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    Imposible el agua

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    Agua imposible en el amanecer del siglo. Emana un sentimiento de pena y decidido estoy a anotarlo todo. Sí. Para luego contarlo, pues que otra pobre cosa puede hacer un gacetillero. Imposible el vino de ese color verde. Añadas venenosas que crecen en las cepas del sueño anotado. Sopor de vasos a medio terminar, turbios […]

Los grandes profetas del apocalipsis

Profeta apocalíptico: un oficio muy complicado

Pocos oficios ha desarrollado el hombre en su esfuerzo civilizador que requieran un ajuste de facultades tan refinado como el de los grandes profetas del apocalipsis. Hemos intentado en anteriores artículos de esta serie apocalíptica acercarnos a las razones y a la evolución del marco histórico de este impulso escatológico, que tuvo uno de sus puntos álgidos en el cacareado apocalipsis maya del 21 de diciembre de 2012, al que también hemos sometido a análisis exhaustivo.

Sin embargo apenas hemos rascado la superficie de algunos temas de importancia clave, como el que se refiere a la propia personalidad de los grandes profetas apocalípticos: líderes espirituales, hábiles retóricos, arengadores, místicos, iluminados, locos, sicópatas, drogados, borrachos o ilusos, los profetas apocalípticos han sido figuras tremendamente influyentes en la historia de la humanidad y si queremos comprender cabalmente la mentalidad del fin de los tiempos, no podemos dejar de acercarnos personalmente a los más significativos e intentar conocer mejor sus circunstancias y sus motivaciones.

Alegoría gráfica del profeta apocalíptico

Motivaciones del profeta apocalíptico

  1. El profeta es un ingenuo que se toma en serio las elucubraciones de su imaginación y se siente empujado a llevar el espejismo de este mensaje al resto de la humanidad.
  2. El profeta es un manipulador aprovechado que intenta engañar al personal para asustarlo, quedarse con sus bienes y someterlo a su voluntad.

En ambos casos se nos revela la primera característica psicológica habitual del profeta apocalíptico: es fundamentalmente un desequilibrado.

El profeta iluso: esquizofrenia y sociopatía

El iluso está dominado por la esquizofrenia y no distingue entre fantasía y realidad. Nuestro córtex prefrontal es un auténtico simulador de experiencias con capacidad de proporcionarnos felicidad auténtica con sus simples ilusiones. La parte buena es que podemos desarrollar la habilidad de ser felices aún en ambientes muy hostiles. La parte mala es que si nos tomamos en serio las fantasías que se elaboran en nuestro córtex perdemos el anclaje con la realidad “real”. Todos podemos, en un momento dado, ser víctimas de nuestra propia imaginación.

Ese profeta iluso suele ser también una persona con un cierto grado de sociopatía, lo que le provoca una gran dificultad para integrarse en el grupo y satisfacer la necesidad de ser apreciado. Si las circunstancias ayudan, si la retorica es la adecuada, es posible que la voz del profeta sea escuchada y así encuentre una vía de entrada y aceptación en el grupo, nada menos que como su líder espiritual. Pero lo más habitual es que el profeta pase primero por una dura fase inicial en la que se le considera un payaso, un paria, un excluido, lo que añade un profundo resentimiento al peligroso cóctel emocional en el que se forja su personalidad.

El profeta manipulador: psicopatía

Estos individuos son de temple mucho más frío y calculador. Presentan un claro perfil de psicópata, y su objetivo no es convencer a nadie de nada, sino aprovecharse de sus semejantes manipulándolos mentalmente a través de técnicas variadas y destruirlos como personas para poder quedarse con sus ahorros y además hacerlos dependientes de su voluntad. Suelen terminar formando su propia secta, bien mediante un cisma o reforma religiosa o bien mediante la fundación de un culto “ad hoc” y “ex novo”. Se rodean de un ejército de acólitos, mentalmente debilitados y reprogramados a su gusto, que practican ostensiblemente la adulación y el culto a su líder.

