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Los caminos torcidos del apocalipsis maya

Hipótesis para el apocalipsis maya

Llega el planeta X

La teoría del planeta X asegura que hay un cuerpo planetario desconocido que se está acercando a La Tierra y que llegará en diciembre de 2012. El acercamiento podría desembocar en un choque entre planetas, en una reactivación súbita del vulcanismo a gran escala o, en la versión más ligera, en una alteración gravitatoria significativa de la órbita terrestre.

Este supuesto cuerpo celeste se menciona ya en la mitología babilónica como Niburu, y según interpretaciones modernas sería un astro vagabundo poblado por unos extraterrestres apáticos (annunakis) que quedó atrapado en nuestro sistema solar hace unos milenios y que pudo tener mucho que ver con el surgimiento de la civilización en Mesopotamia. Por este motivo se especula también que una de las posibles consecuencias positivas del acercamiento podría ser una nueva visita de los aburridos annunakis, que nos volverían a enseñar cosas útiles.

De acuerdo al descifrado de algunas tablillas pertenecientes a la civilización sumeria, este planeta Niburu, tendría un periodo de revolución alrededor del sol de unos 3.600 años. Estas mismas tablillas parecen contener también relatos sobre un señor sumerio a quién ya en aquella época los annunakis aconsejaron que construyera un gran barco para librarse de una catástrofe y le enseñaron la forma correcta de salvar una pareja de cada animal viviente, almacenando sus códigos genéticos para después volver a replicarlos una vez pasado el desastre. No es más que otro de los ejemplos mesopotámicos de mitos que pudieron inspirar a los redactores hebreos de la Biblia.

La realidad es que un planeta de estas características que estuviera moviéndose por el sistema solar y se encontrara a una distancia que le permitiera acercarse a la Tierra el 21 de diciembre de 2012, debería ser ya hace tiempo algo absolutamente espectacular en nuestro cielo nocturno; es más, aunque se trate de un planeta pequeño, debería haber sido algo visualmente llamativo desde hace varias décadas. Pero además de llamar la atención desde el punto de vista visual, también habría tenido unos efectos gravitatorios evidentes, perturbando de forma importante las órbitas de los planetas exteriores.

Como nada de esto se ha detectado, la única solución posible para seguir manteniendo la hipótesis del planetaX=Niburu es echar mano de la ciencia ficción y pensar que quizás estos aburridos annunakis tengan tecnología “trekky” y puedan ocultar su planeta, tanto visual, como gravitatoriamente, lo cual, desde luego, en términos Arthur C. Clarkquianos los convierte en auténticas divinidades: “Una tecnología muy avanzada es indistinguible de la magia”.

El apocalipsis del maya-bot

Choques planetarios reales

Por otro lado, las colisiones entre cuerpos celestes no son eventos imposibles. De hecho se estima que en la primera etapa de formación del sistema solar eran muy frecuentes, con centenares de cuerpos de gran tamaño compitiendo por órbitas estables y con miles de trozos de roca bombardeando a los cuerpos “supervivientes”. Las evidencias se encuentran en los abundantes cráteres de los planetas rocosos sin atmósfera, y en las extravagancias de la rotación de los grandes planetas: anillos, ejes de rotación tumbados y lunas machacadas en trozos, por ejemplo.

La teoría sobre la formación de la Luna que más apoyos recibe hoy, propuesta por el científico William Hartman, afirma que nuestro mismo planeta Tierra pudo haber sufrido uno de estos choques planetarios con otro cuerpo llamado Theia, evento del que surgieron la Tierra y la Luna actuales.

Por supuesto los proponentes de la hipótesis Niburu no han tardado mucho en argüir que Theia bien pudo ser una luna de Niburu que cayó a la Tierra durante el trance del supuesto “beso planetario” del pasado remoto. El problema es que este choque no ocurrió hace 3.600 ni 6.000 años, sino hace unos 4.500 millones de años. Otra versión aún mas estrambótica es que ese choque causó el nacimiento, no de nuestro sistema Tierra-Luna, sino del mismo cinturón de asteroides.

Hoy sabemos también que desde la Nube de Oort se desprenden de vez en cuando trozos de hielo y roca que “caen” como cometas hacia el centro del sistema solar en órbitas de elevada excentricidad. Incluso tenemos imágenes grabadas del choque de uno de estos objetos (Shoemaker-Levy 9) con el planeta Júpiter en julio de 1994, cuya colisión fue contemplada por todos los telescopios del mundo y celebrada por los astrónomos como una fiesta. Así pues, los choques “cataclísmicos” planetarios no son fantasías oníricas, ni cosas del pasado, sino realidades actuales de nuestro sistema solar. Si este cometa hubiera chocado con la Tierra en vez de con Júpiter, probablemente yo no estaría escribiendo este artículo.

