tachaaaán! la visita de alienígenas ancestrales.
  4. La voz en off del narrador se hace una serie de preguntas retóricas que apuntan a la hipótesis de “la teoría de los alienígenas ancestrales” como válida, o al menos en igualdad de condiciones de validez que el resto: fiestas de carnaval en la tribu, máscaras de guerra, creatividad del artista rupestre…
  5. Para investir esta ocurrencia de una pátina de aparente prestigio, se intercalan unas declaraciones breves del padre fundador de la teoría, el incalificable Erich Von Däniken (1935-) que, con gran presencia de ánimo, certifica como mejor la hipótesis alienígena.

El padre de la criatura: Erich Von Däniken

Pasada la primera, feliz e ingenua época de avistamientos entre 1947 y 1959, cuando los ovnis eran simples luces inofensivas en el cielo y tras el éxito informativo inicial, vino el desinterés y la ruina para el incipiente sector ufológico. El negocio se recuperó un poco gracias a la desfachatez de los primeros testimonios sobre abducidos y contactados, pero ni la prensa generalista ni el mundo académico se tragó estas imaginativas trolas acerca, entre otras cosas, de hembras alienígenas en celo que se apareaban con machos brasileños, por lo que la ufología entró otra vez en declive a finales de los años 1960.

Y en esa coyuntura tan crítica, apareció Erich Von Däniken; el hombre que, con su genial ocurrencia de los alienígenas ancestrales, sacó a la ufología del pozo del descrédito y le dio, nada menos que un futuro como sector mediático. ¿Qué quién era Von Däniken? Pues un hombre apasionado por la arqueología que, como nos pasa a todos, tenía sus imperfecciones.

Tras varios errores de juventud, que incluyen una pequeña condena por robo que le hizo abandonar los estudios a los 19 años, un viaje a Egipto del que también volvió condenado por desfalco, y un trabajo de director de hotel en Suiza del que salió denunciado por falsificación contable y robo, Von Däniken pasó algo más de un año en la cárcel, donde perdió esa ávidez por el dinero ajeno y, en el mejor estilo cervantino, escribió parte de su obra “Dioses del espacio exterior”. Su libro “Recuerdos del futuro” fue el más vendido en Alemania y con el resto de sus obras sobre el tema, vendió libros como rosquillas en la Europa de los años 1970.

Alienígenas ancestrales: yo no los he visto, pero haberlos haylos

Se suele decir que Von Däniken sacó la idea de los alienígenas ancestrales de los relatos de H.P. Lovecraft (1890-1937) y del libro de Jacques Bergier (1912-1978) y Louis Pauwels (1920-1997) “El retorno de los brujos”, pero el concepto de unos alienígenas visitadores y enredas se encuentra ya en el relato de Arthur C. Clarke (1917-2008) “The Sentinel”, del año 1948. En esta novela corta, en la que se basó años más tarde la película “2001, una odisea del espacio“, nuestros ancestros son mejorados por unas inteligencias extraterrestres que dejan como chivato un monolito enterrado en la Luna.

También se pudo inspirar en las salidas de pata de banco de Ron Hubbard (1911-1986), escritor de relatos fantásticos y fundador de la cienciología, quién allá por 1967, parece que en medio de una terapia africana a base de estimulantes y alcohol, llegó la conclusión de que estaba clarísimo que un tal Xenu, dictador galáctico y mal bicho con traje blanco y botas plateadas, había cometido diversas tropelías por varios sistemas solares, entre ellos el nuestro, hace unos 75 millones de años, quita o pon un par de días.

Negocio boyante y público desinformado

La costosa producción de un documental de esta factura nos da una idea de la situación boyante del gran negocio mediático basado en el fraude de la ufología, un negocio para el que es imprescindible que cunda la desinformación y el runrún de la conspiración. Y verdaderamente el público ufólogico está predispuesto a creer lo que le digan sus popes, casi como si de una religión se tratara, pues llevan décadas tragándose indiscriminadamente errores, alucinaciones y embustes sin demandar jamás una prueba.

Alienígenas ancestrales, la serie, es un subproducto propagandístico y embrutecedor que abusa hasta el hartazgo del montaje, la exageración, la mezcla de verdades y mentiras y la repetición. Se emite por un medio llamado televisión, que no es malo ni bueno, aunque la cadena que da esta carnaza en prime-time debe tener claro aquello de: amiga del saber, pero más amiga del dinero de la publicidad.

