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La roca: un viaje iniciático

La Roca: una mala película de acción

“La roca” se estrenó en 1996 como un thriller de acción en el que un grupo de militares de élite se hace con el control de ciertas armas biológicas, se atrinchera en la isla de Alcatraz, cerca de San Francisco, y chantajea al gobierno de EEUU con el bombardeo de la ciudad con armas químicas de destrucción masiva, si no se atienden unas aparentemente justas reivindicaciones de indemnización para las familias de los soldados caídos en misiones secretas. Las críticas fueron ambivalentes. La trama narrativa es simple y lo fía todo a la acción y a las explosiones, con el fondo de una leve tensión dramática por la amenaza sobre San Francisco, cuyas calles, como no, son el escenario de una persecución de coches. La definición de personajes es ramplona y se apalanca en el clásico dúo de caracteres opuestos que, obligados a colaborar por la seguridad nacional, terminan respetándose y ayudándose por encima de convencionalismos legales. Son Nicolas Cage y Sean Connery, respectivamente el agente del FBI Godspeed, doctor experto en armamento bioquímico, y el agente Mason, miembro del servicio secreto británico, que conoce los secretos inconfesables de la clase política americana de la segunda mitad del siglo XX, entre ellos el asesinato de Kennedy y ¡qué boda sin la tía Juana!, “el extraterrestre de Rosswell”, en palabras del propio jefe del FBI, el odioso Womack. Ed Harris, como siempre, hace de malo de forma bastante competente.

¿Por qué hay símbolos en las películas?

La aparición de símbolos relacionados con sociedades secretas, es muy querida por los amantes de las teorías conspiratorias y refuerza sus convicciones de que el negocio del entretenimiento está controlado por ciertos círculos de poder y dedicado a vomitar productos manipulativos y adormecedores, llenos de mensajes, más o menos subliminales, que incitan a lo que interese a la élite en ese momento preciso, desde la inacción, el conformismo y la pachanga, hasta la revolución, la toma de los palacios de invierno o incluso la destrucción personal y el suicidio. Para disgusto de mis amigos filo-conspiratorios, y aunque comparto con ellos la afición por el estudio de la simbología, he de decir que salvo en contadas y probadas excepciones, que las hay, yo mantengo opiniones distintas sobre estas coincidencias simbólicas, que creo debidas al gusto de los guionistas por el recurso facilón y el lugar común, por lo que funciona y despierta morbo. He buscado mucho en internet y no he encontrado ningún análisis simbólico sobre “La roca”, así que me llena de alegría abrir el melón de la abundante y espesa simbología esotérica que está incluida en la película, aparentemente tan plana.

Composición gráfica inspirada en la película La roca, del año 1994

Masonería, gobierno y banca

El agente británico se apellida Mason, es decir, masón, pues él mismo le recuerda a Godspeed la importancia de la etimología del apellido. La etimología es un método de conocimiento esotérico: etymos=verdad, logos=palabra. Mason conoce los trapos sucios de la política “americana” y su negativa a entregar las pruebas le ha costado la prisión ilegal durante 33 años; metafóricamente es un maestro masón de grado máximo según el rito escocés (Connery, además, es escocés). Su única conexión con el mundo real es una hija que aparece fugazmente. Pero ante la amenaza terrorista interna, el gobierno necesita información para para acceder a Alcatraz por su red de túneles, un conocimiento que solo Mason tiene, pero no escrito en planos, sino guardado en su memoria. Mason no revelará estos misterios a cualquiera, sino que liderará personalmente un viaje iniciático que solo superará Godspeed, intelectual con un doctorado en biología y héroe destinado al éxito en la gran causa.

