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Sensacionalismo e información

Sensacionalisno: ¿Informar o impresionar?

Dos hombres pasean por la playa de un pueblo costero. El más joven ha dejado el ajetreo de una vida urbana y hoy es su primer día de trabajo como cronista en el periódico local. El mayor es un reportero experimentado. Unas nubes llenan el horizonte marino en lontananza.

─Dime─ pregunta el periodista experto, ─ ¿Que titular interesante para nuestro periódico te sugieren aquellas nubes?

─ ¿Titular? ─ Contesta el otro sorprendido. ─Ningún titular, son simplemente unas nubes de paso. Puede que sean algo oscuras, pero parecen dirigirse mar adentro. No veo que titular se puede sacar de eso.

El mayor tomó aire y dijo

─ ¡Terrible tormenta amenaza tranquilo pueblo pesquero!

El joven esbozó una sonrisa e hizo un amago de protesta, pero al cabo de unos segundos asintió pensativamente dando muestras de haber entendido el mensaje… ¿Lo había entendido de verdad?

─Con ese titular abriremos la edición vespertina─, concluyó el mayor.

Los caminantes reanudaron la marcha, pero al cabo de un instante el viejo reportero local inquirió de nuevo:

─Y si efectivamente, como tú dices, las nubes se adentran en el mar y la posibilidad de tormenta se aleja ¿Te sugiere eso algún titular para mañana?

El joven no salía de su asombro y la expresión de su cara bordeaba el desconcierto.

─ Bueno, ─ contestó con cierto desdén─ en ese caso está claro que no ha pasado nada y por tanto no hay nada que contar.

Sin embargo al buscar con la mirada la aprobación del mayor, se encontró que éste mantenía la vista fija en el horizonte marino y tras unos segundos de reflexión espetó:

─ ¡Apacible pueblo pesquero se libra de terrible tormenta!

Alegoría de la noticia exagerada que vuela frente al lector de periódicos

Evolución y sensacionalismo

Mark Twain (1835-1910)  estaba en lo cierto, el objetivo final del trabajo de un periodista no es tanto informar a la gente como procurar que se sienta interesada por asuntos que no le incumben. El negocio de la información ha desarrollado sus estrategias particulares para el incremento de ventas, y sin duda alguna el sensacionalismo es una de las mejores.

Se conoce como sensacionalismo al uso deliberado de ciertas técnicas de presentación de la información encaminadas a exagerar la importancia o la repercusión de algunas noticias con el objetivo de impactar emocionalmente al público, que así sentirá la necesidad de comprar el soporte informativo para satisfacer completamente la curiosidad despertada. El incremento de ventas repercute por partida doble en la cuenta de resultados del medio, pues al aumento de facturación por venta hay que sumar la publicidad.

Hay razones evolutivas para explicar este interés de cualquier ser humano por conocer todo lo que aparece como importante. Enterarse del detalle de alguna información nos puede dar una ventaja en el complicado proceso de supervivencia, que en el nivel inconsciente permea todas nuestras actuaciones sin ni siquiera darnos cuenta. Incluso en estudios recientes con grupos de chimpancés, se ha notado la importancia de ese factor informativo social en la vida de estos simios, los cuales se muestran muy interesados en todo momento por saber quién está  con quién, quién es el jefe, quién ha hecho qué y con quién conviene llevarse bien.

Libelos, propaganda y amarillismo

Hoy muchos definen a nuestra sociedad como “la sociedad de la información” y hasta hace poco era común el tópico de “la información es poder”. Pero ya en el inicio de la actividad informativa, tal y como lo entendemos en la época moderna, es decir la prensa escrita de tipo generalista, podemos detectar los primeros indicios de sensacionalismo entre los cronistas.

El libelo o panfleto difamatorio tenía sus orígenes en la antigua Roma y en los escritos de propaganda religiosa y política de las guerras de religión del siglo XVI, pero arraigó con fuerza como actividad social durante el siglo XVII en las ciudades de Londres y París.

El libelista era un cronista especializado en investigar la vida de los personajes famosos o con aspiraciones de fama. Su objetivo era encontrar zonas oscuras en el pasado o “cadáveres ocultos” en los armarios de las personalidades. Con esa información el libelista se ofrecía como ayuda en la carrera social del célebre a cambio de una contraprestación económica. Si por el contrario éste rechazaba la oferta, el libelista publicaba de forma exageradamente cruel esos detalles sórdidos y destrozaba su prestigio.