El público objetivo no es el espectador escéptico, que suele espantarse de buenas a primeras, sino el público fiel a la ufología; un público que ha sufrido mucha burla y mucho desprecio desde aquellos tiempos en los que Antonio Vilas-Boas decía que lo habían obligado a fecundar a una alienígena de vello púbico rojo y Giorgio Bongiovani pretendía ser el enviado de un Jesucristo extraterrestre que ya “se veía de venir por la vera la veguilla”.

A este público no le suele incomodar que las preguntas retóricas y las afirmaciones que espeta el narrador de voz engolada deslicen falsedades catedralicias:

¿Por qué los extraterrestres estarán tan interesados en los volcanes?

Tenía el aspecto típico de un extraterrestre.

Y este público fiel seguramente agradecerá que por fin alguien haya ordenado y concentrado los argumentos de la ufología en una serie televisiva; que por fin alguien lo reconforte con esta mamarrachada pseudo-científica que trae la ilusión de una salida definitiva de la marginalidad; que por fin alguien lo acaricie a través de la caja tonta con los guiños continuos de una asombrosa troupe de personajes, cada uno más extravagante que su propio peluquero: Giorgio A. Tsoukalos, Jason Martell, David Childress, Philip Coppens… ¡Rupert, te necesito!

El ingenio trastornado

En el capítulo 49 de la primera parte de la novela “El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha”, el cura, el barbero y el resto del grupo llevan al hidalgo de vuelta a su pueblo, encerrado en una jaula, y convencido de que está encantado. Aparece entonces un canónigo toledano, hombre sensato que, tras oír el discurso de don Quijote sobre la realidad de la caballería andante, queda asombrado de los concertados disparates y la mezcla que hace de verdades y mentiras, lo que toma como mejor prueba de su trastornado juicio. Sea pues, el gran Cervantes, el que nos ayude a emitir la valoración final sobre este concertado disparate que supone el documental Alienígenas ancestrales, la serie y el trastornado juicio de la ufología de vanguardia.

Siga, pues, la ufología, con su ciega huida hacia adelante, en su afán por la fagocitación total de la historia y el porvenir humanos, y séanos dado de balde a los escépticos, un material de tanta calidad como éste, para la justa crítica y la merecida sátira. Y a quién Dios se la dé, San Pedro se la bendiga.

Comments

This post currently has 8 responses

  • Interesante artículo para quien le interese la ciencia: el arte de discernir la realidad de la ficción. He pasado por varias fases con esta “serie”. La primera de curiosidad, la segunda de estupor y la última, en la que me encuentro, de diversión. Lo tomo como algo entretenido.

    No dejo de observar, como bien dices, que se mezclan cosas para que el resultado “parezca” algo asombrosamente real y creíble, lo que demuestra (segunda fase) lo fácil que puede llegar a ser confundirnos desde los medios de comunicación unidireccionales de casi cualquier cosa, por más fantástica que parezca.

    El mensaje te llega con poca posibilidad de réplica, o con las únicas voces disonantes que ellos mismo sitúan, lo que lleva a una especie de lavado de cerebro en el que argumentos y réplicas están seleccionados.

    Al final resulta obvio el entramado y queda todo en un show divertido, lleno de personajes, regiones del mundo, imágenes de libros antiguos que son entretenidos. Salvo que puede ser que haya gente finalmente lo crea, claro está.

    Felicidades por el post.

    • Gracias por el comentario. Creo que yo también he pasado por diversas fases con esta serie. Para mí lo más sorprendente ha sido comprobar la dimensión y la capacidad de influencia del negocio ufológico y su órdago total a todo lo que que aún esta inexplicado: historia, arqueología, religión, fantasmas, desapariciones, catástrofes naturales, lo que sea…

  • Buen texto, está claro que no vas a convencer a nadie que no quiera ser convencido pero hace falta un post así para dejar las cosas claras.
    Te ha faltado hablar del proyecto “Debunking Ancient Aliens” y linkar a sus vídeos en español http://www.youtube.com/watch?v=NZPkZIi8aso
    Yo se los he enseñado a amigos impresionables y han dado resultado.

    Un saludo.

  • Dejeme apaludirlo,el primer parrafo solo ya es contundente y resume absolutamente todo.quisiera yo tener ese poder de sintesis en el momento de argumentar en las charlas con amigos proclives al misterio.excelente.

  • […] Cualquier otro sector incapaz de presentar una sola prueba de sus impactantes relatos, ya se habría venido abajo hace tiempo. Pero la ufología tiene su mayor activo en sus seguidores. Solamente la inquebrantable fidelidad de su público, crédulo y tragasantos como el que más, permite a la ufología sobrevivir en un estado de forma lo suficientemente buena como para producir con éxito bodrios-documentales como: Alienígenas ancestrales, la serie. […]

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