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Juan el Bautista: La voz que clama en el desierto

El enredo judío de la época de Juan el Bautista

Cuando la Judea de los años del principado de Augusto (63 a.C.-14 d.C.) y Tiberio (42 a.C.-37 d.C.) quedó anexionada al estado romano y sometida a su misma disciplina impositiva, el ansia de liberación local alcanzó su máximo. Como ya había pasado con babilonios, egipcios, persas y griegos, el pueblo de Israel quedaba otra vez bajo el férreo yugo de una potencia invasora. Para el ciudadano judío medio, que vivía convencido, no ya de que su dios Yahvé era el más grande, sino de que era el único, esta situación de perenne subyugación del pueblo elegido solo se explicaba por una pérdida del favor divino; un castigo del gran dios debido a algún enojo, a los que era tan propenso.

La única solución posible, según el juicio general y de acuerdo a lo establecido en las profecías, era de tipo mesiánico. Cuando a Yahvé se le pasara el enfado, aparecería un enviado suyo y lideraría un proceso revolucionario contra el invasor romano. El clima pre apocalíptico en los aspectos políticos y religiosos era palpable.

Juan el Bautista y el ascetismo esenio

El judaísmo de la época era una religión caleidoscópica, con diferentes sectas que denotaban la clase social y el posicionamiento teológico: saduceos (clase sacerdotal controladora y colaboracionista), fariseos (progresistas acomodaticios), zelotas (revolucionaria), y especialmente los esenios, que en su versión más radical vivían enclaustrados en la comunidad de Qumrán, esperando el inminente apocalipsis del que creían que solo ellos, como creyentes de calidad, se iban a librar.

Infografía sobre la peripecia vital de Juan el Bautista

Para ser candidatos dignos a sobrevivir ese fin del mundo, los esenios llevaban una vida ascética que creían que era agradable a Yahvé: eran célibes, colectivistas, estudiaban y comentaban las escrituras, según sabemos por los Manuscritos del Mar Muerto, y se bañaban obsesivamente de forma ritual como símbolo de purificación. Pero la historia nos ha demostrado repetidamente que inventarse una teología tiene sus riesgos. En cualquier momento aparece alguien inspirado que progresa en una dirección inesperada y el cisma está servido. Efectivamente, a este retiro junto al mar Muerto habían llegado muchos a lo largo de las décadas, atraídos por el ascetismo esenio, pero algunos no completaban el período de iniciación y unos pocos se convertían ellos mismos en nuevos teólogos y se echaban al camino como santones que luego de una estancia ritual en el desierto o la espesura, recorrían las riberas del Jordán aplicando su propia visión de la filosofía esenia. Y aquí es donde razonablemente podría encajar la figura de Juan el Bautista.

Juan el Bautista en los evangelios

Sin embargo la realidad sobre nuestro conocimiento de la figura y la vida de Juan el Bautista es un tanto descorazonadora y se parece bastante a la situación con Jesús, con el agravante de que en el caso del Bautista los evangelios, lógicamente, nos ofrecen muchos menos datos.

En Lucas tenemos noticias sobre su origen que, como en el caso de Jesús, también es concebido por obra y gracia divina y anunciado a su sufriente y viejo padre Zacarías por el inefable arcángel Gabriel, digno candidato a patrón de los espías, pues no hay fregado informativo “vetero” o “neo” testamentario en el que no esté metido e incluso al mismo Mahoma parece que le susurró el Corán. Por cierto, Gabriel se gasta un genio considerable, y al igual que regañaba al pobre Daniel por su dureza de mollera, deja mudo al bueno de Zacarías por sus vacilaciones sobre la capacidad fecundadora de su matrimonio con Elisabeth.

También Lucas nos da la pista sobre el parentesco por línea materna entre Juan y Jesús: y es que Elisabeth y María son primas. En una visita durante sus respectivos embarazos tiene lugar quizás la escena más tierna de las sagradas escrituras; Juan salta de alegría en el vientre de su madre cuando se nota cerca de Jesús, en el vientre de la suya. Según Lucas Juan es 6 meses mayor que Jesús. De su infancia sabemos poco o nada. Un famoso cuadro de Murillo (1617-1682) nos pinta a ambos compartiendo juegos, ya con simbología cristiana anticipadamente incluida, pero Lucas afirma que Juan vivió en el desierto hasta que apareció abiertamente en Israel.

En Mateo 3 y Lucas 3 aprendemos que cuando la familia de Jesús se establece en Nazaret, Juan apareció por el desierto de Judea, concretamente por la ribera del río Jordán. El evangelio de Juan es más preciso y sitúa al Bautista específicamente en Betania, lanzando a los cuatro vientos su mensaje apocalíptico de arrepentimiento urgente (“El Reino de los Cielos está al llegar”, “El hacha ya está presta a cortar”), colectivismo y crítica abierta a la “nomenklatura” judía.

