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Los 100 de Mars One

Mars One selecciona a cien astronautas

Recientemente se ha anunciado el comienzo de la última fase de selección de los aspirantes a colonos marcianos del proyecto Mars One. Se trata de un grupo de cien personas que han sido extraídas de una muestra original de, dicen, casi doscientas cincuenta mil. El interés inicial que despertó este proyecto hizo a los organizadores estimar muy al alza el número de solicitudes que se iban a recibir: “Esperamos millones”, dijo alguno. Aun así, admitamos que un cuarto de millón de instancias, si la cifra es cierta, no está nada mal. Considerando esto y considerando que la financiación del proyecto está planteada como un reality show, tipo gran hermano, yo sentía una mezcla de repulsión y curiosidad por el proceso de selección y por el desarrollo de las fases finales. Cuando ya se otean, la curiosidad ha muerto y solo queda el disgusto ante lo que va adquiriendo visos de espectáculo de carnaza para las masas.

Apuesta por la propaganda

En primer lugar, la organización ha publicado un vídeo propagandístico llamado The Mars 100, en el que se lanza el desafío “a ver quién tiene lo que hay que tener para ser colono marciano” y se mezclan algunas declaraciones de los aspirantes a colonos con imágenes reales de diversas etapas de la carrera espacial y fotos de satélite de Marte. La música de superproducción y las tomas espectaculares parecen la introducción a un videojuego, o a una película de ciencia ficción, y buscan el desarme emocional del espectador, que recibe a renglón seguido las rimbombantes declaraciones de varios aspirantes: “la belleza de la persecución de los sueños”, “la ilimitada capacidad del ser humano para hacer lo que se proponga”, “la contribución directa a la salvación de la humanidad”, “la creencia en el destino extraterrestre de la raza humana”… Se trata de mensajes hueros y manidos que parecen sacados de las peores revistas de psicología popular, mensajes altisonantes que vacían de significado auténtico cualquier propósito. El video The Mars 100 es un sinsentido en términos científicos, técnicos y psicológicos; un sinsentido que solo se puede entender como la previa a un esperpento de ficción, que es lo que realmente se anuncia, como bien aclara uno de los mensajes finales: “muy pronto en sus pantallas”.

Mercantilización del ser humano

Pero lo peor ha sido la revisión de los videos de presentación de cada uno de los cien candidatos que se pueden ver en la web de Mars One. El visionado de este inclasificable material pone al espectador delante de una muestra selecta de la humanidad adulta del año 2015 —insisto, siempre que lo de las 250 000 solicitudes iniciales sea verdad— y de sus descarriadas ambiciones. Los videos son, en general, piezas auto-laudatorias en las que los aspirantes se han desprovisto de cualquier signo de vergüenza y humildad para explicar al mundo por qué son imprescindibles en la colonización de Marte. Exponen su vida, o algunas parcelas de su ella, se exhiben y se venden al mundo como mercancía digna, mientras usan la insidiosa terminología de los departamentos de recursos humanos, mezclada con la presuntuosidad de los libros de autoayuda: “soy bueno trabajando en equipo”, “sé liderar”, “conservo la calma en situaciones de estrés”, “soy versátil, multifuncional, pluridisciplinar”, “estoy en un estado de forma excelente”, “soy un pensador creativo capaz de dar soluciones a los problemas más complejos”. La gente se juzga a sí misma como muy lista, con muchos títulos y estudios, activa, aventurera, capaz de aprender muy rápido; se exponen como si fueran famosos y se quieren mucho a sí mismos, hasta el punto de que en varios casos se juzgan literalmente como “indispensables”.

Narcisismo

Llama la atención el ansia de protagonismo, un ansia que los más adultos de la muestra han aprendido a moderar, pero que se aprecia completamente desbocada en los más jóvenes: “haría lo que fuera por hacer esto”, “ya he perdido ocho kilos para pasar a la siguiente ronda, antes era obesa”, “ya he perdido cien libras para pasar a la siguiente ronda”, “para mí esto es como donar mi cuerpo a la ciencia”, “quiero contribuir directamente a la expansión humana por el sistema solar”, “quiero dejar huella después de mi muerte”. Asombra la pretenciosidad de objetivos: “No quiero ir a Marte solo para entrar en la historia, sino para inspirar al mundo”, “será un honor representar a la humanidad en Marte”, “no quiero ir a Marte solo por mí, sino por el mundo”, “seré un buen representante de la humanidad en la colonización de Marte”, “sé que mi familia está preocupada, pero como potencial representante de la humanidad en Marte, tengo un rango amplio de responsabilidad”, “tengo el deseo de crear el vínculo que una a todas las razas y religiones”. Sonroja tanto culto a uno mismo: Yo soy, yo he hecho, yo he logrado, yo he liderado…yo, yo, yo, mientras al mismo tiempo se finge modestia con las hipocresías de la jerga del trabajo en equipo; todo para soslayar esa irrefrenable pulsión del yo que tanto se cultiva hoy desde el mundo del entretenimiento y la publicidad y que ha resultado ser clave en este proyecto gran-hermánico.

