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    Imposible el agua

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Sobre Eratóstenes de Cirene

Eratóstenes y las dimensiones de la Tierra

Como homenaje a Eratóstenes de Cirene, quise imaginarme la última carta que éste le podría haber escrito a su hijo, cuando las crónicas nos dicen que ya se había quedado ciego y que se estaba dejando morir de inanición. Reuní un montón de material de investigación sobre Eratóstenes allá por el año 2010, cuando me invitaron a dar una conferencia sobre forma y dimensiones de la Tierra en un colegio de educación primaria de Madrid, en el marco del Año Internacional de la Astronomía, que se celebró en 2009. Aproveché la ocasión para sumergirme en lo profundo de las concepciones cosmológicas de la antigüedad y quedé, como no podía ser de otra manera, fascinado. Lejos de formarme una idea despectiva, mi sensación fue de asombro ante la variedad de ideas que nuestros ancestros han propuesto para explicar una de las preguntas claves de nuestra existencia: la que se refiere al dónde estamos.

Ilustración figurativa de la cultura clásica
Geografía, filosofía, astronomía y matemáticas en la Alejandría de los Ptolomeos

Tuve que cambiar ciertas concepciones equivocadas que yo mismo tenía y que están ampliamente extendidas. Es lugar común considerar que hasta la entrada en escena de Cristóbal Colón todo el mundo pensaba que la Tierra era plana. Pero por muy común que sea hoy, es un lugar falso. En el siglo III a.C. todos los sabios del área de influencia helénica ya daban por sentado que la Tierra era un astro esférico que “flota” en el espacio. Y esa idea no se perdió en ningún momento entre las capas cultas de la población, ni en las épocas claras ni en lo más negro de la edad oscura. Eso por no citar a los hindúes, que ya en un texto llamado Surya Siddhanta, del siglo XX a.C. incluyen un poema titulado “Circundando la Tierra”. Platón, Aristóteles, Eudoxio, Alejandro Magno, Piteas, Hiparco, Estrabón y por supuesto, Eratóstenes de Cirene y siglos más tarde Claudio Ptolomeo, manejaban con total soltura el concepto de Tierra esférica y se atrevían nada menos que a calcular sus dimensiones. Lo que pasó con las fantasías de los ignorantes ya es harina de otro costal, claro. Y para ilustrarlo publiqué un artículo y dos videos sobre las concepciones cosmológicas de Cosmas Indicopleustes y su mundo naïf en forma de cofre. Los epicureos también eran una excepción a la norma y, pese a ser atomistas, no aceptaban la idea de la esfericidad de la Tierra. Y no debe omitirse tampoco que hubo momentos ciertamente delicados, como por ejemplo cuando el emperador Justiniano, allá por 529 d.C. echó el cierre a la Academia de Atenas y se tuvieron que exiliar muchos maestros que enseñaban, entre otras cosas, y en el marco general del paganismo, que la Tierra era redonda.

Retrato de Eratóstenes
Eratóstenes de Cirene, por Eloy Caballero

Eratóstenes fue un sabio de origen griego, nacido en la colonia helena de Cirene, actual Libia. Es muy probable que llegara a estudiar, todavía siendo adolescente, con el gran recopilador matemático Euclides en Alejandría y fue nombrado director de la famosa Biblioteca de los faraones Ptolomeos alrededor del año 240 a.C., llegando a dirigirla durante más de 40 años. Su labor en el campo del conocimiento es verdaderamente enciclopédica: como geógrafo pudo ser el responsable del primer mapamundi con meridianos y paralelos, como matemático se ocupó de los números primos, legándonos el método de la criba de Eratóstenes, como poeta escribió obras líricas con contenido astronómico, estimó distancias entre la Tierra y el sol, calculó la inclinación del eje terrestre y sobre todo, eso por lo que es más famoso, calculó con admirable precisión el diámetro de la Tierra.

Eratóstenes escribió también sobre filosofía moral y repasó la cronografía de los hechos históricos, repasando fechas de Olimpiadas, guerras y otros acontecimientos importantes. Fue amigo de Arquímedes y como director de la Biblioteca de Alejandría conoció a los faraones Ptolomeos conocidos como Evergetes (el que llamó a Eratóstenes para dirigir la biblioteca), Filópator y Epífanes. Desde ese puesto de responsabilidad conoció, sin duda, a todos los eruditos importantes de su tiempo, puesto que entonces la Biblioteca de Alejandría era el lugar al que había que ir si uno estaba realmente interesado en saber. No debemos de olvidar que entonces, entre los años 250 a.C. y 200 a.C. Alejandría es todavía una ciudad joven, fundada en 300 a.C. por Ptolomeo I Sotero (error: la ciudad fue fundada por Alejandro Magno en 332 a.C, es la biblioteca lo que yo quería expresar que fue fundada por Ptolomeo I) y está imbuida de ese impulso y esas ganas de convertirse en el foco que irradie saber al resto del mundo. Cuesta poco imaginarse la vibrante actividad intelectual alrededor de la biblioteca: copistas traduciendo del jeroglífico al demótico y al griego (más o menos de estos años data la famosa piedra Rosseta), mercaderes de papiros arribando con naves cargadas de rollos y codex, estantes a rebosar de libros de todo tipo, funcionarios esforzados clasificando y haciendo índices, ratones royendo los bordes por las noches, maestros abriendo academias en las cercanías, discípulos acudiendo desde todos los rincones del mundo mediterráneo a estudiar en Alejandría. Y entre todo esto, el bullicio filosófico y religioso reinante: epicureos, peripatéticos, idealistas (o platonistas), materialistas (o atomistas) y estoicos viviendo en una ciudad de fundación griega, pero cuyo gobernante se quiere emparentar con la tradición de los faraones egipcios. He aquí un cronograma que muestra la linea vital de Eratóstenes junto a la de algunas personas importantes de su tiempo. He indicado con la letra B la época en la que Eratóstenes fue director de la biblioteca de Alejandría.

Cuando le preguntan a Carl Sagan, según se refleja en su libro El mundo y sus demonios, que destaque algún experimento particularmente brillante de los que se le han ocurrido al ser humano a lo largo de la historia, se decanta por el de la medición de la Tierra realizado por Eratóstenes. Hoy un cráter lunar lleva su nombre, lo que le garantiza, como podría decir Cervantes, la merecida fama en las esferas celestes. Y tal y como están las cosas aquí abajo, en la Tierra, es mucho mejor que le pongan tu nombre a una roca lunar o marciana, que a una calle de tu ciudad. Con mi carta ficticia a su hijo, he querido rendir homenaje a un hombre del que ni siquiera sabemos si llegó a ser padre, pero que con su imaginación fecunda nos legó tantas cosas interesantes desde una época con tan pocos medios auxiliares. Termino adjuntando los materiales que usé en aquella conferencia sobre Forma y dimensiones de la Tierra.

Comments

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    • Pido disculpas. La intención era expresar que lo que fundó Ptolomeo, general de Alejandro que se quedó con Egipto en el reparto posterior a su muerte, fue la biblioteca de Alejandría, no la ciudad en sí. Lo corrijo y dejo el texto antiguo tachado como penitencia por mi patinazo.

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