El trance del profeta

Como los mediums, videntes, arúspices, adivinos, brujos y santones de todo tipo, los profetas también han necesitado tradicionalmente entrar en estados de sugestión o trance para efectuar sus vaticinios o recibir los mensajes del dios, ángel o ser sobrenatural informante. En los casos más extremos, el propio desequilibrio mental del individuo era suficiente para autoinducir el estado alterado de conciencia, y en el resto, se recurría a métodos alucinatorios bien conocidos y documentados en la historia de los oráculos, las sectas y las sociedades secretas, tales como el consumo de drogas, alcohol, la privación del sueño, el hambre, el sometimiento a situaciones límite…etc.

Orígenes del profeta apocalíptico

El profeta es originalmente un elegido por Dios para llevar su mensaje a la humanidad y está dotado de elocuencia y superpoderes milagrosos. Es el tiempo de Elías (aprox. 850 a.C.) que después de una vida triunfal no muere, sino que Yahvé le manda un carro de fuego que lo recoge y lo sube al cielo (lo que hoy entenderíamos por las capas altas de la atmósfera) ante el pasmo de los presentes. Y es el tiempo de su discípulo en el aprendizaje y heredero en el oficio, Eliseo (aprox 800 a.C.), que tras una etapa inicial de vacilaciones y baja autoestima, finalmente encuentra la motivación y se destapa como milagrero todo terreno, resucitador nato y hasta domador de osos. Unos siglos más tarde Daniel (aprox 450 a.C.) recibe los mensajes divinos mediante visiones delirantes sobre el tiempo del fin y protagonizadas por el arcángel Gabriel mientras pasea famélico por los ríos de Babilonia.

A comienzos de la época del emperador Tiberio (42 a.C. – 37 d.C.), el asceta esenio llamado Juan el Bautista (coetáneo de Jesús) aportó como novedad la idea de la inmediatez del apocalipsis. Pablo de Tarso (5 d.C.-67 d.C.), organizador del cristianismo exo judaico, reforzó aún más esa idea de un fin del mundo a las puertas:”El día del retorno de Cristo está casi aquí”. (Romanos 13,12);”Cuando el Señor regrese, muchos de nosotros estaremos todavía con vida”. (Tesalónicos 4,15)

Años después de la muerte de Pablo de Tarso, otro Juan escribió en la isla de Patmos el libro canónico sobre el apocalipsis y los signos que lo precederán. Se trata del Apocalipsis de San Juan o Libro de la Revelación, y en el fondo es una versión ampliada de las visiones del libro de Daniel. Desde entonces la idea de inmediatez del apocalipsis no se ha perdido en el cristianismo, y el retraso en la segunda venida que debe de preceder al fin de los tiempos ha sido una constante fuente de desconcierto entre entendidos.

La últimas tendencias en profecía apocalíptica son la numerología bíblica con apoyo computacional y el rescate delirante de algunas escatologías antiguas. La numerología biblica, que supone que Dios ha escrito el destino del mundo en la Biblia, aunque de forma cifrada, surge con al abate Joaquim de Fiore (1135-1202) en la alta edad media y ha inspirado a personajes de la alta talla de Sir Isaac Newton (1642-1727) que le dedicó gran parte de su vida o de la baja talla de William Miller o Harold Camping. El rescate escatológico se basa en la aplicación de criterios pseudo históricos y pseudo antropológicos para dar por buenos conceptos como el del apocalipsis maya de 2012 con objetivo claramente comercial.

Los computadores han traído una revolución a la numerología, inspirando a nuevos profetas numerólogos que aplican complicados algoritmos matemáticos de búsqueda a los antiguos textos judíos del Pentateuco, insistiendo en la descabellada idea de que en efecto todo esto forma parte del plan de Yahvé, que dejó los mensajes preparados para que sólo con ayuda de los microprocesadores fuéramos capaces de enterarnos de que piensa terminar con el mundo un día de estos.

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