El Bautista viste harapos de piel de camello atados con un cinturón de cuero y se alimenta de insectos y miel silvestre. La gente acude en gran número a oír su prédica y a los que acceden los bautiza en el río Jordán. Parece tener un poder de convicción especial con los recaudadores de impuestos (figura que despertaba un odio visceral pues el dinero iba a manos de Roma). La gente le pregunta si es el esperado Mesías, pero él lo niega y dice que solo es “La voz que clama en el desierto”, cumpliéndose así la profecía escalonada de Isaías y Malaquías: un profeta que anuncia (“prepara el camino”) a otro profeta, que anuncia a El Mesías. Entre los que acuden a ser bautizados por Juan está Jesús, pero al acercarse al río, Juan lo reconoce al instante como “el que viene detrás de mí”, “el cordero de Dios”, “el hijo de Dios”.

Alegoría sobre el bautismo de Jesús por parte de Juan el Bautista

Juan el Bautista y Jesús de Nazaret

En Juan (evangelista) 3.22 aprendemos también que el día siguiente al del episodio del bautizo en el Jordán, el Bautista y Jesús se encuentran otra vez, y dos de sus discípulos, los hermanos Simón Pedro y Andrés, se marchan definitivamente con el rabino (maestro) Jesús, que arranca entonces su propia carrera mesiánica. De los evangelios se puede deducir que al principio Jesús actúa fundamentalmente como sanador: reúne a multitudes que acuden hasta desde Siria y efectúa curaciones en lo que hoy podríamos denominar “performances” que complementa después con sermones. Inicialmente estos sermones siguen la estela del mensaje de Juan el Bautista: “Arrepentíos porque el Reino de los Cielos está al llegar” (Mateo 4.17) aunque luego evolucionan en una dirección propia.

También Juan (evangelista) 3.22 nos cuenta como después de su encuentro en el Jordán y tras recorrer el desierto de Judea bautizando a la gente al estilo de “La Voz…”, Jesús y sus discípulos se encuentran en un lado del río y Juan y los suyos en el otro, de donde se deduce que debió de existir un periodo de actividad bautismal paralela de Juan y Jesús. Pese a que algunos discípulos del Bautista sienten celos del éxito de Jesús, Juan lo apoya sin reservas como auténtico enviado de Dios. Pero el respaldo que se prestan Juan y Jesús es mutuo y en Lucas 7.18 el nazareno le dedica este confuso halago:

“Yo os digo que nunca ha nacido nadie más importante que Juan, aunque la persona menos importante del Reino de Dios es más importante que él”

La pista del Bautista se diluye después y es en Marcos 6.14 y Mateo 14 donde aparecen noticias sobre su terrible final. Y es que además de su prédica apocalíptica, parece ser que Juan también había lanzado invectivas contra la ajetreada vida sentimental de Herodes Antipas (20 a.C.-39 d.C.), tetrarca de Galilea, que se había divorciado de su mujer para casarse con Herodías, ex mujer de su medio hermano Felipe, tetrarca de Iturea. El alboroto creado debió de ser mayúsculo y ya nunca sabremos si por influencia de la hija de Herodías (tradicionalmente conocida como Salomé) o por decisión del tetrarca, Juan terminó con sus huesos en la cárcel y con su cabeza seccionada.

La lógica nos lleva a suponer que Jesús redobló su actividad bautismal y predicadora tras el deceso de Juan y quizás por eso en Lucas y Marcos hay cierta confusión en torno a Herodes siendo informado de que Juan ha resucitado de entre los muertos. En cualquier caso, en Lucas 23.8 se nos informa de que, ya con Jesús arrestado en Jerusalén, y al saber Pilatos que era galileo, quiso quitarse de encima la responsabilidad del juicio mandándolo a Herodes. Parece que el ambiente de aquel interrogatorio se podía cortar con un cuchillo y todos esperaban que Jesús se destapara con alguno de sus milagros, o al menos rompiera una lanza por el Bautista, pero parece que optó por el silencio. Pilatos y Herodes se hicieron grandes amigos y en principio el gobernador romano decretó sólo una tanda de azotes para el galileo, pero como ya sabemos, la intervención de la “brigada saducea de asuntos internos”, el carácter melifluo de Pilatos y los gritos del populacho, siempre ávido de espectáculos crueles (“¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”) llevaron la historia por caminos muy distintos.