Mason recibe un cuarto de dolar que el agente del FBI, Womack, le tira con desprecio, pero lo usa para romper, o mejor dicho para “pasar al otro lado del espejo”. El dinero está en manos de los masones, y lo manejan para saber lo que realmente está pasando. Recordemos que una teoría conspiratoria atribuye a la masonería, nada menos que el gobierno económico mundial en la sombra, como reflejaría el reverso de los billetes de dólar, con su pirámide, su ojo que todo lo ve y muchas otras cosas que ya detallaremos otro día. La masonería no confía en las propinas del gobierno, y Mason lo expresa con una frase de Virgilio: Timeo Danaos, et dona ferentes (Virgilio, Eneida 2,49), es decir, “Temo a los griegos, aunque traigan regalos”. En este caso los masones hacen bien en desconfiar, pues son traicionados por el gobierno blanco protestante anglosajón (WASP), personificado en citado director del FBI, Womack, que rompe traicioneramente el acuerdo firmado con Mason. El gobierno queda muy mal parado en esta película; es traidor, tacaño y mezquino. La simbología del apellido de su representante, Womack, apunta, en mi opinión, a dos palabras: “woman” y “fuck”, que no desentonan en el tono de exagerada virilidad del ambiente ranciamente machista de la película: “el ganador se folla a la reina de la fiesta”, le dice Mason a Godspeed justo antes de ascender la escalera inciática.

Laberintos y túneles: viaje iniciático

Solo el conocimiento secreto del maestro masón permitirá al grupo de rescate sortear el laberinto (otro símbolo iniciático) de túneles bajo Alcatraz, isla llamada La roca (otro símbolo masónico: la piedra que el aspirante debe pulir); superando pruebas de agua (buceo al llegar), de fuego (una vez al entrar a abrir la puerta infernal, como maestro de máximo grado, y otra en los túneles), de aire (casi muere ahogado por un marine) y de tierra (escapará de la cárcel). La fuerza no sirve de nada en esta misión, y por eso el escuadrón de defensa que acompaña a Mason y Godspeed es aniquilado de buenas a primeras. Ya dije que Godspeed es advertido por Mason sobre la etimología de su apellido, que literalmente significa buen viaje, buena fortuna, ve con Dios. El doctor en biología no tiene experiencia en combate, pero tutelado por el maestro masón recorrerá el laberinto de túneles en el que tendrá que superar sus miedos y terminará abriendo, literalmente, su corazón, al clavarse la jeringa con el antídoto para no morir envenenado. Vuelto de esta muerte simbólica, encenderá las dos bengalas de humo verde que anuncian el éxito: son las dos columnas del templo de Salomón, símbolo masónico por excelencia. Godspeed será rescatado de su último bautismo de fuego y agua por el propio maestro de ceremonias, Mason. Ha completado su proceso de iniciación, ha renacido y ya es también un maestro.

Infografía con los significados esotéricos de la película La roca, del año 1994

Simbolismo religioso y conclusión metafórica

Quizás no sea apropiado decir que la masonería es una religión, pero dado que es un grupo organizado en el que se reconoce la creencia en un ser supremo al que llaman “el Gran Arquitecto del Mundo”, y al que algunos identifican con Júpiter, otros con Yahvé, Horus, Lucifer, Apolo, Baco y con muchos otros dioses y semidioses cristianos y paganos, no me parece mal llamarla secta, dicho sea esto sin ánimo de ofender. Godspeed no declara su confesión, aunque su perfil apunta, en mi opinión, al judaísmo laico. Pero quién sí la declara machaconamente es su novia, la católica Carla (etimología: hombre), que curiosamente esgrime su fe para pedirle matrimonio porque ¡está embarazada! y lo hace en mitad de un tórrido encuentro sexual pre-matrimonial en la terraza de su piso, algo profundamente anticatólico, por muchos cirios que se pongan alrededor.

En resumen: un judío laico amancebado con una católica pecadora e iniciado por un maestro masón, obtiene las pruebas de los desmanes del gobierno, pruebas que la masonería ocultaba en el eje espiritual WASP: la pata del primer banco de una iglesia luterana dedicada a San Miguel (el de la espada flamígera, como el masón de grado 33) en medio de Kansas. Comprendemos entonces que aunque el protestantismo blanco anglosajón tenga el gobierno, la alianza masónico-judeo-católica controla el dinero y conoce sus inconfesables secretos. En la escena final Godspeed y Carla ya están católica y felizmente casados y huyen con los microfilms que contienen los secretos inconfesables del poder, mientras el pastor protestante vocea inútilmente su vandalismo.

-¿Quieres saber quién mató realmente a Kennedy?— Pregunta Godspeed mientras echa un vistazo al microfilm, al final de la película. Y después de todo lo dicho, alguien podría pensar que la respuesta que sugiere la cinta está clara. Pero conviene recordar que pese a toda esta serie de coincidencias simbólicas todo esto no es más que una fantasía.

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