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Evolución y creacionismo: secretos de un mundo complejo

Estadística, evolución y creacionismo

Uno de los argumentos más famosos que se esgrimen en la controversia entre evolución y creacionismo es el de la improbabilidad estadística de que el mundo haya alcanzado el nivel de complejidad que podemos observar hoy, debido solo a las simples “casualidades” de la evolución. Ted Haggard, ex-presidente de la Asociación Nacional Evangélica de USA, conversa con Richard Dawkins en 2006 y sintetiza muy bien la tesis de la improbabilidad estadística con sus palabras:

“Pues mire usted, a veces es difícil para el ser humano examinar el oído o el ojo y aceptar que un órgano de tal complejidad haya surgido por accidente”.

El gran astrónomo y matemático Fred Hoyle, a quién ya citamos en la entrada sobre los monos escritores, se refirió también a la improbabilidad estadística de la hipotética formación de una célula viva en la sopa primordial de la tierra arcaica en términos si cabe aún más irónicos que con los monos:

“La formación de una célula viva a partir de una sopa química inanimada es tan probable como el ensamblado de un 747 por un torbellino que pasa a través de un depósito de chatarra.”

Hombre perplejo ante la complejidad de la teoría de la evolución

Finalmente diremos que para apuntalar y reforzar el argumento de la improbabilidad estadística contra la teoría de la evolución se aducen dos motivos. El primero es una evidencia incontestable. El segundo es una pregunta trampa que se formula con prisa sobre una media verdad enunciada previamente.

  1. El motor fundamental del cambio en la teoría de la evolución es la mutación y resulta que la abrumadora mayoría de las mutaciones no son mejoras, sino “peoras” de las características de la especie.
  2. Aunque el ser humano ya ha excavado casi en toda la superficie de la tierra, todavía hay grandes huecos transicionales en la cadena de fósiles ¿Dónde están esos fósiles intermedios?

En definitiva, resumiendo y recuperando el argumento de Ted Haggard:

  • El ojo humano es demasiado complicado para deberse a una evolución a base de casualidades (sugiriendo por elipsis que algún ser superior lo ha diseñado)
  • Los huecos en la cadena de fósiles son demasiado grandes (sugiriendo por elipsis que en esos huecos ha habido intervenciones de seres superiores)

Y podemos extender el argumento allá donde vemos una cierta complejidad en los sistemas, particularmente en los órganos del cuerpo que nos sustenta (el ojo, el oído, el hígado…) y en el planeta que nos aloja, nuestro querido planeta Tierra. Por ejemplo:

  • El planeta Tierra está precisamente a la distancia del sol que permite que el agua se dé en estado líquido
  • El eje de la Tierra está inclinado precisamente 23 grados. Una pequeña variación trastocaría el régimen de estaciones causando cambios catastróficos en el régimen de los hielos polares y las aguas oceánicas.
  • La velocidad de rotación de la Tierra es de una vuelta cada 24 horas. Si fuera por ejemplo de una vuelta cada 3 horas los ciclos de luz y oscuridad no permitirían el crecimiento de las plantas.
  • La Luna está precisamente a 400.000 km de distancia de la Tierra. Si se acercara un poco más, las mareas anegarían incluso las montañas más altas.
  • Si los océanos fueran mucho más profundos, el dióxido de carbono y el oxígeno se habrían reabsorbido en el agua y no podrían existir plantas en la Tierra.
  • Si la atmósfera fuera más delgada, millones de meteoros que ahora se desintegran por fricción, llegarían a la superficie y causarían gran devastación.
  • Cuando la mayoría de las sustancias se contraen al congelarse, curiosamente el agua se expande y permite que se congele la capa superior y la vida marina siga en las profundidades.

En fin, el argumento de la improbabilidad estadística es todo un clásico de apariencia robusta, que sin embargo oculta muchas inexactitudes y puntos débiles y se apoya en unas cuantas falacias que conviene analizar.

