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Los juegos del hambre y las ganas de comer

Los juegos del hambre

Me acerco al video club. Miro entre las novedades y no veo nada interesante. Elijo una película que se estrenó en los cines hace algo más de un año y que se titula “Los juegos del hambre“. Promete acción y aventuras en un mundo futurista de ciencia-ficción. Con esto y una hamburguesa me propongo pasar de rodríguez la noche del viernes.

Empieza la película y recorre el primer cuarto de hora con tediosa falta de ritmo, mientras pinta torpemente un panorama de distopia futurista, en el que la sociedad ha vuelto de nuevo a un sistema de señores y esclavos. ¡Eramos pocos y…! Entre estos pobres esclavos, cazadores-recolectores que practican el chabolismo y el trueque, viven la joven doncella Katniss Everdeen y su hermana menor. Por lo que parece, los esclavos montaron un pollo tremendo años atrás y ahora los señores los castigan demandando dos adolescentes de cada distrito, que se eligen por sorteo para echarlos al monte en lo que llaman “los juegos de la jambre“. Mientras tanto los ricachones lo ven todo por la tele.

La mala suerte quiere que la hermana de Katniss salga elegida y ella se ofrece voluntariaza en su lugar. Pa remate, el chaval del barrio de to la vida, un tal Pita que estaba por ella en secreto, también es elegido. ¡Sandías y melones! Lo ideal es que todo esto no hubiera pasado, y la señora Suzane Collins, la perpetradora del libro en el que se basa la peli, no se hubiera visto obligada a contarnos esta historia, pieza imprescindible de la narrativa mundial, supongo, junto a La Odisea y El Quijote.

En fin, la película transcurre de forma casi insoportable, aburriendo a los monos e incapaz de crear la más mínima tensión o de levantar el más mínimo interés por el destino de Katniss. Luego hay un viaje en un trenecito, que después de atravesar un túnel largo (¡Ohhhh!) pasa del mundo chabolero al de los potentados: una horterada kitsch que provoca dolor de ojos. Avisaos estáis. Tened a mano el colirio.

Se supone que vale la pena aguantar el tostón porque en algún momento la acción se va a desatar y hay que soportar aún que nos muestren como los chicos se entrenan para la supervivencia en el bosque y como a cada uno se le da bien un arma. Con el arco, por ejemplo, Katniss tiene más puntería que Guillermo Tell operao de miopía. Anda por allí el camarero de Cheers como consultor de la colla.

¡Ah amigo, el del abrigo!

¡Cuántas me van a dar en la mili! Yo estaba esperando que una vez en el bosque, los chavales formaran la típica pandi y se pusieran a cazar gamusinos por el día y a hacer fuegos de campamento por la noche mientras cantaban “del barco de Chanquete, no nos moverán“. Pero, amigo mío, en cuanto los sueltan en un claro del bosque los gachoses más mayores se atiran a por algunos de los más pequeños y los masacran a machetazos mientras los más espabilaos salen por piernas.

¡Eloy, tonto del bote, que no te enteras! Esto no va de que luchan juntos contra un monstruo tralarí, tralará. Va de que los sueltan para que se maten entre ellos, como los japoneses locos de Battle Royale. ¡Reóstatos, reóforos y turbinas! Apago el reproductor de video e intento borrar de mi mente las imágenes. Busco en la carátula del disco la edad recomendada: ¡doce años! ¡Esta gente está pirada! Entro en internet. Busco críticas sobre “Los juegos de la jambre”: cine infantil y juvenil: ¡Pos no ices tu que!; cine familiar y de aventuras; ¡no me jodas! ¡Y en un medio conservador! Me consuela un poco que al menos las críticas de El País y La fila cero coinciden en que se trata de un soberano aburrimiento innecesariamente macabro.

Los juegos del hambre en la salvaje naturaleza

Me pongo a repasar mentalmente la temática. No he visto Battle Royale; ni ganas, después de saber que trata de batallitas a muerte entre adolescentes aislados en una isla. Y lo único que viene a mi cabeza es “El señor de las moscas“. Pero, ¡qué diferencia, señá Paca, que diferencia! Siete pueblos van, desde la obra maestra de William Golding (1911-1993) a esta soberana tontada que intenta imitar, sin pizca de gracia, la ciencia-ficción social de Philip K. Dick (1928-1982) o Samuel R. Delany (1942-). Pero hombre, ya está bien de pensar que la ciencia-ficción es un potaje de trilogías en el que se puede echar de todo. ¡Válganos el cielo! Se han juntado los juegos, el hambre y las ganas de comer.

Y los actores:¿qué?

Pos de las criaturas no via decir na. Lo que les digan, los pobrecillos. Pero, ¡te paece qué!, los zánganos del Donald Sutherland, el Woody Harrelson y el Philip Seymour Hoffman, que son ya más grandes que su padre: ¡vaya papelón! Pero almas de cántaro: ¿es que no sabíais donde os estabais metiendo? No veis que ahora tenéis el dudoso honor de ser figurantes, en el bodrio que tuvo la desfachatez de enseñar por primera vez a adolescentes masacrando a niños en un PG12 (en España). ¿Qué? ¿que os daban mucha pasta, no? ¡Hala! ¡Eche usté taquillas quemadas! ¡Eche usté records de recaudación!

