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Mars One: el fin y los medios

Mars One sigue adelante

El proyecto Mars One continúa su andadura y de las más de 200 000 solicitudes para aspirantes a astronautas y futuros colonos marcianos, se ha seleccionado a un grupo de 750. Con ellos se pasará a la fase definitiva, de la que saldrán los cuatro primeros candidatos a colono marciano. Pese a que estas cifras están muy lejos de los millones de solicitudes que el responsable del programa, Bas Lansdrop, dijo que esperaban, está claro que esta asombrosa iniciativa privada se ha movido bien en el terreno informativo y propagandístico y ha conectado con una parte no desdeñable del inconsciente colectivo en todo el mundo. Es patente que los que fuimos niños en los tiempos de las misiones Apolo, desarrollamos unas expectativas exageradamente altas sobre los logros que la carrera espacial iba a deparar a nuestra generación y la colonización de Marte era, quizás, el más deseado de esos logros.

La realidad ha seguido otro camino. Mal que nos pese y salvando las estrambóticas iniciativas de turismo espacial para satisfacer los caprichos de algunos ultra-millonarios, la exploración espacial con astronautas está hoy en vía muerta, e incluso no es exagerado decir que ha retrocedido en algunos sentidos. Por ejemplo y según el experto en astronáutica Burt Rutan, toda la experiencia y tecnología de los viajes tripulados a la Luna se ha perdido irremediablemente por falta de continuidad y sus artífices están ya jubilados o muertos. La exploración espacial demanda grandes inversiones, plazos largos, consenso social y compromiso político; y todos estos factores brillan por su ausencia en el mundo de hoy, especialmente a nivel internacional.

En cualquier caso, yo estoy sorprendido por el inusitado interés que demuestra esta avalancha de solicitudes para un proyecto que implica unos riesgos evidentes para el astronauta y he decidido investigar con más detenimiento las vagas nociones que tenía sobre los aspectos referentes a los riesgos sanitarios y, en artículos posteriores, el respeto a los derechos humanos, asociados a esta misión.

Alegoría gráfica de la exploración de Marte

Mars One: el fin y los medios en Marte

El planteamiento de entrada de Mars One, en palabras del co-fundador Bas Lansdorp, apela a la supuesta necesidad que el mundo de hoy tiene de embarcarse en un grandioso proyecto común, de inspirar a las nuevas generaciones como lo hicieron hace cincuenta años los programas Apolo. En esto estoy de acuerdo, y de hecho, esta idea de la exploración espacial como proyecto de la humanidad en su conjunto era muy querida por el gran Isaac Asimov, que la sacaba a colación muy a menudo como auténtica empresa común que llamaba a la participación de toda la especie humana.

El mismo Asimov tenía una idea clara de la forma en la que el ser humano debía ir progresando en la carrera espacial. La Luna iba a ser la base de nuestras primeras colonias permanentes, con viajes regulares de tipo científico y académico que prepararían el terreno a la industria espacial, que a su vez sería el motor estable de este desarrollo. Los minerales y combustibles lunares serían la materia prima para una red de estaciones espaciales en órbita (por ejemplo en los puntos de Lagrange). Las estancias y la actividad rutinaria en la Luna serían la piedra de toque que año tras año permitiría acumular experiencia, no solo sobre tecnologías de transporte espacial, sino también sobre riesgos y efectos del espacio en la salud de los astronautas, nuevos tratamientos para paliarlos y desarrollo de una nueva medicina para los viajes espaciales. Mientras tanto, y al encontrarse solo a una distancia de 4 días, cualquier enfermedad grave de un colono lunar podría atenderse debidamente en la Tierra. Bill Stone parece estar en línea con las ideas de Asimov.

Ruidos en la armonía del proyecto común

En el todavía escaso tiempo de andadura del proyecto Mars One, ya han saltado a la luz algunos elementos chirriantes en este planteamiento. Sí; me refiero a la fatwa del Comité de Asuntos Islámicos, con sede en los Emiratos Árabes Unidos, que ha dictado que los musulmanes no pueden aspirar a ser astronautas de Mars One. Y los imanes dicen esto porque los riesgos sanitarios son tan evidentes, que entienden que esto significa el suicidio, y quitarse la propia vida está prohibido por el Corán. No olvidemos que el islam, como tantas otras religiones, establece como principio innegociable que la vida no pertenece al que la disfruta, sino al Creador, que es el único que puede decidir cuándo darla o quitarla.

Inspirado por su sueño particular y ajeno a estas preocupaciones religiosas, Lansdorp propone enviar humanos a Marte ya. Y al examinar las posibilidades técnicas y el estado del arte de la tecnología espacial, concluye rotundo que se trata de un proyecto factible…, factible, salvo en un detalle capital: ¿cuál es este detalle? Que no es técnicamente viable ahora, ni lo será en un futuro a medio-largo plazo, llevar combustible para despegar desde la superficie de Marte, ni tampoco obtenerlo allí. En resumen, que no puede haber viaje de vuelta para los que hagan el trayecto de ida.

Infografía sobre el proyecto Mars One, el fin y los medios

Ante este nudo gordiano, casi todos, incluso los que no somos muy religiosos ni amigos de fatwas, adoptaríamos como bien superior la protección de la salud y la vida y tomaríamos la opción de retrasar el proyecto hasta que se encuentre la solución al problema de la vuelta. Pero Lansdrop corta por lo sano y presenta una idea “rompedora”, que a muchos se les puede antojar una ocurrencia: no habrá viaje de retorno; los que vayan a Marte, vivirán allí el resto de sus días.

¿Tiene sentido esta salida de Lansdrop o simplemente está justificando el empleo de cualquier medio necesario para conseguir el fin de llevar humanos a Marte, porque es algo con lo que él y mucha más gente lleva soñando desde pequeños? ¿Y los candidatos? ¿Saben realmente dónde se están metiendo?

Todo es tinieblas lejos de la Madre Tierra

Para responder a esta pregunta necesitamos saber qué implica para una persona abandonar la Tierra, realizar un viaje espacial de ocho o nueve meses y vivir el resto de sus días en Marte, según las condiciones que propone el programa Mars One. Los responsables del programa ya han dado su respuesta. Los riesgos son enormes pero asumibles y los astronautas decidirán perfectamente informados. Finalmente cada colono marciano se morirá, como nos morimos todos en la Tierra, pero al menos se morirá habiendo hecho realidad su sueño de llegar a Marte.

Esos riesgos a los que se refieren los responsables de Mars One no son encuentros con ovnis, marcianos verdes ni monstruos interplanetarios. Son simple y llanamente riesgos para la salud y son tan desproporcionados para la pobre figura humana individual, y para el grupo colonizador, que hasta han inspirado una fatwa a la religión más paternalizada.

Después de consultar los datos del programa de la NASA llamado Human Research Program, y algunas otras fuentes de origen diverso, me he atrevido a hacer un análisis de estos riesgos sanitarios. Empezaré en el próximo artículo hablando de lo que implica la ausencia de gravedad y la abundancia de radiación en el espacio y en Marte, y terminaré éste adelantando que, en general, en cuanto el astronauta abandona la protección de la atmósfera terrestre, se sitúa en un medio altamente agresivo que pone su vida en riesgo mortal permanente e inmediato y deteriora su salud irremediablemente a marchas forzadas.

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