El motor de la evolución no es la casualidad

En el argumento de la improbabilidad estadística se introduce de forma casi imperceptible una falacia de base, que es la equiparación de la evolución a un carnaval de las casualidades dónde todo está controlado (o mejor dicho descontrolado) por el mero azar y las cosas hacen aparecen “voilá” por accidente. Esta malinterpretación de salida posiciona “en contra de la casualidad” de forma inconsciente a los que somos legos, porque la idea de complejidad planeada por un ser supremo nos hace sentir especiales e importantes, parte de un plan global, con un sentido trascendente.

Pero pensar que podemos estar aquí por chiripa, por la carambola de que un reptil añejo sobreviviera de milagro al ataque de un depredador hace millones de años, por la suerte de que un pedrusco salido de lo más negro del espacio cayera en medio del océano en la noche de los tiempos; nos hace sentir insignificantes, como la hoja seca que se cae del árbol en otoño. La idea de uno o varios seres superiores que cuidan de sus criaturas predilectas, les echan una mano cuando tropiezan y están, por así decirlo, siempre ahí para cuando haga falta, es mucho más reconfortante que el incierto mundo de la aparente tómbola de la evolución.

Pero nos estamos dejando llevar al plano emocional y primero necesitamos revisar el concepto de “casualidad” o “accidente” y su aplicación al mundo natural. Para eso hablaremos primero del concepto de “orden”.

Supervivencia del más fuerte, NO. Reproducción del mejor adaptado, SI.

La evolución es un proceso dinámico en el que influyen dos grupos de causas: por un lado el medio ambiente y por otro la reproducción (herencia genética y mutación). Cada vez que hay reproducción, hay mutación de genes en el nuevo ser vivo, que crecerá con algunas características distintas a las de sus progenitores en un ecosistema condicionado por la selección natural. Selección natural no significa, como tantas veces se dice, la supervivencia del más fuerte, sino la supervivencia y sobre todo la consiguiente reproducción y transmisión de genes del mejor adaptado a las condiciones ambientales de ese momento.

La palabra “proceso” no nos debe llevar a pensar en un régimen planificado, controlado y dirigido desde dentro ni desde fuera. El sistema de la naturaleza es un todo en el que los factores interactúan y manifiesta su “orden” propio, a veces caótico y a veces equilibrado, nunca permanente, sino cambiante. Se trata de un orden desprovisto de la dirección, el propósito o el sentido que nuestras mentes racionales aplican a nuestras obras y proyectos, lo que nos hace verlo como desorden y por tanto tiene unas connotaciones aparentes de carácter negativo que en la naturaleza carecen de sentido. Para entenderlo formulémonos estas preguntas:

  • ¿Hay desorden en un desierto que hace millones de años fue el fondo de un mar y orden en una tranquila y productiva pradera triguera de la Ucrania central?
  • ¿Hay desorden en una selva frondosa habitada por especies que ni siquiera conocemos y orden en un bosque de pinos resineros de Alemania?
  • ¿Hay desorden en el clima terrestre con sus monzones, sus inundaciones, sus tormentas y orden en el clima de Marte con sus tormentas de arena de uvas a peras?
  • ¿Hay desorden en el torrente que se desborda en primavera en el norte de Siberia y orden en el majestuoso, tranquilo y navegable curso del río Danubio?
  • ¿Hubo un desorden cuando se extinguieron los dinosaurios o los Hombres de Neandertal?
  • ¿Es un desorden que África se empezara a partir por el Valle del Rift hace unos millones de años y que en otros tantos se llegue a separar en dos?

Nuestro criterio de orden es aplicable a nuestras actuaciones, pero carece de sentido para la naturaleza, que simplemente es. Todos los desórdenes antes mencionados tienen parte de culpa de que nuestra especie esté ahora donde está, de que yo haya escrito esto y tú, querido lector lo estés leyendo. Hablar de casualidades o como dice Ted Haggard “accidentes” en la naturaleza tiene el mismo sentido que hablar de orden. Ninguno. Las cosas simplemente ocurren y el juicio a posteriori sobre su carácter de accidentes o su orden es improcedente para aproximarse a la verdad.