La teoría más aceptada hoy para explicar la extinción de los grandes dinosaurios es la del choque de un gran meteorito en la península del Yucatán hace unos 65 Millones de años.

Exploración ficcional de las consecuencias de los choques planetarios

La ficción ya ha examinado ampliamente las posibles consecuencias catastróficas de tales eventos en películas como Armageddon (1998), dirigida por Michael Bay (1965-) y protagonizada, entre otros, por Bruce Willis (1955-).

Y en su alternativa del mismo año Deep Impact (1998), dirgida por Mimi Leder (1952-), y protagonizada, entre otros, por Morgan Freeman (1937-), interpretando al primer presidente negro de los Estados Unidos, en clara anticipación al fenómeno Obama.

El candidato Elenin

El posible choque del cometa Elenin con la Tierra provocó una gran controversia pseudocientífica durante 2011 hasta que finalmente, como si estuviera harto de oír las discusiones, el buen cometa se desintegró en el espacio interplanetario en septiembre de 2011.

La amenaza constante del cinturón de asteroides

También el cinturón de asteroides es una fuente potencial de peligro constante con miles y miles de trozos de roca que toman órbitas peligrosamente cercanas a la Tierra. Y la conclusión es que el sistema solar está lejos de ser una entidad aristotélica inmutable y aislada con nueve planetas girando eternamente en sus órbitas perfectas, sino que se trata de una zona de la Vía Láctea en permanente evolución y remodelación vía encuentros violentos. Los plazos entre eventos son a escala geológica, pero incluso en el tiempo de nuestras vidas ya hemos sido testigos de algunos de ellos.

La llegada de la nueva era de Acuario: extraterrestres y felicidad

Plutón: el auténtico planeta X

El término “Planeta X” se venía manejando desde el descubrimiento de las irregularidades en las órbitas de Urano y Neptuno, y de hecho cuando Clyde Tombaugh (1906-1997) descubrió Plutón en 1930, cuentan que la emoción hizo presa en él y se abalanzó al despacho del director del observatorio astronómico en el que trabajaba para dirigirse a él en estos términos: “Señor, he encontrado el planeta X”.

El nuevo cuerpo planetario fue durante casi ocho décadas el guardián exterior del sistema solar, hasta que finalmente ha sido “rebajado” a la categoría de “planeta enano”, o mejor dicho y llevado de vuelta a su verdadera casa, junto a sus hermanos pequeños y helados del cinturón de Kuiper. En esa zona externa bien podrían existir planetas enanos o no tan enanos aún sin descubrir. Make-Make, Haumea Eris, Sedna, Quaoar… son sólo algunos de los nuevos hermanos plutónicos (o más exactamente trans-neptunianos) recién descubiertos. La veda está abierta y la caza promete ser abundante, puesto que la teoría de la acreción no ha sido capaz de explicar debidamente la presencia de los planetas gigantes exteriores Urano y Neptuno.

Por cierto, los astrólogos todavía no han asignado, que yo sepa, ninguna función a los nuevos transplanetas. Cuando Plutón fue descubierto, rápidamente se le asignó el papel de transformador y renovador. Supongo que ya están trabajando en ello.

Némesis: la compañera mortal del sol

Némesis podría ser una estrella que forma un sistema binario con el sol, sólo que es tan pequeña y está tan apagada que no la hemos localizado. Estaríamos hablando de una estrella tipo enana marrón, un objeto como el planeta Júpiter, pero de un tamaño mucho mayor. Se arguye que su movimiento podría ser responsable del “descuelgue” de trozos de roca y hielo de la nube de Oort que entran como cometas en el sistema solar.

La idea de Némesis tiene una vaga inspiración en el nombre de la diosa griega de la venganza contra aquellos que habían cometido actos en contra de la voluntad de los dioses.

Sin embargo ya hemos visto que entre planetas enanos, cometas y trozos de roca helada, la población transneptuniana está resultando ser muy abundante y capaz por si misma de descolgar de vez en cuando algún trozo de roca y hielo y hacerlo “caer” al interior del sistema solar.

