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La Tierra plana en la edad oscura

Todos pensaban en una Tierra plana en la edad oscura

La así llamada edad oscura, abarcaría desde el final del imperio romano de occidente o quizás desde que el cristianismo se hace religión oficial, hasta el surgimiento de las universidades, es decir desde el año 475 d.C. hasta aproximadamente el1200 d.C.

Existe un tópico respecto a esta época “dura” de la edad media, según el cual la ignorancia general aumentó de forma tan alarmante, que se volvió a pensar que la Tierra era plana o que tenía forma de cofre y que la idea de la esfericidad sólo se recuperó cuando la cultura árabe tradujo los textos de la antigüedad clásica, en particular el Almagesto de Claudio Ptolomeo (100-170). Posteriormente, y según este tópico, la idea arribó a la Europa cristiana traída a occidente por los cruzados y más tarde por mercaderes y marineros genoveses y venecianos.

Los años oscuros: ignorancia y Tierra plana

Este tópico o lugar común queda bastante bien plasmado en una escena de la película Ágora (2009), del director español Alejandro Amenábar (1972-). El barrendero que interpela a los “parabolani” y que piensa que la Tierra es un cofre a imagen del tabernáculo bíblico es un buen representante de las ideas que, por la fuerte influencia religiosa, anidaban entre los miembros de las clases no instruidas y que recogió un siglo más tarde el navegante, mercader y luego monje nestoriano al que se ha dado en llamar Cosmas Indicopleustes (cerca de 550 d.C.).

Infografía: ideas sobre la Tierra plana durante la edad oscura

Esto ocurría con las clases populares, pero cuando se habla de conocimiento en la antigüedad es necesario distinguir siempre entre el nivel culto y el nivel ignorante. En el nivel ignorante todas las fantasías pueden tener cabida, incluidas las supercherías impuestas por la lectura mostrenca de textos religiosos, pero en los niveles cultos nunca se perdió la idea de una Tierra esférica e inmóvil, que está en el centro del universo, con los planetas y el Sol enclavados en esferas giratorias transparentes y perfectas, con epiciclos acoplados y las estrellas en la esfera fija final, al fondo, limitando el universo. Hipatia de Alejandría (355,370?-415,416?) y sus discípulos pueden representar en la película antes citada a las clases instruidas en un mundo que estaba contemplando su propio derrumbe, lento pero implacable.

Cayó el Imperio Romano de Occidente en 475 d.C. y ya en aquellos tiempos las clases populares hicieron su propia interpretación apocalíptica de esos eventos, ignorantes de que el fin de su mundo romanizado del antiguo norte de África no iba a llegar de manos de Cristo bajando entre las nubes de la tapa del cofre, sino de las invasiones consecutivas de los vándalos en primer lugar y de los árabes un par de siglos más tarde.

Si bien el citado Almagesto, el libro de Ptolomeo, sobrevivió gracias a las traducciones árabes y luego desde Al-Ándalus se pasó al latín para distribuirse por la cristiandad, también es cierto que la esfericidad de la Tierra estaba asumida en los universos teóricos de Platón (428-347 a.C.) y Aristóteles (384-322 a.C.) y en los ambientes cultos de los peores años oscuros de la nueva Europa barbarizada y cristiana nunca se puso en duda la autoridad de estos dos grandes sabios y nunca se tuvo por cierta la idea de la Tierra plana.

Borde de la Tierra plana según se suponía a veces durante la Edad Oscura de la ciencia

Junto a estas nociones, es cierto que el hombre culto de los años oscuros desconoce la gravedad y aplica la noción aristotélica de lugar natural para explicar la posición de los objetos. También existen una serie de ideas exóticas sobre la geografía de los continentes y la naturaleza del hemisferio sur, como por ejemplo que hace un calor infernal y que aquel que se aventure por latitudes demasiado meridionales luego no podrá “ascender” de vuelta al hemisferio norte porque se encontrará como caído en un pozo.

La penuria y la miseria provocaron que el círculo de los niveles cultos se redujera apreciablemente y durante la época crítica se refugió casi por completo en los monasterios. Cuando surgió el monacato cristiano de occidente, éste se convirtió en el refugio natural del hombre preocupado por atesorar y conservar conocimiento. En aquellos primeros años oscuros se realizó  una labor imprescindible para la preservación de los conocimientos de la ciencia antigua.

Los últimos testigos de la ciencia antigua

Marciano Capella (Siglo V d.C.) escribió el texto con el aparatoso título “Las nupcias de Filología y Mercurio: las siete artes liberales”, que pese a su mediocre nivel científico fue una referencia obligada en la “educación superior” de la época y se difundió por Europa durante toda la Edad Media.

Boecio (480-524) escribió su “Consolación por la filosofía” y realizó compilaciones de la aritmética de Nicómaco y de los tratados de música de Euclides y Ptolomeo.

Casiodoro (480-575?), que aprovechó el período de relativa seguridad de la reconquista justiniana para recorrer con paciencia ejemplar el imperio romano, buscar textos y llevarlos al convento de Vivarium, fundado por él en Calabria, donde los monjes fueron pioneros en la copia de textos científicos y literarios del pasado, muchas veces sin entender ni una palabra de lo que escribían. Sin su esfuerzo, gran parte de saber de la antigüedad habría pasado al pozo del olvido y el Renacimiento probablemente no habría llegado a tiempo.

Gracias a la actividad de estos últimos testigos de la ciencia antigua, la idea de una Tierra esférica nunca se perdió en los círculos cultos de la edad media. Así lo demuestran los escritos de autores medievales como los citados Capella, y Boecio, San Isidoro de Sevilla (556-636), Beda el Venerable (672-735), y el mismo Dante Alighieri (1265-1321) en sucesión cronológica. Así lo demuestran representaciones pictóricas y dibujos a mano alzada encontrados en los códices. Así lo demuestra el símbolo de la cruz cristiana sobre el orbe esférico del mundo. En lo que a mi respecta, este punto no necesita más aclaración.

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