Mutaciones positivas, negativas y procesos graduales

La gran mayoría de las mutaciones son negativas o dañinas, pero también es cierto que se dice pensando en el aquí y ahora. Seguramente las primeras células fotosensibles eran más blandas que el resto del cuerpo acorazado de los seres marinos arcaicos que desarrollaron la vista. Aquella blandura era una debilidad en apariencia, pero iba acompañada de la posibilidad de detectar movimientos a su alrededor de una forma más eficaz, y cuando esa información se pudo “procesar” por un sistema nervioso, resultó en una ventaja evolutiva. En ningún momento fue un proceso planeado desde fuera con una dirección determinada. Fue la combinación con el entorno y el ambiente lo que dio a la mutación el carácter positivo y seleccionó generación tras generación en favor de esa característica, que siguió mejorando hasta convertirse en el complejo sistema visual que observamos hoy en diversas variantes.

Es cierto que en algunos casos resulta casi imposible pensar en una circunstancia en la que tener, digamos, ojos en la planta de los pies, o uñas en los codos pueda ser una ventaja. Es casi imposible, pero no imposible.

Al igual que no nos hacemos adultos de un día para otro, ni viejos en un instante determinado, no hay un momento mágico en el que el ojo surge por accidente, sino que la selección natural en favor de esa característica fotosensible que apareció en esa mutación la va potenciando, refinando y dotando de complejidad con el paso de generaciones y generaciones de individuos.

Huecos en la cadena de fósiles

Ya hemos comentado que este supuesto motivo adicional para dudar de la evolución es una pregunta trampa formulada sobre una media verdad. Cuando se pregunta ¿Dónde están los fósiles que faltan? se presupone que ¡¿todos los seres vivos se fosilizan?! No es cierto. La fosilización es algo excepcional, no el destino normal de un cuerpo muerto. El número de seres vivos cuyo material constituyente se vuelve a biodegradar y reciclar completamente con el paso de los eones y la actividad climática y biológica en superficie es la mayoría. Por tanto no es extraño que nunca se encuentren restos de especies enteras de las que ya nunca sabremos nada y la respuesta a la pregunta trampa es: esos fósiles no están en ningún sitio porque nunca se llegaron a formar ya que sus cuerpos se descompusieron totalmente.

Por otra parte, siendo moderados y para no incomodar a nadie diremos que la afirmación de que ya se ha excavado todo el planeta es simple y llanamente una abultadísima exageración. Se ha excavado un poco y en muy poca profundidad en una pequeña parte de la tierra emergida, que es sólo el 30% de la superficie total del planeta. Si quitamos la Antártida, que supone el 10% de las tierras emergidas, la realidad es que se ha excavado una mínima parte, en una escasa profundidad, de algunas pequeñas partes de tierra emergida. ¡Ah! Y también se han hecho algunos sondeos en algunos puntos del fondo marino, claro. Esto es comparable a decir que se ha excavado completamente y en profundidad un campo de fútbol, cuando lo que hemos hecho es dar una palada en uno de los banderines de córner. Disculpen. No he podido resistirme a devolver la exageración.

Situaciones improbables y manos divinas

Ahora necesitamos un ejemplo para seguir adelante. La población del planeta está ya en los 7.000 millones de personas. Si cada terrícola elige un número del 1 al 7.000 millones y hacemos un sorteo en el que un ordenador nos proporciona un único número premiado, las posibilidades de que una persona en particular resulte premiada son casi cero. No exactamente cero, sino 1/7.000.000.000, es decir: 0.0000000001. Antes de realizar el sorteo puedo entrevistar a cualquier persona al azar y apostar mi hacienda a que no ganará.

Pero después del sorteo sé con seguridad que habrá un solo afortunado. Puedo ir a verlo y comentar con él la improbabilidad a priori de que fuera precisamente él el premiado. La pregunta es: ¿Hubo una mano divina que ha arreglado todo para que de entre 7.000 millones de personas le haya tocado precisamente a él? La improbabilidad estadística era abrumadora en su contra, pero ahí está disfrutando del premio.