Otro problema que plantea la hipótesis Némesis es que si existiera esta estrella triste, entonces el centro de gravedad del sistema Sol-Némesis estaría en el centro de masas del conjunto de las dos estrellas y el sol tendría un cierto movimiento de vaivén alrededor de ese punto imaginario que en buena lógica ya debería haber sido detectado por contraste con el fondo estelar. Por otro lado, aunque no tuviera brillo, el objeto emitiría una grandísima cantidad de radiación no visible, como hace Júpiter, lo que otra vez hace muy difícil comprender como no ha podido ser detectada aún.

El alineamiento planetario

La astrología siempre ha tenido una gran predilección por el alineamiento planetario como fuente de inspiración para su delicada e imaginativa labor predictiva y lo ha usado con profusión en la explicación de horóscopos. Así si la Tierra y Venus se alinean, dado el carácter amoroso del segundo planeta, tenemos la excusa perfecta para anunciar un romance. Si en el alineamiento también se encuentra Marte, dios de la guerra, entonces el astrólogo podrá concluir que habrá romance, pero que tendremos que luchar por él, o que nos andemos con cuidado porque puede terminar en una batalla.

La realidad es que física, mecánica y cosmológicamente no ocurre nada porque dos, tres, cuatro o todos los planetas del sistema solar se alineen. Sus fuerzas gravitatorias conjuntas son insignificantes si las comparamos con la del sol, que tiene casi el 99% de la masa del sistema solar conocido.

Es posible que este mito de la alineación planetaria global creciera por una situación que se produjo en los años 1960 cuando un estudiante de doctorado en la NASA (Gary Flandro) descubrió que los planetas exteriores salvo Plutón iban a estar colocados en la misma zona del sistema solar durante las décadas de 1970 a 1990. No estamos diciendo que fueran a alinearse, sino que estaban al mismo lado del sistema solar, y por tanto susceptibles de ser alcanzados con una misma sonda espacial que fuera “saltando” gravitatoriamente de uno a otro, con algunas correcciones menores de trayectoria. De ahí surgió la planificación de las misiones Voyager I y II.

Luego a pesar de que constituya un auténtico acontecimiento para los futurólogos, el alineamiento planetario múltiple no tiene ninguna implicación física, y además es un fenómeno rarísimo. Como se puede comprobar en este modelo acelerado de las órbitas de los ocho planetas más Plutón, no hay ningún alineamiento ni nada que se le parezca en 2012 y la próxima “reunión”, que no alineamiento, de planetas exteriores en la misma zona del sistema solar tendrá que esperar hasta el año 2134. Aun así, la prosaica realidad es que esto no implica nada en términos de fuerzas planetarias, aunque supongo que el tema dará mucho juego a los echadores de cartas del año 2134.

Planetas 21 dic 2012
Sin alineamientos múltiples en 2012

En el portal de la NASA hay un simulador planetario en el que se pueden introducir los datos para obtener vistas de las posiciones planetarias (y también de las múltiples sondas que lo surcan) en cualquier fecha. La imagen que se obtiene para el día 21 de diciembre de 2012 es la que acompaña a este párrafo, y como podrán observar, no hay ninguna alineación múltiple, ni nada que se le parezca.

El alineamiento con el centro galáctico

Esta hipótesis asegura que el sol se alineará con el centro galáctico o de forma menos precisa, que se colocará en el plano galáctico y eso causará un gran cataclismo. No se dan detalles del fenómeno físico desencadenado por este alineamiento sino que parece dejarse todo nuevamente a merced de la fuerza intrínseca de la palabra “alineamiento”, que además esta vez ya no ocurre a nivel planetario, sino galáctico.

Pero la verdad es que el sol siempre está “alineado” con el centro galáctico puesto que siempre existe una línea imaginaria que une dos puntos cualesquiera. Si en esa alineación se quiere incluir también a la Tierra, dado el plano en el que esta se mueve (eclíptica), la cosa ya se vuelve bastante difícil.

Aunque nadie la ha visto desde fuera, todo hace pensar que la Vía Lactea tiene aproximadamente forma de “plato” y probablemente una disposición de varios brazos espirales si se la mira desde arriba. Su diámetro ronda los 100.000 años-luz y su espesor es variable haciéndose máximo en el centro, donde alcanza los 1.000 años-luz, es decir es un plato bastante aplanado, más de chuleta que de sopa, por poner un símil entendible. El sol se encuentra a una distancia de 30.000 años-luz del centro galáctico, alrededor del cual se traslada (como hacen el resto de las 100.000 millones de estrellas) con una velocidad aproximada de 230km/s.

