Entradas recientes: Eloy Caballero

    Tocino y velocidad

    Tocino y velocidad

    Va uno soltando amarras, así, como quien no quiere la cosa En un pispás, adiós al paraíso de la infancia, al país de Nunca Jamás Allí seguirá Peter Pan, jugando al poliladra y al churro, churrera Sacando frendis del redondel con su chavo de hierro Y cambiando estampas de animales y futbolistas Con la nueva […]

    Radio Marte

    Radio Marte

    A la hora de la comida En Radio Marte Dan el parte Cuentan cosas de la vida De la gente del planeta rojo Eligieron cosmo-papa Se arregló la pata un cojo Se cosechó la patata Se puso el alma en remojo En nuestra terraza con vistas al ecuador sintonizamos la onda y hacemos traza de […]

    O sea, flipo

    O sea, flipo

    ¿Qué? Lombrices en las cejas y tocino en el alma Boinas en los pies y humo en la camisa Grasa en las rodillas y vermú para el perro Churros en el aire y asfalto en la cocina Sed, mucha sed Urracas que van a la peluquería Gafas de culo de vaso que muestran la verdad […]

    Vienen cabras en tropel

    Vienen cabras en tropel

    Por entre los cartones viejos de la abadía Por las ventanas rotas de la nunciatura Por las huertas de melones y sandías Por las avenidas de la amargura Por los huecos de los ascensores quejumbrosos Por los soportales de la plaza principal Por las pensiones de la carretera general Por las almenas de los torreones […]

    Imposible el agua

    Imposible el agua

    Agua imposible en el amanecer del siglo. Emana un sentimiento de pena y decidido estoy a anotarlo todo. Sí. Para luego contarlo, pues que otra pobre cosa puede hacer un gacetillero. Imposible el vino de ese color verde. Añadas venenosas que crecen en las cepas del sueño anotado. Sopor de vasos a medio terminar, turbios […]

Textos, videos y esquemas para una visión racional

Distinguir realidad y apariencia

Bienvenidos al proyecto Área Subliminal. Las revoluciones sociales de los siglos pasados nos han traído un sistema de libertades que parece hecho a la medida del hombre. Los avances científicos nos han dado un mundo complejo, interdependiente y con hiperabundancia de información, en el que además casi todos vivimos de vender algo a los demás: un producto, un servicio o simplemente nuestro tiempo como asalariados. Es un mundo en el que conviene saber distinguir entre realidad y apariencia. Nos gusta, pero no se trata de un mundo ideal. En los próximos años nuestra sociedad está obligada a hacer frente a grandes desafíos: la superpoblación, la sobreexplotación de los recursos naturales y sus consecuencias sobre el entorno y el clima, el desigual reparto de la riqueza y el conocimiento, la delicada coexistencia de democracias con dictaduras y de regímenes laicos con teocracias, la persistencia de influencias irracionales en la vida política y personal.

Escala global, proceso lento, abundancia de información

Estos retos están en una escala que supera las naciones de hoy y los imperios del pasado. Por eso entendemos que la sociedad debe progresar  hacia un tipo de organización global desde la que se puedan atacar adecuadamente estos problemas. No tenemos la solución, pero creemos que para encontrarla se requiere entender cabalmente lo que ocurre a nuestro alrededor. Y no es suficiente con que lo entiendan nuestros líderes o representantes, sino todos nosotros. El sistema de las democracias representativas modernas, muchas veces calificado como el menos malo de los posibles, sólo es viable a largo plazo si se construye sobre la base de una ciudadanía bien educada, bien informada y que entienda esa información. La máquina de la libertad no puede funcionar en una sociedad de iletrados, o de especialistas en un campo reducido pero ignorantes en todo lo demás. Es una víctima segura de demagogos y manipuladores.

Reunión de las mejores mentes científicas y humanistas para el progreso del mundo

 Ciudadanos, líderes y fórmulas erradas

Necesitamos buenos líderes, honrados y sinceros. Pero aun así es imprudente delegar en ellos la tarea de entender la realidad y poner como excusa que estamos muy ocupados con nuestros quehaceres diarios o que estamos disfrutando nuestro merecido tiempo de ocio. Es una postura cuando menos arriesgada, porque el líder no deja de tener sus limitaciones y sus propios intereses personales, los de los grupos de presión que lo apoyan.

Hoy se oyen voces que aseguran incluso que el sistema representativo ideal consiste en elegir, dejarse gobernar durante cuatro o cinco años y luego renovar o retirar la confianza; voces que argumentan que la consulta a la ciudadanía sobre temas importantes no tiene sentido porque no entendemos los asuntos y no tenemos toda la información que tienen los líderes. Pero lo cierto es que nos dan la información sólo en el momento y en la dosis en que les conviene y siempre convenientemente sesgada, dosificada e interpretada por su grupo de comunicación amigo. Lo cierto es que a veces respondemos lo que no les gusta oír y entonces se arrepienten de habernos preguntado y nos culpan por nuestra ignorancia. Y es que bajo la fachada de una igualdad transmutada en igualitarismo, sigue vigente la idea elitista de una sociedad de dirigentes y dirigidos, de listos y tontos, de castas. Y así la educación y la información son el sustrato por el que se nos suministra el moderno soma.