¡Hay que jodese, oye, estas gentes actoras de Jólibu que, que,…, que ansia tienen con los cuartos, que se les están saliendo por las orejas y toavía quieren más!

Un respeto a la creatividad de la autora

Y dos, si son pequeños. Pero que no me venga luego diciendo que lo que ella ha hecho es tratar a los adolescentes en serio. ¡Y un cuerno! O yo veo menos que Rompetechos o el pobrecito que macheteaban con regodeo sanguinolento, recién sueltos los muchachos en el claro, era un chapulín de nueve o diez años. Eso no es tratar a los adolescentes en serio, ¡hombre! Eso es meterles en vena a los niños (insisto, la edad mínima recomendada es 12) el encanallamiento y el encabronamiento de vida que tenemos los mayores. ¡Hala! ¡Dale más caña, dale. Que lleguen a los 18 bien preparaos de asesinatos absurdos vistos en la caja tonta!

Y Franco que opina de todo esto

Y digo yo: ¿no tendrían los niños una mieja derecho a que no usemos la imagen infantil en nuestras neuras y tontadas? ¿No hay una convención de UNICEF sobre los derechos del niño? ¿Y en España? Pero, leche ¿no hay una Ley de protección jurídica del menor? ¿No dice el artículo 5 de esta ley que…?

En particular, las Administraciones públicas velarán porque los medios de comunicación en sus mensajes dirigidos a menores promuevan los valores de igualdad, solidaridad y respeto a los demás, eviten imágenes de violencia, explotación en las relaciones interpersonales o que reflejen un trato degradante o sexista

Pos bien poco han velao aquí, los ufráshos, perdona que te diga ¿Qué? ¿Que la peli recauda mucho dinero y paga muchos impuestos ? ¡Y vuelta la burra al trigo! ¿Es que el TODO VALE en el mundo del entretenimiento ha llegado tal extremo, que se pueden colar masacres infantiles como cine familiar, pero no se puede ni mentar a Mahoma porque enseguida aparecen cuatro iluminaos dispuestos a alcanzar el paraíso a tu costa y te obligan a vivir el resto de tu vida en una cueva?

Esta última comparación es un poco exagerada y fuera de lugar. ¡Ea!, bórrenlo de su memoria, como yo intento borrar de la mía la macabra escena del claro del bosque. Porque dicen esas gentes que estudian tanto, que la cabeza deben tener hecha caldo, que cuando uno contempla escenas de este tipo, que banalizan la matanza entre adolescentes y niños, tan lejos de sus valores molares y guturales, la única salida sana para el cerebro es crear una nueva solución habitacional para la personalidad, en la que encerrar el horror, echar la llave y tirarla a un basurero. Si, amigos, la exposición a estas tontadas puede, no solo provocar asco estético, sino también transtornos de personalidad.

Pero, muchacho ¿cómo te aterminas decir to esto sin leete, resumíte y estudiate el libro?

Pos la cosa es que había pensao no decir na y rumiámelo to a lo callao, porque a lo mejor esto era algo mío particular y nadie más le daba importancia. Pero el otro día oí a dos que hojeaban una revista en el taller, comentar sobre el estreno de la segunda parte, “En llamas”, y de una colección de ropa basada en este bodrio. Y le mentaba ella a él lo bien que le sentaba a Katniss el traje, lo hermoso que le hacía el culo y que además en esta segunda parte se rebelan otra vez los esclavos y ella igual llega a marajaní de Kapurtala, y me se puso una mala hostia que es que si no lo cuento reviento.

También me animó, que el chico del video-club que estaba al día siguiente, me dijo que él avisaba a los clientes que alquilaban “Los juegos de la jambre” de que el PG no se correspondía con la película, y les recomendaba que sólo la vieran los mayores.

¿Y no voy a ir a ver la segunda parte? Pos no, hijos míos. Voy a hacer como don Quijote, que cuando en el capítulo 59 de la segunda parte, en la venta aragonesa, don Juan y don Jerónimo le insisten en que termine el falso quijote de Avellaneda, que había empezado a leer, les dice que NO, porque:

De las cosas obscenas y torpes, los pensamientos se han de apartar, cuanto más los ojos.

Comments

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  • Mi pregunta en estos casos es si el mensaje precisamente que se quiere transmitir es ese: todo vale. Nada de derechos, nada de nada, la ley del más fuerte, la fuerza como razón última, esclavos, señores, etc, etc. Vamos una involución en toda regla en la que algunos sacarán una tajada preciosa (amén de no necesitar los derechos, porque ellos son los fuertes, claro)

    Disfruto con tus posts.

    • ¡Hmmm! Es complicado. En el caso del negocio del entretenimiento, yo lo veo como un proceso en marcha que va subiendo nuestro umbral de tolerancia a la violencia, pero no necesariamente de forma dirigida por algunos. El proceso persigue más dinero fácil y genera un mecanismo complejo en la sociedad como conjunto, o como diría Gustave LeBon, en la “masa”; un mecanismo que se alimenta de la voracidad monetaria de algunos sectores (entretenimiento, estado), el atocinamiento mental y la contemplación ombliguística de unos creadores cuyo umbral ya está afectado por el propio fenómeno (en este caso Suzanne Collins), la inacción interesada de los órganos censores (leyes, estados) y la pasividad y el estupor del público.

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