Sin embargo no existe un “plano galáctico central” como tal, aunque se pueda hacer el ejercicio imaginativo de calcular el plano medio del “plato” por el método, digamos, de los mínimos cuadrados, o estimar una capa delgada en la que está la gran mayoría de material de la galaxia y llamarla “plano galáctico”. Pues bien, parece que si lo hacemos el resultado es que el sol se encuentra a unos 50 años-luz por encima (o por debajo, según uno se aproxime a la galaxia) de ese plano imaginario.

Puestos a imaginar, pongamos que hoy mismo el sol cambia bruscamente su dirección de traslación alrededor del núcleo galáctico y arranca un viaje frenético y atropellado en dirección perpendicular a ese plano central imaginario a su velocidad habitual de traslación (230km/s). Si hacemos un sencillo cálculo comprobaremos que no lo alcanzaría hasta dentro de…

(50*365*24*3600*300000)/(230*3600*24*365) = (50*300000)/230 = 65.217 años

Y no olvidemos que todo esto es pura especulación imaginativa y que en realidad el sol no tiene ningún movimiento en dirección a ese imaginario plano central galáctico, pero aunque lo tuviera, no llegaría hasta dentro de sesenta y cinco mil años.

El cambio de polaridad geográfica

Según esta hipótesis, la Tierra daría media vuelta de campana sobre si misma, de forma que el polo norte pasaría a ser el sur y viceversa.

No somos capaces de imaginar una fuerza en el universo capaz de provocar esta semi voltereta planetaria, quizás el rayo tractor de alguna nave alienígena perteneciente a una raza casi divina, por lo que sólo podemos decir que se trata de una hipótesis que, después de todo, no tiene pies ni cabeza.

El cambio de polaridad magnética

El campo magnético terrestre se debe a la dinamo virtual que forma la rotación del núcleo planetario externo de metales líquidos muy calientes. La estructura geomagnética llega a extenderse hasta varias decenas de miles de kilómetros en el espacio y forma una barrera de protección contra las radiaciones que resultarían perniciosas para la vida: ultravioleta y rayos cósmicos.

El cambio de polaridad magnética ha ocurrido varias veces en la historia geológica de la Tierra, según se puede deducir del estudio cristalográfico de algunos minerales, por lo que no tiene mucho sentido pensar en el campo magnético como algo inmutable, sino cambiante y oscilante a grandes escalas de tiempo. No sabemos exactamente cuanto tiempo tarda en producirse uno de estos cambios, pero todo hace pensar que puede llevar miles, quizás decenas de miles de años.

Si este cambio ocurriera repentinamente el 21 de diciembre de 2012, desde luego sería un acontecimiento digno de presenciarse, pero seguramente sin peligro alguno, siempre que la transición sea rápida. Lo realmente preocupante de este fenómeno sería el tiempo que el planeta estuviera con el campo magnético a cero, ya que durante esos momentos no tendríamos la protección que este escudo nos presta contra las radiaciones dañinas antes mencionadas.

El acabose

No encontramos un nombre mejor para esta hipótesis, que mezcla el alineamiento planetario acompañado de tormentas solares que causan la emisión de neutrinos, los cuales calientan el núcleo de la Tierra y provocan un vulcanismo desmedido que descoyunta la estructura continental del planeta en un santiamén.

Esto es lo que explora ficcionalmente la película 2012, gran espectáculo catastrófico donde los haya.

Conclusión: patada planetaria, maya-bots zombies o razón y ciencia

Ninguna de las hipótesis aducidas por el espíritu colectivo de apocalipsis maya a las puertas el 21 de diciembre de 2012 tiene fundamento racional, por lo que lo único que nos queda pensar es que, si en efecto, el mundo va a terminar en diciembre de 2012, como algunos equivocadamente aseguran que dice el calendario maya, será porque alguna de las despreciables divinidades con mando en plaza tenga un acceso de cólera, o esté impaciente mirando el reloj, para cumplir la “profecía” y proporcionar una gran patada cósmica a nuestra madre Tierra, a nuestro padre Sol o quizás dejar el trabajo sucio en manos de un maya-bot exterminador.

Es posible que un día, si no nos extinguimos antes por una pandemia incontrolada, por una guerra global, o por un cambio climático radical, la humanidad tenga que hacer frente a la amenaza real de un asteroide como el que provocó la extinción de los dinosaurios. Si nos perdemos en supercherías mayas no tendremos más elección que la que tuvieron los grandes dinosaurios, aparte de mirar la llegada de la era de acuario con cara de pánfilos, ceder de mala gana a los engaños de alguna secta y apuntarnos al suicidio masivo, o convertirnos nosotros mismos en autoproclamados profetas y liderar la última huida hacia adelante.