Juan el Bautista en la historiografía

Aparte de los evangelios, que en un análisis imparcial se deben considerar como textos propagandísticos, tenemos menciones a la vida de Juan el Bautista en la obra del historiador Flavio Josefo (37-101 d.C.  ) quien en sus “Antigüedades”, libro 18, capítulo 5,2 nos informa de que Juan el Bautista fue un buen hombre que animaba a los judíos a ser virtuosos y los bautizaba para purificarlos, pero Herodes lo mató porque su prédica llevaba la semilla de la rebelión. Hay que decir, sin embargo, que muchos pasajes de los escritos de Josefo ofrecen también dudas razonables sobre su autenticidad.

Juan el Bautista es una figura de importancia capital en todas las tradiciones cristianas, tanto occidentales como orientales e incluso en la musulmana, en la que es un importante profeta. El historiador Paul Johnson (1928-) lo llega a calificar como “la segunda persona en orden de importancia dentro del cristianismo”. Las fiestas en su honor abundan en el calendario y aunque, en un rito pagano por cierto, bailemos por él a la luz del fuego en el solsticio de verano, cuando repasamos nuestros datos fiables nos damos cuenta de que su persona se sumerge casi por completo en la oscuridad.

Alegoría de Juan el Bautista mostrando a sus seguidores el cordero de Dios

Enseñanzas y filosofía de Juan el Bautista

Si es cierto que el Bautista estuvo en el desierto, esto nos puede indicar que antes tuvo contacto con los esenios y tomó de ellos la liturgia del bautismo, el colectivismo como solución a las desigualdades, la obsesión por la pureza, el celibato y la manía apocalíptica. Pero aparte de sus exhortaciones al fin del mundo, y su llamada a la observación de la ley judaica en los aspectos de decoro matrimonial, no sabemos con precisión que es lo que enseñaba, o si proponía una reforma religiosa o una teología nueva a partir del radicalismo esenio.

Origen mejorado de Juan el Bautista y relación con Jesús de Nazaret

Su supuesto parentesco con Jesús es altamente improbable y parece obedecer a una necesidad de otorgarle el caché evangélico digno del profeta que prepara el camino a el hijo de Dios, y se lo da en su doble cualidad de primo de Jesús y engendrado también por obra divina. Además es chocante que cuando los dos hombres hechos y derechos se vuelven a encontrar en la ribera del Jordán, no hagan ninguna referencia a ese vínculo: “¿Cómo estás, Primo?”.

Aunque parece evidente que tuvo una relación “profesional” con Jesús, no podemos asegurar concluyentemente que fuera de maestro-discípulo. Hay datos que apuntan en esta dirección pues Jesús fue uno más de los que se bautizaban con Juan y empezó su propia prédica copiando su mensaje “Arrepentíos…”. No sería exagerado decir que es posible entender a Juan sin Jesús, pero no al revés.

Pero desde el punto de vista racional desconocemos el concepto que Juan tenía realmente de Jesús y hemos de conformarnos con la versión evangélica. Es razonable pensar en un Juan deslumbrado por las dotes de aquel ex carpintero elocuente de personalidad magnética y con un don para la sanación, que además compartía su visión teológica del mundo. Pero esto no deja de ser pura especulación.

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Comments

This post currently has 3 responses

  • ¡Bah!El mundo antiguo era un teatro con unos pocos megalómanos supersticiosos preocupados únicamente por tener contentos a sus inexistentes diosecillos para que no les movieran su silla de poder y de descerebrados o astutos aduladores ocupados en inventar y mantener vivas las supercherías que sujetaban esa tramoya imaginaria y les permitían mantener su estatus para seguir viviendo a costa de la masa escalvizada. Todas las culturas antiguas han contado con alguna forma de este sistema profético para poderosos. Eso eran los oráculos de Cumae, Delfos, Siwa, sitios donde algunos locos o listos fabricaban fábulas que los potentados querían oir.
    El común de los mortales ya se podía ir pudriendo. Agradezgo que no me haya tocado vivirlo.

    • Pues puede ser que el mundo antiguo fuera en parte el teatro que tú dices, Rodi. En cualquier caso, lo pasado, pasado está y teatro o no teatro, intentamos analizar esas formas de ver las cosas en la creencia de que entenderlas nos ayudará a ser mejores y comprender mejor nuestra propia época. No hace más que unos meses un predicador americano profetizaba el fin del mundo para mayo de 2011, y ahora estamos en plena antesala del profetizado apocalipsis maya para diciembre de este 2012. Mucha gente toma decisiones importantes para sus vidas en función de estos datos absurdos. La profecía es un oficio que no ha desaparecido, ni mucho menos.
      Al igual que tú, yo también me siento más cómodo en esta época.

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