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Habituales malentendidos sobre dinosaurios

Primeros malentendidos sobre dinosaurios

Los primeros fósiles de dinosaurio fueron descubiertos allá por el año 1824 por el naturalista británico William Buckland (1784-1856) quien interpretó que pertenecían a una especie de gigantesco lagarto prehistórico, de más de 12 metros de tamaño, al que denominó megalosaurio (gran lagarto). Solo un año más tarde otro científico llamado Gideon Algernon Mantell (1790-1852), también apasionado por el estudio de los fósiles, publicó su descubrimiento de los restos petrificados de algo que parecía una gigantesca iguana prehistórica, a la que llamó iguanodonte (diente de iguana). Como podemos ver, los primeros pasos en el mundo de los dinosaurios, apuntaban a versiones titánicas de los actuales reptiles comunes.

Pero en 1842 el también naturalista británico Richard Owen (1804-1892), apreció que aquellos restos no pertenecían a lagartos ni a iguanas gigantes. El tamaño, la robustez, la anatomía que se intuía de la forma de los huesos de piernas y costillas apuntaban a una especie de reptiles seguramente extintos y con algún parecido a los grandes mamíferos. El señor Owen fue el que sugirió el nombre dinosaurio, que proviene de la unión de las palabras griegas “deinos” (terrible) y “sauros” (lagarto).

Alegoría de la dura labor del paleontólogo que excava en busca de fósiles de dinosaurio

 Fascinación por los dinosaurios

La existencia de tantas y tantas especies de dinosaurios ahora extintas no ha dejado nunca de provocar la fascinación de la gente y de inspirar a los creadores de todo tipo. Ya en 1912 Arthur Conan Doyle (1859-1930) escribía su novela “El mundo perdido” que con algún pequeño cambio sentó básicamente las reglas de las aventuras modernas con dinosaurios que podemos leer décadas mas tarde en los cuentos de Isaac Asimov, Ray Bradbury o Michael Crichton y que son:

  • Por algún motivo parte de la especie sigue viva: aislamiento, clonación, viaje en el tiempo
  • Un grupo de gente heterogéneo se desplaza allí: habitualmente siempre hay un paleontólogo que desempeña el papel de cicerone, una mujer hermosa que crea el dipolo de tensión bella-bestia y el imprescindible héroe rescatador
  • Se produce una situación de peligro por amenaza de los monstruos
  • El héroe y la chica consiguen salvarse abandonando el lugar y el científico se sacrifica o se queda allí para dar rienda suelta a su pasión investigadora

Todo el gran potencial que encierra la figura del lagarto terrible como monstruo arquetípico quedó de manifiesto en la génesis de Godzilla, el dinosaurio mutante japonés que amalgamaba la fascinación por los dinosaurios con el terror a las radiaciones nucleares experimentado por los japoneses en carne propia al final de la segunda guerra mundial en las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Se suele pensar que la fascinación por los dinosaurios es un rasgo de personalidad infantil, pero en realidad responde, según cuenta José Luis Sanz en su libro “Pequeña historia de los dinosaurios” a una idea ancestral de asombro ante lo gigantesco, quizás grabada en nuestro inconsciente colectivo de especie que podríamos denominar “la llamada del cíclope”.

El ritmo de descubrimientos

El ritmo de descubrimientos de la paleontología actual en la rama de los dinosaurios es trepidante y no es exagerado decir que se identifica al menos una especie nueva cada semana. De vez en cuando las grandes excavaciones de las obras civiles descubren yacimientos de fósiles de dimensiones tan colosales como debieron ser las de aquellos animales. Materiales para el estudio y la clasificación han salido de las trincheras del ferrocarril en Cuenca (España) que pueden dar trabajo a una generación entera de paleontólogos. Especies que no han visto la luz del sol desde hace cientos de millones de años (las primeras apariciones de dinosaurios en el registro fósil se remontan a unos 230 millones de años) reciben ahora los honores del nombre científico en latín (idioma también extinto, o casi) y motes cariñosos como “Pepito”.

Todo el mundo es consciente del interés que despiertan los restos de estos viejos titanes y de su potencial aprovechamiento turístico. Así, en casi todos los sitios en los que aparece un yacimiento (fósiles, huellas) surge como acompañamiento un parque temático o un museo con dinosaurios a escala real merodeando por los alrededores. Estas instalaciones se esfuerzan por acercar al gran público el detalle de la labor paleontológica y consiguen acercarnos un poco más a aquel mundo desaparecido que nos lleva a reflexionar sobre nuestro propio futuro como especie y nos hace preguntarnos si nuestro destino también es ser estudiados como fósiles dentro de cientos de millones de años.

Infografía: malentendidos más comunes sobre dinosaurios

¿Dinosaurios marinos y voladores?

En la paleontología actual existen tres ramas de la familia de los dinosaurios:

  1. Terópodos: carnívoros de formas bípedas, que son las más primitivas
  2. Saurópodos: herbívoros, tanto bípedos como los grandes cuadrúpedos
  3. Ornistíquios: gran variedad de formas herbívoras con pelvis de ave

Pero es normal ver identificados como dinosaurios a algunos reptiles que no lo son, ya sea reptiles marinos como el plesiosaurio y el ictiosaurio y también a algunos reptiles voladores como los pterosaurios, que a pesar de ser parientes próximos no tienen las particularidades esquelético-anatómicas que definen a los dinosaurios.

Los paradigmas o teorías sobre dinosaurios

Tras la época inmediatamente siguiente a su descubrimiento en la que, siguiendo el criterio de Richard Owen, se tendía a considerar a estos animales   como grandes reptiles con aspecto de mamíferos, se pasó a una época intermedia en la que dominó lo que se conoce como el paradigma de los dinosaurios tontos. Según esto los dinosaurios eran casi aberraciones de una época disparatada en la que a la naturaleza le había dado por lo grande, generando esos monstruos con crestas, espinas, colas y cuernos que no servían para nada. Pasados unos cientos de millones de años, la propia naturaleza corrigió su error haciendo que se extinguieran. La interpretación moderna que se gestó en los años 1970, otorga a los dinosaurios su sitio correcto en la teoría de la evolución y ha intentado explicar su extinción por un conjunto de factores coadyuvantes: vulcanismo, cambio climático y el gran impacto de un asteroide con la Tierra hace unos 65 millones de años.

Sangre fría o caliente

Este eterno debate se ha decantado últimamente por la sangre caliente, como la tienen también los mamíferos y las aves.  Parece que así lo apuntalan las evidencias paleoclimáticas (los dinosaurios vivían en climas templados), anatómicas (patrones de crecimiento parecidos a los mamíferos) e isotópicas (la proporción de ciertos isótopos del tejido dental señala la regulación térmica del cuerpo).

¿Están extinguidos los dinosaurios?

El estrecho parentesco entre dinosaurios y aves se discutió durante mucho tiempo en la comunidad científica, pero después de las evidencias anatómicas y del descubrimiento de los primeros dinosaurios con plumas en China en 1996, hoy se acepta que las aves son descendientes de un grupo de dinosaurios terópodos con plumas. Se cree que las primeras especies de terópodos emplumados eran no voladoras, aunque estaban dotadas de plumas por la evolución como medio de regulación térmica. Los subsiguientes cambios evolutivos apuntaron al desarrollo del vuelo en algunas de estas nuevas especies avícolas y permitieron que otras llegaran a nuestros días sin desarrollar esa capacidad, como las gallinas y avestruces.Safe Creative #1310168779373

 

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