Enfoque global

En Área Subliminal creemos que la solución a estos desafíos no está en el corto plazo de los eslóganes, consignas, ideologías o religiones. La solución no la va a encontrar un científico en su laboratorio, ni un profeta religioso entre las líneas de su texto sagrado. El ciudadano no puede ser un agente pasivo al que los políticos le van a solucionar la vida social, los científicos le van a regalar nuevos cachivaches para entretenerse, los medios de masas le van a interpretar la información, y los gurús y popes le van a orientar la vida moral para encima ganar el cielo en el más allá. La solución a largo plazo somos nosotros: una ciudadanía educada e informada, libre de compromisos ideológicos, tribales o religiosos; dispuesta a criticar siempre las malas ideas y a unirse en torno a las buenas. Los marcapasos, los satélites artificiales, el gran acelerador de partículas o la insulina no son católicos, ni musulmanes, ni castellano-manchegos, ni comunistas, ni neocon, ni adventistas del séptimo día. Son de todos.

Ciencia y humanidades

Nos aprovechamos del progreso científico a veces sin entender sus bases y su importancia, pero esto es un error. Todos deberíamos ser conscientes de lo que realmente implica pulsar un botón y que la luz se encienda, o girar un grifo y disponer de agua caliente, o tomar un antibiótico y librarte de una infección. No es un regalo que viene de serie con el planeta Tierra, sino algo que podemos disfrutar gracias al esfuerzo acumulado de las generaciones que nos precedieron y gracias a la veracidad del método científico como vía de aproximación al conocimiento. Precisamente el estudio de la historia de la ciencia nos puede ayudar a todos, y especialmente a los más jóvenes, a entender el esfuerzo que implica cada nuevo avance y la importancia de valorar su contribución adecuadamente.

Racionalismo y empirismo son importantes, como lo es el estudio de las humanidades. Necesitamos comprender como junto al progreso material, la sociedad ha seguido y sigue todavía un lento proceso de destilación de normas morales, más o menos comunes, cuya paternidad en los aspectos positivos ahora reivindican credos, naciones o ideologías, pero que en buena lid sólo son patrimonio del ser humano en su conjunto. Por contraste, de los aspectos negativos ningún credo, nación o ideología quiere responsabilizarse y enseguida se achacan los excesos a la mísera condición humana y al mal comportamiento de algunos individuos. Sea como sea y afortunadamente, ya no pensamos que los sacrificios calmen la ira de los dioses, ni que se deba perseguir al que expresa ideas contrarias a los escritos sagrados, ni que las divinidades vigilen nuestra intimidad y tuerzan el gesto cuando hacemos algo que les desagrada ¿O si lo pensamos?

Criticar las malas ideas

Nuestra ideología, religión (o ateísmo), nación o comarca no deben mandar sobre nosotros, sino nosotros sobre ellas. No decimos que hay que abandonarlas. Nos dan tranquilidad. Nos dan un marco jurídico seguro en el que vivir, un pasaporte, una tarjeta sanitaria. Eso es muy importante. Nos aportan unas raíces sobre las que crecer y un consuelo sobre esas grandes incógnitas de la vida, la muerte o el ansia de trascendencia. No proponemos renunciar a ellas. No es esa la revolución pendiente. Pero si proponemos ser libres para distanciarnos y criticarlas abiertamente cuando nos intentan dar explicaciones pueriles o ilógicas. La crítica es la mejor forma de ayudar a sacar lo que pueda haber de bueno en ellas y cuando se hace desde dentro es mucho más efectiva. La crítica es también la mejor forma de obligar a trabajar a los líderes y los popes, que ya no están ahí por derecho divino, por herencia o por asalto al poder (o no deberían), sino porque los elegimos y les pagamos nosotros, y que de otra forma se dormirán en sus laureles y mientras traguemos nos seguirán contando las mismas y gastadas historias.

Educación: proceso lento

El proyecto Área Subliminal quiere poner su minúsculo grano de arena en este empeño a largo plazo de construir una ciudadanía educada, informada y que además entienda esa información. Nos centraremos en los campos críticos en los que convergen las tendencias negativas y las malas influencias que distorsionan la percepción y la comprensión de la realidad: ciencia y religión, razón y superstición, publicidad y propaganda, realidad y apariencia. Pretendemos analizarlos recuperando el espíritu de la Ilustración, el amor por el conocimiento, y el lema de la revolución científica “En palabras de nadie”. Para demostrar algo, no sirve de nada gritar o invocar fantoches o papelajos: tienes que aportar pruebas. Nos mueve la curiosidad por aprender y nuestra principal herramienta no es ningún complicado gadget de última generación, sino el experimento mental y la formulación de preguntas. No importa que sean sencillas. Importa que nadie las haya hecho o que estén aún sin responder. No perseguimos la fórmula mágica como resultado, sino deleitarnos en el proceso que finalmente nos llevará a mejores respuestas.

Las buenas ideas no entienden de razas, credos o ideologías.

Nos gusta nuestro mundo y defendemos nuestro sistema democrático representativo, pero somos conscientes de que debe cambiar para hacer frente a retos importantes y confiamos en que con educación, buena información y con ayuda de la ciencia encontraremos el camino. No nos adscribimos a ningún credo o ideología. Entendemos que las diversas razas humanas están formadas por individuos únicos e irrepetibles de una única especie homo sapiens-sapiens y buscamos y apoyamos todas las buenas ideas que le ayuden a progresar. Esperamos que la siguiente gran revolución, la verdadera revolución pendiente, no sea un movimiento social violento y convulso, sino una eclosión de sabiduría y humanidad que enraíce en un mejor conocimiento de nosotros mismos y de la realidad que nos rodea.

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