Un curioso efecto psicológico es que si en vez de un premio sorteamos un castigo, nuestra apreciación de las probabilidades cambia por completo y estimamos mucho más probable que nos toque el castigo. Damos más peso a la probabilidad negativa. El miedo hace mella en nuestro cálculo estimativo racional. En este caso si entrevistamos al infortunado concluiríamos quizás que ha sido una mano infernal la que le ha otorgado el castigo.

Pero no hay mano divina ni mano infernal. Cuando se está ante el resultado de un proceso probabilístico intrincado, la primera reacción suele ser de incredulidad ante la complejidad de lo que ha tenido que pasar para llegar precisamente a eso. Pero lo que sabemos con certeza es que algo tiene que pasar, sólo uno de los resultados posibles se tiene que dar. Una de esas 7.000 millones de personas será elegida, sea cual sea la complicación del proceso de elección. No tiene sentido analizar las consecuencias “a posteriori” y concluir que allí ha pasado algo extraordinario. El tiempo no se asombra de haber llegado hasta hoy desde la multiplicidad de opciones que había ayer. Las opciones solo existen en nuestra cabeza. El tiempo simplemente pasa (algunos dirían simplemente es).

La causa completa de un suceso

Si queremos conocer las causas auténticas de que hoy bebamos un sorbo de café no basta con retroceder al instante en que el borde de la taza toca nuestros labios, no basta con retroceder al momento de encender la cafetera, ni al despertar somnoliento del día de hoy, ni al momento de la juventud en el que empezamos a beber café, ni a nuestra infancia, ni a nuestra concepción, ni a nuestros antepasados, ni a la era primaria del planeta. Para conocer y trazar todas las causas exactas de cualquier ínfimo acontecimiento del presente nos tenemos que remontar necesariamente al big bang. Todos estamos conectados con todo mediante líneas temporales convergentes hacia el pasado. Es simplemente una cuestión de cuánto tiempo hay que retroceder. Y esta es la verdadera naturaleza completa de la relación entre sucesos en nuestro mundo: cadenas continuas y concurrentes que terminan encontrándose en el principio y, desde luego sin intervenciones externas en los eslabones intermedios.

Algunas conclusiones

El argumento de la improbabilidad estadística, que se plantea como un cañonazo a la línea de flotación de la teoría de la evolución, resulta ser finalmente mero fuego de artificio cuando se enmarca en el universo real, donde los conceptos “accidente”, “casualidad” y “orden” no son lo que acostumbran cuando se aplican a las obras humanas.

Es verdad que la gran mayoría de mutaciones son, en principio, negativas para la especie, pero esa negatividad aparente siempre ha de ser juzgada en combinación con el resto de factores que influyen, particularmente el ambiente. En cualquier caso, la naturaleza parece no haber necesitado más para traer al mundo a su estado actual y la inmensa mayoría de la comunidad científica, especialmente los biólogos, aceptan que el mecanismo de la evolución (selección natural sobre las sucesivas mutaciones) es sobradamente capaz de haber generado la actual complejidad de los seres vivos en 4.500 millones de años de historia del planeta Tierra.

El argumento de los huecos en la cadena de fósiles es simple y llanamente un engaño, pues parece dar a entender que todos los restos orgánicos se fosilizan, cuando sólo lo hace una minúscula minoría y afirma que ya hemos excavado toda la superficie de La Tierra, cuando sólo hemos arañado un poco en unos pocos sitios.

El tiro por la culata

Si queremos ser realmente precisos e ir al origen de las causas de cualquier ínfimo suceso presente o pasado; si queremos saber por qué se formó la Tierra en primer lugar; si queremos saber dónde se crearon los materiales que la constituyen, hay que retroceder 13.700 millones de años de historia del universo. En este punto también existe consenso entre la abrumadora mayoría de físicos y cosmólogos en el sentido de que el modelo del big bang es perfectamente capaz de haber producido la complejidad del universo que vemos.

Cualquier proceso temporal largo, en un sistema de orden caótico, con múltiples y cambiantes condiciones e infinidad de resultados posibles al cabo de los eones, tiene sólo un resultado real en el momento en el que lo observamos. Ese resultado somos nosotros como seres conscientes, acompañados del resto del universo, pero eso no es excusa válida para atribuir ese resultado final particular a causas exteriores al sistema y de carácter “milagroso-intervencionista” en nuestro favor.