Las motivaciones y las cualificaciones se relatan con tono de entrevista de trabajo, pero otra vez la madurez hace que los mayores se moderen, mientras que los más jóvenes exponen, con total falta de pudor, méritos e incluso enfoques vitales de dudosa validez: “Soy la mejor candidata porque he vivido en Japón durante los últimos 12 años y he tratado con mucha gente distinta”, “Soy un buen candidato porque fui monje budista durante dos años y meditaba aislado en cuevas”, “Hola. Me llamo Di. Soy una líder”, “Soy buen candidato porque soy ex-piloto y soy un líder”, “Yo veo un objetivo y voy a por él. Nada me puede parar”, “La radiación no será un problema. Yo soy una optimista”.

Composición inspirada en la futura colonización y terraformación de Marte

Puerilidad y grandilocuencia

Si alguien, al leer mis referencias al mundo del entretenimiento y la publicidad, está torciendo el gesto o pensando que me he vuelto un “conspiranoico”, lo animo a que examine la influencia que los propios aspirantes a colono admiten que les ha llegado de los relatos y las películas de ciencia-ficción. Esta influencia les ha hecho concebir falsas expectativas sobre la realidad de los viajes espaciales y sobre la hipotética vida en Marte, hasta el punto de que algunos dicen, literalmente, querer ser como los personajes de Kim Stanley Robinson, o de Star Trek. “Me encanta leer ciencia-ficción, mi libro favorito es John Carter de Marte”, “Ir a Marte es mi sueño de infancia”, “sueño con ir a Marte desde que era un niño”. Varios de ellos hacen el saludo vulcaniano, otro dice: “mi sentido del humor es vulcaniano”. Hay varias alusiones a Buzz Lightyear y su “al infinito y más allá”; hay constantes referencias a que la colonización de Marte va a ser el próximo gran paso para la humanidad y a la metáfora de Tsiolkovsky de que la Tierra es solo la cuna del hombre.

Los videos de los cien aspirantes que pasan a la fase final del proyecto Mars One son, en resumen, una muestra obscena de la venta personal y mediática a la que el proyecto parece abocarlos y a la que ellos se han abrazado encantados. Todo esto anticipa una fase final en la que los concursantes harán, como no, lo que sea necesario para conseguir eso que nos obsesiona a todos: ganar, ganar y ganar. Supongo que se tendrá en cuenta el número de likes y shares en las redes sociales a la hora de seleccionar a los últimos 24 que completarán el programa de entrenamiento. Como si anticiparan lo que viene, los aspirantes han empezado ya a exhibir sus vidas, sus logros, y a veces hasta sus familias, como si fueran productos de ultramarinos. Se venden, simulan encanto superficial, repiten opiniones y enfoques leídos en libros de autoayuda u oídos en la caja de resonancia de la televisión-cultura-mundo, proyectan una absurda grandiosidad de propósitos y se justifican en una motivación infantil, y desconectada de la realidad. Cuando uno hace recuento de estos rasgos: exhibicionismo, narcisismo, grandilocuencia, puerilidad y desconexión con la realidad, se da cuenta de que son rasgos cuasi psicopáticos. Y no digo que los aspirantes lo sean, digo que eso es lo que en general fomentan los realities, y que esa parece que va a ser la dinámica del proyecto mediático Mars One.

Comments

This post currently has 3 responses

  • Esta venta mediática parece ser algo de lo que nadie se sabe escapar hoy. Si no estás en los medios, no existes. El ansia de fama o notoriedad, lo que sea, lo llena todo. Para eso nos reeduca a todas horas en la TV. Para eso nos atiborran con realities llenos de gente que no sabe hacer nada, más que dar la nota y exhibirse. Para eso nos animan a que mostremos nuestra vida, nuestra familia, nuestros viajes y todo en facebook. Nos quieren hacer creer que una vida decente y anónima ya no es suficiente.

    • Estoy de acuerdo en que el ambiente general de casi todo lo que tiene que ver con los medios va en esa línea, sí.

  • La gente vendiéndose como mercancía es el signo de los tiempos. ¿Qué aparenta ser esto del proceso de selección final de Mars One? Un reality show como cualquier otro: psicopatía (cuanta más mejor), divismo patológico y emocionalidad a flor de piel, búsqueda de la fama a cualquier precio (me llamó la atención lo de los aplicantes que han perdido peso)…

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