Si abrazamos la razón y la ciencia, quizás encontremos una solución de verdad para que cuando ese momento llegue podamos evitar una catástrofe. Sin lugar a dudas, Área Subliminal aboga por esta última opción.

Safe Creative #1202281214063

 

Comments

This post currently has 2 responses

  • Creo que el miedo irracional (o muy racional según se mire) a ser exterminados está grabado a fuego en la parte del cerebro más primitiva del hombre. En la era de las cavernas era muy probable que de la noche a la mañana una población desapareciera, debido a las duras condiciones de vida (las amenazas eran miles). Ya en épocas “medio civilizadas” como la edad media esa misma amenaza seguía muy presente (hambrunas, pestes, guerras….).

    Siempre habrá aprovechados que exploten los miedos de la gente para sacar tajada, creo que es de los oficios más antiguos del mundo…..hay manifestaciones de esto por todas partes….el miedo al exterminio es uno más de tantos que tenemos los seres humanos.

    Conforme el hombre ha ido progresando hemos ido eliminando factores de riesgo para ese exterminio (de forma aparente, hay muchas situaciones del pasado reciente y actuales que nos indican que eso realmente eso no es así, tal y como queremos creerlo), nos sentimos seguros (o tenemos esa aparente sensación), por lo menos en las zonas más desarrolladas del planeta. Pero la verdad es que todo se puede ir al carajo de un día para otro, sino que se lo digan a los habitantes de Fukushima…

    Las amenazas de la naturaleza y de los astros siempre han estado ahí y seguirán estando siempre, con el avance de la ciencia vamos controlando ciertos aspectos, pero creo que son fenómenos de una fuerza colosal y de momento somos muy poquita cosa cuando nos medimos cara a cara con ellos. Pero sin duda el ser humano debe seguir dando pasitos para prepararse lo mejor posible para lo que puede venir.

    La verdad es que no creo que la razón del exterminio de nuestra raza venga de fuera, ni siquiera que sea la misma naturaleza la que nos barra como una plaga más (no les va a dar tiempo), desde mi punto de vista será el propio hombre el que ocasionará su propia autodestrucción si no sabe evolucionar en la dirección correcta. Y mucho me temo que vamos como locos y sin carné.

    Se produciran fuertes ajustes de la población según nos vayamos cargando recursos naturales y nos peleemos por lo que vaya quedando…..el hombre tropieza una y mil veces con la misma piedra.

    Hace ya tiempo vi una película titulada “La Carretera”, protagonizada por Viggo Mortensen, basada en una novela de Cormac McCarthy (que no me he atrevido a leer) que me sobrecogió profundamente y describe un fin del mundo que me aterra, por lo probable que me parece, que pueda ocurrir algo así. No se precisa claramente, por lo menos en la película, las razones de cómo se llega a dicha situación pero en mi cerebro primitivo se encendió la luz roja de peligro real. Ahora que soy padre, solo acordarme de la misma, me quita hasta el sueño…me aterra…

    Esperemos que esto no suceda nunca y que entre todos seamos capaces de sacar lo mejor de nosotros (esa será la clave) y llevar nuestro destino por el buen camino, ya vendrá un asteroide que se lo lleve todo por delante….algún día….

    • Gracias por tus reflexiones, Sergio. Estoy de acuerdo con todo lo que dices.
      “La Carretera” es, desde mi punto de vista, otra de las visiones que exploran un futuro post apocalíptico.
      Yo no soy tan pesimista como el señor MacCarthy, o como la visión que expone en “La Carretera”. Narrativamente está bien enfocada, porque consiste en desnudar al mundo y al propio hombre de todo artificio y dejarlo sólo consigo mismo sin ni siquiera medios con los que subsistir.
      En esa situación es más facil reflexionar sobre las ideas básicas: vida y muerte, bien y mal, porque en esas circunstancias cualquier acción, cualquier conflicto, por nimio que sea, está conectado radicalmente con esos grandes conceptos.
      Aún así, creo que MacCarthy da un mensaje de optimismo al final, al menos en la película. Yo tampoco he leído el libro, aunque en cierta ocasión lo regalé, sin ser consciente de su contenido.
      Como padres y en palabras de Laurie Lee, no somos más que “Los guardianes de la indefensión temporal de nuestros hijos”, tenemos que hacer lo que esté en nuestras manos por dejarles un mundo habitable, pero después el viento del tiempo nos barrerá y ellos se lanzarán a hacer su propia obra.
      Ojalá hagas muchos más comentarios como este. Gracias otra vez.

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