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Las falacias de la ufología

Los caminos torcidos de la ufología

Durante esta larga serie de artículos hemos intentado acercarnos a la ufología moderna y dar una visión global de su nacimiento, evolución y estado actual. Hemos explicado por qué debe considerarse una pseudociencia y cómo su configuración como sector económico informativo, dentro del nicho del mercado del misterio, atrajo intereses y personajes de todo tipo, desde los que se acercaban de forma sincera e ingenua, confundiendo fenómenos atmosféricos con platillos volantes, pasando por los bromistas ocasionales y llegando hasta los caraduras que supieron ver rápidamente cómo vivir de este cuento a través de la exageración, la tergiversación y el engaño.

También hemos explicado cómo, para mantener vivo este negocio de venta de humo, la ufología adoptó la estrategia de la huida hacia adelante, arrogándose progresivamente la explicación de todo fenómeno extraño, de todo resto arqueológico y de todo hecho histórico poco claro; para llegar finalmente al absurdo de la teoría de la conspiración total y al delirio de pretender, nada más y nada menos, que estar en posesión de una explicación total de pasado y el porvenir humanos, como teatro de títeres manejado por los extraterrestres.

Cualquier otro sector incapaz de presentar una sola prueba de sus impactantes relatos, ya se habría venido abajo hace tiempo. Pero la ufología tiene su mayor activo en sus seguidores. Solamente la inquebrantable fidelidad de su público, crédulo y tragasantos como el que más, permite a la ufología sobrevivir en un estado de forma lo suficientemente buena como para producir con éxito bodrios-documentales como: Alienígenas ancestrales, la serie.

Alegoría de las actividades ufológicas: contacto con alienígenas ancestrales

Las falacias de la ufología

Nuestro compromiso en este artículo era exponer para este público, cuáles son esos modos erróneos de razonar que sus popes les cuelan de rondón. Lo hacemos sin acritud y entendiendo siempre que, antes de posicionarnos a favor o en contra de la ufología, somos seres humanos de la misma especie, y aceptamos que la lógica y la razón han demostrado ser instrumentos válidos para llegar a la verdad. De acuerdo a esta base de mínimos, podemos decir que las falacias de la ufología son las siguientes:

  1. Confundir los deseos con la realidad o “whisful thinking”.  El creyente en los extraterrestres visitadores, desprovisto de pruebas, hace de su creencia una fe; sobre todo: quiere creer. Y si, en vez de Yahvé, o Alá, ha decidido creer en extraterrestres, estará dispuesto a aceptar como extraterrestre el carro de fuego de Elías, Jesucristo, las apariciones de Fátima, las luces del cielo, las figuras del trigo, Rosswell y ¡que le vayan echando! El anhelo por creer en algo superior está enraizado en la naturaleza humana debido a nuestro deseo de trascender y a nuestro miedo a la muerte. Los popes ufólogos lo saben bien, y lo explotan a fondo.
  2. Juzgar por las apariencias. Cualquier cosa inexplicada se atribuye por defecto a actividades alienígenas, y además se confunde lo inexplicado con lo inexplicable. Si Tomás de Aquino viviera hoy, sería seguramente un gran científico y se explicaría por qué la electricidad enciende una bombilla, pero seguiría encontrando igual de absurdo el misterio de la Santísima Trinidad, porque es una ocurrencia ilógica elevada a la categoría de misterio de fe.
  3. Inversión de la carga de la prueba. Como nunca se encuentran pruebas sólidas de visitas alienígenas, se pide al interlocutor escéptico que demuestre él que no se producen. Pero el responsable de aportar pruebas de lo que afirma es el que lo afirma. Algo no alcanza la categoría de cierto simplemente porque el interlocutor no pueda probar que es falso. Y sin embargo así está construida toda la teoría-tontería de los alienígenas ancestrales.
  4. Ataque personal contra científicos y escépticos. Como la ciencia se ha negado a aceptar a la ufología en su seno, se tilda al científico de servil, colaboracionista, miope y engreído en su “megaciencia”; y al escéptico se le dice que está dormido (es tonto) y necesita despertar.
  5. Afirmación gratuita. Los defensores de la ufología han optado por el orgullo de su situación marginal y, como Tertuliano, llegan a defender el “creo porque es absurdo”. Sirva como ejemplo que dentro del mundo de la ufología, lo que se considera como la prueba gráfica más sólida de la visita de extraterrestres es la llamada foto del astronauta en el fiordo, la instantánea de una niña en el campo, con un colmenero detrás, tomada por su padre: un bromista al que la chanza se le fue de las manos.
  6. Falsa autoridad. Los popes de la ufología se revisten de autoridad con el argumento del número de testimonios (“me lo ha dicho mucha gente”), y la calidad de algunos de ellos (“era gente importante, famosa, rica”); y presumen de haber pateado muchas carreteras y entrevistado a muchos lugareños, pero eso no es garantía de autenticidad.
  7. Apelación al miedo. La ufología comenzó a usar este argumento al incorporar a su arsenal dialéctico la explicación de algunos delitos especialmente crueles, como la desaparición de personas, aduciendo que son demasiado terribles para ser cometidas por humanos. Pero el ser humano, en cuyo potencial para el bien yo confío totalmente, también ha demostrado sobradamente los niveles de maldad que puede alcanzar, sin ayuda alienígena de ningún tipo.

Infografía sobre las falacias de la ufología

Escuela superior de ufología

Hoy no existe impedimento para montar instituciones de enseñanza ufológica superior de tipo privado. No más quejas, no más rencor. Pónganse manos a la obra. Con un público tan fiel la demanda será enorme y la rentabilidad estará asegurada. Entre las materias teóricas brillaría con luz especial la reinterpretación de los viejos textos y restos arqueológicos en el temario de la cátedra Von Däniken-Sitchin. Los incontables ovnis, abducidos y contactados compondrán las asignaturas prácticas y viajes de campo.

No podría haber laboratorio, dada la ausencia de pruebas y objetos, pero al fin y al cabo estudiar ufología no sería diferente a estudiar teología, o sea: una disciplina metafísica y sin objeto experimental, labrada en torno a un gran fenómeno sociológico de suposiciones imaginativas, alucinaciones, coacción (en el caso de la teología medieval) y testimonios fraudulentos, interesados o desequilibrados.

Sociología de la ufología

El único aspecto susceptible de estudio científico sobre fenómeno ovni es el sociológico: su nacimiento en la guerra fría, sobre un inconsciente colectivo sensible al mal uso de algunas tecnologías y sugestionado con la invasión extraterrestre; su extensión mediática en la década siguiente; su pérdida de fuelle por hartazgo y su renacimiento en la década de 1960, con las atrevidas trolas sobre abducciones y contactados; las sectas religiosas que ha inspirado (Puerta del cielo, Cienciología); su reclusión al campo del misterio, al que ha fagocitado completamente y su huida final hacia adelante pretendiendo tener la explicación total a la historia con la “postura alienígena”.

La ufología no nos ha traído el conocimiento de vidas o inteligencias extraterrestres, pero si nos ha puesto de nuevo ante la quijotesca variedad de la imaginación humana para inventarse sueños, ante la desfachatez de algunos dispuestos a lo que sea para vivir del cuento, y ante la ingenuidad de otros dispuestos a aceptar cualquier explicación que refuerce su fe en algo superior a lo humano.

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