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La teoría de la evolución es solo una teoría

Insidia contra la teoría de la evolución

El remate de la insidia contra la teoría de la evolución es el argumento semántico, que muchos esgrimen mirando por encima del hombro, con la frase: “Oye, al fin y al cabo es sólo una teoría y eso significa que no está dada por buena”; dando así a entender que está en igualdad de condiciones con cualquier otra hipótesis alternativa, que normalmente suele ser el creacionismo o el “diseño inteligente“. Hoy se admite, de forma mayoritaria, que la teoría de la evolución proporciona una explicación coherente y global de la biología; se usa con éxito en análisis de ADN, nuevos antibióticos; sirve de modelo para nuevos desarrollos computacionales, y algunas cosas más, pero: ¿Es eso suficiente para que se considere una teoría validada, o los creacionistas tienen razón y se le deben pedir más cosas?

La teoría de la evolución no nos ofrece el consuelo de ningún padre creador, que nos echa una mano cuando vienen mal dadas: al contrario. Sus implicaciones nos refuerzan en la idea de que probablemente estamos solos; y solos, con el equipamiento intelectual y moral que seamos capaces de darnos, nos las vamos a tener que ver con todo lo que venga. Si tenemos éxito, seremos los responsables, si fracasamos también. Mucha gente encuentra esta idea francamente repelente.

Solo teorías: rebajas en teorías de todas las clases, tamaños y colores

Teorías, dogmas y verdades de fe

La teoría de la gravitación universal de Newton es sólo una teoría, pero con sus fórmulas se calculan las trayectorias de las sondas que recorren el sistema solar y llegan a planetas que están a 500 millones de kilómetros con errores insignificantes. La teoría de la relatividad es sólo una teoría, pero refina en cierta medida a la anterior y con sus fórmulas se ajusta la dilatación del tiempo en los relojes de los satélites GPS, que ahora sirven datos milimétricos a todas las obras públicas, o a las empresas de logística que transportan nuestros envíos postales, o a los navegadores de nuestros coches.

Una teoría no es una verdad impoluta y marmórea ante la que hay que inclinarse en señal de reverencia, sino un modelo incompleto y siempre provisional que nos da una explicación aproximada de la realidad bajo ciertos condicionantes. Cuando se encuentran pruebas que la respaldan, la teoría sigue siendo una teoría incompleta y aproximada, aunque a partir de esas evidencias se pueda empezar a buscarle aplicaciones prácticas y aunque la llamemos ley en los libros de texto.

Hay teorías cuya validez ya está respaldada por numerosísimas evidencias y para las que se han encontrado muchas aplicaciones prácticas, como la teoría de la gravitación universal, la de la relatividad…y, siento decirlo, también la de la evolución. Hay otras teorías como la teoría de supercuerdas que, de momento, y pese a que aparentan una cierta solidez conceptual y matemática, no están sustentadas por ninguna prueba o experimento, aunque se esté trabajando en su preparación con gran intensidad.

Evidencias a favor de la evolución

Toda la evidencia científica respalda la evolución. La genética, la embriología, la paleontología, la psicología evolutiva y la epidemiología confirman la teoría de la evolución. La evolución explica de forma coherente las relaciones entre genes, reproducción, herencia, historia de las especies y medio ambiente y se ha convertido en una teoría unificadora de la biología. Actualmente se usa en biomedicina, en selección de cultivos y usos del suelo, en criminología y en muchos campos más, e influye A DIARIO en nuestras vidas: en lo que comemos y en las medicinas que tomamos.

Debe resultar chocante para un creyente de libro, que la respuesta sobre la efectividad a largo plazo de un antibiótico no esté en el Antiguo Testamento, sino en la teoría de la evolución; que los cambios del virus de la gripe aviar no estén en el Corán, sino en la teoría de la evolución; que el análisis genético que se usa para identificar potenciales criminales en la escena del crimen no esté en el Libro del Mormón, sino en la teoría de la evolución. Igualmente extravagante desde el punto de vista religioso es el parecido de nuestro ADN con el de cualquier otro ser vivo, más diferente cuanto más distante.

Una joven lee la prensa en ambiente extraterestre

Amigo de Sócrates, pero más amigo de la verdad

Para consolarse en el abrazo de su verdad incorrupta, el dogmático religioso tiende a pensar que los científicos o las personas que impulsan una visión racional de la vida, están tan guiados por su fe en la razón, como ellos por la suya en el dogma. Tienen asumido, en el fondo, que todos los seres humanos operamos con el mismo patrón y que la ciencia no es más que otra creencia, con otros sacerdotes de tipo ateo, o peor aún: agnóstico; con otras ceremonias, otros templos y con otra moral de tipo alternativa, sincrética, ecologista o simplemente tonta, cuando no malvada.

Albert Einstein, padre de la teoría de la relatividad, mostró cómo el científico se relaciona con su teoría en base a la razón, cuando dijo:

La nueva teoría de la gravitación (refiriéndose a la relatividad general), en lo que se refiere a principios, se diferencia considerablemente de la de Newton; pero sus resultados prácticos son tan similares que es difícil hallar criterios de diferenciación accesibles a la experiencia. Hasta el presente se han descubierto en la revolución de las elipses de las órbitas planetarias (confirmado en el caso de Mercurio), en la curvatura de los rayos de luz por efecto de los campos gravitatorios (confirmado por fotografías del eclipse solar de la expedición inglesa) y en el desplazamiento al rojo de las líneas espectrales de las estrellas muy masivas (no confirmado en tiempos de Einstein, pero confirmado en el presente).

El atractivo fundamental de la teoría radica en el hecho de que es completa desde el punto de vista lógico. Si una sola de las conclusiones que se extraigan de ella resulta ser errada, tendremos que abandonarla, pues modificarla sin destruir toda su estructura parece imposible.

Albert Einstein. Mis ideas y opiniones. Colección Conjeturas. Antoni Bosch Editor. Barcelona 2011. Carta publicada el 28 de noviembre de 1919 en el London Times con el título “¿Qué es la relatividad?”.

Y aquí aparece la verdadera diferencia entre teoría científica y dogma religioso. Einstein era perfectamente consciente de que su teoría, como todas las demás, no era más que una aproximación incompleta a la realidad y se mostraba dispuesto a abandonarla, si se le encontraba un fallo. Desde luego Einstein no era amigo de agarrarse a los errores a cualquier precio, pero no parece que haya ningún dogmático religioso dispuesto a comportarse como él diciendo algo del tipo:

El atractivo fundamental de la idea de Dios radica también en el hecho de que es completa y debe ser aceptada en su totalidad. Si uno solo de los fundamentos que la sustentan resulta ser falso, si una sola de las conclusiones que implica resulta ser una barbaridad, tendremos que abandonarla, pues no parece decente ni siquiera elegante elegir sólo las partes que nos conviene y olvidarnos de lo que nos incomoda.

 

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