Es muy conocido el caso del inclasificable curandero, mago, estafador y cuentista Cagliostro (1743-1795), cuya fama y posibilidad de ascenso social en Londres fue arruinada por el libelista, chantajista redomado y espía francés Theveneau de Morande (1741-1805), editor y escritor de la revista “Le Gazetier Cuirassé” y “El Correo de Europa” verdaderos dinosaurios carnívoros de la prensa amarilla.

A primera vista la actividad del libelista puede ser descrita pura y llanamente como extorsión, pero sus métodos y sus formas sentaron las bases de una de las primeras especialidades que se desgajó de lo que puede entenderse como información general: la campaña de difamación contra un personaje. Las técnicas que esbozan los libelistas, unidas a los principios de la propaganda perfeccionados a principios del siglo XX, derivan en nuestros días en la información sensacionalista, la prensa amarilla, los tabloides o incluso la prensa rosa, cuya naturaleza es radicalmente sensacionalista, puesto que está basada en el realce artificioso de los detalles anodinos de las vidas de los famosos, con un interés concentrado especialmente en sus altibajos sentimentales. Pero ya hablaremos ampliamente sobre prensa rosa en otro artículo.

Sucesos, ovnis y fenómenos extraños

La información que tradicionalmente ha sido más querida por la prensa sensacionalista es la de sucesos. La razón es obvia, y es que en estos casos abundan los detalles escabrosos, que son fácilmente transformables en titulares llamativos y dosificables por entregas. Esto contribuye a mantener el interés del público y estabiliza el aumento de ventas.

Otro campo abonado para el sensacionalismo es el de la crónica de los fenómenos extraños, los OVNIS y las abducciones, todo un mundo informativo nacido tras la segunda guerra mundial (comienzo de la auscultación atmosférica y guerra fría) y hoy plenamente consolidado en prensa, audiovisual e internet. En contra de lo que muchos pensaban, este sector, que se basa en la explotación de la credulidad e ingenuidad del público menos educado y el fomento de las supersticiones de todo tipo, no ha ido a menos con los avances científicos, sino todo lo contrario.

Infografía sobre el uso del sensacionalismo en las noticias y la publicidad

La fuerza de las imágenes

Hilando fino, quizás deberíamos hacer distinciones según el tipo de soporte y en ese caso podemos decir que los años de gloria de la prensa gráfica de sucesos ya quedaron atrás, pero el sector audiovisual e internet han tomado el relevo del éxito. El aspecto gráfico de la información es fundamental en la exploración morbosa del componente sensacionalista y en ese sentido no hay medio que a día de hoy se autocensure a la hora de emitir las imágenes más impactantes, por muy repugnantes que resulten.

Cuando se habla de sensacionalismo, normalmente se piensa en los fotomontajes y falsificaciones de la prensa de género sucesos, pero incluso los diarios prestigiosos de información general no tienen inconveniente en exponer ante su público un cadáver profanado por la cámara en su intimidad indefensa, la insoportable aparatosidad de la sangre en un accidente, el detalle punzante de la desafortunada herida por asta de toro, los estragos del hambre en los niños de Etiopía, los abusos y torturas con las que los ejércitos supuestamente civilizados regalan a sus compañeros homo sapiens rivales…

Se trata de imágenes que sin duda despiertan la curiosidad, pero que dejan una marca indeleble en la mente de los que las contemplan, especialmente en aquellas personas más sensibles. Su exhibición siempre es controvertida pero ante el potencial aumento de ventas que implican, los medios modernos optan sistemáticamente por mostrarlas, aduciendo razones de derecho a la información (torturas, opresión de las dictaduras, abusos de las estructuras de poder, racismo) o de sensibilización del público ante causas justas (hambre en Somalia y Etiopía, terremotos, catástrofes naturales)

La entrañable tradición del tabloide

Otro factor a considerar es el de la tradición, de forma que algunos periódicos del tipo de “The Sun” ó “Daily Mirror”, con tanta solera en el mercado británico y que incluso se llegan a especializar en amarillismo por franjas horarias, son mucho menos populares en el mercado de habla hispana (“Crónica” en Argentina), y casi impensables en el mercado español. Todavía está reciente el caso del tabloide “News of The World (1843-2011)”, cerrado tras demostrarse que practicaban escuchas telefónicas por pirateo de móviles de famosos, políticos e incluso víctimas de algunos crímenes.