El argumento de la improbabilidad estadística resulta finalmente no ya un fuego de artificio, sino un tiro que sale por la culata, pues introduce de tapadillo, a veces de forma explícita y a veces de forma tácita, la idea alternativa y grotesca de unos seres superiores (en el antiguo creacionismo se hablaba directamente de Dios, pero en el diseño inteligente no se particulariza por razones de interés académico) que han ido dando empujoncitos a la historia para traerla donde está a base de favorecer a la especie humana, que parece ser la preferida, perjudicando gravemente (por no decir algo peor) el progreso de otras como la Neanderthal, sobre cuya desaparición no nos habían dicho nada.

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Comments

This post currently has 4 responses

  • Me han gustado mucho tus reflexiones sobre la teoría de la evolucion. No se si conoces la serie de documentales de Superhumans http://en.wikipedia.org/wiki/Stan_Lee's_Superhumans en concreto me llamo la atención el caso de Dean Karnazes. Es un hombre muy famoso por sus proezas maratonianas. En concreto una vez corrio 50 maratones en 50 dias seguidos. En este documental decian que era capaz de no solo no incrementar sus niveles de ácido láctico sino que ademas podía reducirlos en periodos de tiempo prolongados. En esta serie este solo era un caso más. Sin duda estamos ante casos de mutación positiva aunque no parece que en una especie como la nuestra sean mutaciones lo suficientemente relevantes como para provocar una escisión hacia otra especie. ¿O quizás si? ¿Habrá alguien que defienda algún tipo de intervención divina para este tipo de mutaciones en humanos?

    • Gracias, Rubén. Tienes el honor de ser el primero que comenta un artículo en este blog y el mérito de que además es muy bueno e interesante.
      No conocía la serie de la que hablas, ni el caso de Dean Karnazes. Me ha recordado a aquel triatleta español (creo que era de Lugo) al que no le homologaban los títulos ganados porque se descubrió que tenía los ventrículos anormalmente grandes y eso le permitía un rendimiento extraordinario.
      Si lo de este señor se debe a un tema genético y si la mutación es positiva o no siempre va ligado al ambiente y ahora las mejoras físicas ya han dejado de suponer grandes ventajas evolutivas. Probablemente en una sociedad atrasada donde la capacidad física influya de forma decisiva en la vida cotidiana todavía lo sean, pero en el mundo moderno y para la especie humana, afortunadamente se está eliminando esa dependencia de lo físico en un proceso que empezó con las primeras sociedades de cazadores-recolectores.
      Yo creo que la especie humana está en un punto indeterminado en lo que se refiere a la influencia ambiental. En principio parece que el ambiente seleccionaría de forma mucho más clara en favor de mutaciones que aumenten nuestra inteligencia, en la medida en la que esta nos sirve para situarnos mejor en la escala social y poder acceder a los mejores mecanismos de defensa (dinero o al menos crédito, conocimiento (quién sabe hacer qué, dónde está el mejor sitio para), salud mental (autocontrol, autoestima) y física (gimnasios, hospitales)) contra potenciales amenazas (epidemias, crisis, problemas vitales), y siempre que no estropeen al paso la capacidad de reproducción que no hay que olvidar que es el propósito final de continuación de la especie.
      La especiación o escisión en otra especie, como tú dices, es un proceso más complicado y largo que, por lo que yo tengo entendido, suele requerir también una diferenciación o división geográfica mantenida a lo largo de muchas generaciones, de forma que las sucesivas nuevas características genéticas de cada población se homogeneizan independientemente. Pasado el tiempo llega el momento en el que ya no se puede reproducir el macho de una especie con la hembra de otra se dice que las especies son distintas, aunque quizás hace sólo (¡solo!) mil generaciones tuvieran un antepasado común.
      En nuestro mundo actual hay contacto continuo y mezcla amplia entre machos y hembras de sitios distantes y si la mutación no constituye un factor de selección real tenderá a diluirse y a dejar paso a otras que si lo sean.
      Sobre intervenciones divinas supongo que hay gente para todo. Mi opinión ya te la puedes imaginar, http://areasubliminal.com/el-apocalipsis-racional-8-de-8/
      Para las próximas navidades estoy preparando una serie de artículos en este sentido. Se llamará “Interés de la ciencia por las intervenciones divinas”.
      Un abrazo.

  • Es muy interesante eso que dices. :) Y hace que me pregunte otra cosa. Si la reproducción es el propósito de toda especie y normalmente son los mejores de cada especie los que mas se reproducen. ¿Por que en nuestra especie no es así? Quizás los mejores tengan acceso a los mejores de del sexo contrario. Pero normalmente cuanto mas éxito menos se reproducen. En las sociedades mas desarrolladas las familias tienden a ser cada vez mas pequeñas y sin embargo en las sociedades subdesarrolladas las familias siguen siendo muy numerosas. Y luego esta el componente de la religión. Nuevamente en las sociedades mas desarrolladas las familias numerosas suelen ir ligadas a algún tipo de creencia religiosa. ¿Habrá estadísticas al respecto? ¿Será por que en realidad el número no es tan importante como la calidad?

  • Tus preguntas dan en la diana, Rubén. Yo creo que si es así, es decir, se siguen reproduciendo los mejores de cada especie, solo que la especie humana ahora ha ampliado ese concepto de mejores (en realidad es siempre mejor adaptados) gracias a los antibióticos, la insulina, los marcapasos… Hace sólo cien años, una persona propensa a desarrollar enfermedades infecciosas, diabética y con problemas cardíacos, estaría condenada a morir muy joven, pero puede hoy tener una vida larga y por supuesto descendencia. Hace 50 años una pareja estéril simplemente no se habría reproducido. Hoy tienen muchas posibilidades de hacerlo. Las condiciones ambientales que controlan nuestra selección natural se han modificado (las hemos modificado) y se han hecho mucho más benignas gracias al progreso y a nuestra ética del cuidado por el prójimo. Hoy en día es mucho más fácil, especialmente en el mundo desarrollado, ser uno de los mejores adaptados. Este proceso de modificación seguirá en marcha mientras haya progreso, mientras la sociedad no involucione, ya sea por causas internas o externas.
    ¿Cuánto más desarrollado está un país, menos hijos tiene cada familia, salvo en familias de profunda fe religiosa? Lo primero sí. Es la historia reciente de España sin ir más lejos. En las familias de clase baja antes se necesitaba tener muchos hijos para que ayudaran en casa y en general en todas las familias también porque había mucha mortalidad infantil por enfermedades infecciosas. El concepto de familia también ha cambiado. Yo he hablado con personas de la generación de mis padres, que me contaban que en la España de 1960 ellos ya hicieron la reflexión de que tener 8, 9 ó 10 hijos, como habían hecho sus padres, no podía ser en aquellas condiciones, simplemente porque ya no se morían como antes y porque el campo se había mecanizado y ya no hacían falta tantas manos.
    ¿Las familias de profunda fe religiosa tienen más hijos? La familia de fe religiosa se rige por sus parámetros propios y me parecen muy respetables. En teoría, al menos los católicos, si deberían tener más hijos, puesto que, como ya sabes, la iglesia sigue rechazando el uso de los métodos anticonceptivos. El INE hace de vez en cuando sondeos sobre creencias religiosas y supongo que los podrá relacionar con el número de hijos, pero no lo he investigado, aunque sospecho que saldría que si hay una correlación.
    ¿El número no es tan importante como la calidad? No sé qué decir. Desde luego, cada familia hace su propia organización de vida, si le dejan, pero el número global en la especie humana está empezando a ser un problema. Parece que en España el índice de natalidad está especialmente bajo, pero el planeta en conjunto está a reventar. Supongo que ya conoces el contador WORLD POPULATION http://www.poodwaddle.com/clocks/worldclock/, pero cada vez que le echo un vistazo a la población y a los consumos siempre termino pensando que, como especie, realmente esto se nos está yendo de las manos.

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