Propaganda, dictaduras y terrorismo

Aunque entendamos el sensacionalismo como un fenómeno restringido sólo al campo de la información, sorprende su coincidencia con la propaganda en lo referente a los métodos usados. Está claro que sus fines son distintos, ya que la propaganda se destina, en principio, a promocionar o a denigrar una persona, una ideología o un grupo. Sin embargo sensacionalismo y propaganda comparten el uso de la exageración, la deformación, la mentira, la repetición, el revisionismo, la generalización, la cortina de humo, el eslogan… y una larga lista de técnicas de eficacia probada.

No podemos olvidar que el amarillismo ya ha explorado ampliamente los límites de lo tolerable con la invención de noticias, el fotomontaje confuso, el documental-ficción y prácticamente cualquier técnica posible de atracción del interés del público. En los regímenes dictatoriales, con la prensa controlada por el poder, se produce una amalgama total entre información, sensacionalismo y propaganda. Estaríamos en los casos del “Pravda” de la extinta Unión Soviética o del “Gramma” de la Cuba castrista. Para desgracia de los ciudadanos que lo sufren, estos países son el caso de libro, el experimento de laboratorio en condiciones ideales, de una población completamente sometida a la manipulación informativa, si bien el tono en estos casos, tras la estabilización del régimen (pasado el golpe de mano o la guerra revolucionaria) tiende a la monotonía de la información orgánica y usualmente se reserva el sensacionalismo para los casos de demonización de la disidencia.

Tampoco tenemos que olvidarnos de un grupo de colectivos abyectos que han interiorizado muy bien las posibilidades del sensacionalismo, el apetito inconsciente de la masa por lo siniestro y su combinación fatal con el terror indiscriminado. Claro que si. Hablamos de los terroristas de todo tipo y pelaje. Ellos son los verdaderos campeones de la infamia contra el género humano, los criminales modernos contra la humanidad por antonomasia. Ellos saben de la importancia de que sus acciones violentas indiscriminadas obtengan la mayor repercusión y difusión mediática posible y se benefician de ese dilema continuo de la sociedad abierta, que a veces duda entre dar la información a bombo y platillo, que es lo que el terrorismo busca, o no darla, lo cual inauguraría una dinámica de censura con final imprevisible.

Sensacionalismo y publicidad

La publicidad es el soporte innovador por excelencia y tiene las ventajas de que está libre de:

  • El componente “ideologizante” de la propaganda
  • El rigor informativo de la noticia

Por eso la publicidad ha sido siempre el campo de ensayo ideal para la vanguardia experimental de toda técnica informativa y, en efecto, el recurso a lo impactante está muy presente en los anuncios de todas las épocas. La lógica publicitaria también es la del incremento de ventas del producto promocionado y si se consigue generar un estado de asombro en el público, se han abierto huecos en la guardia racional y se ha conseguido una vía de transmisión eficaz del mensaje de compra.

Sensacionalismo “ad aeternum”

El sensacionalismo, como tantas otras técnicas de manipulación de la información, vino para quedarse y a los ciudadanos no nos queda más remedio que aprender a identificarlo para convivir con él y quizás aprovechar para hacer didáctica con los datos que siempre nos proporciona sobre el comportamiento social de nuestra especie.

Si tienes dificultad para ver el video, pulsa este enlace: Sensacionalismo e información.

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Comments

This post currently has 3 responses

  • El problema para el informador es encontrar el balance ideal que haga la noticia llamativa sin incurrir en la exageración. Si alguno ha trabajado en primera línea informativa, seguro que ya sabe lo difícil que es esto. Y no digo que la solucion sea tomar el camino fácil. No defiendo el sensacionalismo, pero creo que a veces hay que salpimentar un poco la realidad para hacerla mas atrayente.

    • Perdona, Pello, por no haberte contestado antes. Me ha recordado Eloy que tenía este comentario por responder. Y tampoco tengo mucho que decir. Yo no he trabajado en primera linea informativa, pero intento hacerme una idea. Estoy de acuerdo en que se puede hacer una noticia atractiva jugando con el lenguaje con moderación. Los juegos con imágenes impactantes son más delicados.

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