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Evolución y dinosaurios en la Biblia

Creacionismo y huellas de dinosaurios

Una reivindicación clásica del creacionismo, es que la edad real del planeta Tierra es la que se deduce literalmente de la Biblia, es decir unos 6.000 años. Como evidencia que soportaría esta hipótesis se aduce la posible coexistencia de dinosaurios y hombres en la misma época del pasado inmediatamente anterior al diluvio bíblico, y en ese sentido, se arguye que ya se han encontrado huellas fósiles que lo prueban, puesto que aparecen pisadas de dinosaurios junto a pisadas de humanos. Según los creacionistas, si esto no ha sido ampliamente divulgado es por que las evidencias son sistemáticamente ignoradas por la comunidad científica oficial, en una conspiración de silencio por ocultar la verdad bíblica al común de los mortales.

Por otro lado, la “fría ciencia” estima que los últimos grandes dinosaurios se extinguieron hace unos 65 millones de años, mientras que nuestra especie humana homo sapiens-sapiens apenas tiene unos cientos de miles de años de existencia. Si hacemos un ejercicio de abstracción y suponemos por un minuto que los creacionistas tuvieran razón y esas huellas conjuntas fueran auténticas toda la paleontología oficial sería una patraña.

Humanos y dinosaurios compartiendo el planeta al tiempo que ocurre el diluvio bíblico

La batalla del creacionismo bíblico

El creacionismo bíblico se empezó a organizar de forma seria en USA en los años 1920. En el estado de Tennessee se consiguió aprobar la Ley Butler en 1925, según la cual quedaba prohibida la enseñanza de la teoría de la evolución en las escuelas públicas. En aplicación de esta ley se procesó al profesor John T. Scopes, y aunque es cierto que la condena se revocó después por razones técnicas, la enseñanza de la evolución siguió prohibida en el estado de Tennessee durante varias décadas, concretamente hasta 1968, año en que la Corte Suprema de USA declaró inconstitucional la citada Ley Butler.

Pero el lobby creacionista no ha dejado de batallar, aunque rebajando el ambicioso objetivo inicial. Así pues, y dado que los tiempos ya no estaban para prohibir la enseñanza de la evolución, se cambió la reclamación a una igualdad de tiempo de enseñanza para lo que ellos denominan “ciencia de la creación”. Al mismo tiempo se adoptó una estrategia de guerra de guerrillas y de guerra sucia, basada en poner de relieve las lagunas, las controversias y los desacuerdos entre los científicos evolucionistas para intentar, si no probar en falso que es imposible, si al menos enredar, confundir y entorpecer la divulgación de la teoría de la evolución.

Pastoreando dinosaurios durante la gran depresión

Los creacionistas afirman que existen unas supuestas huellas fósiles que demuestran la coexistencia de dinosaurios y humanos en una misma época del pasado remoto. Según estas mismas fuentes de inspiración bíblica, esa época es la inmediatamente anterior al diluvio, catástrofe a la que no sobrevivió ningún gran dinosaurio. Las citadas huellas aparecen referidas por primera vez a un yacimiento cerca del río Paluxi en Glen Rose (Texas) en el año 1930, pero la comunidad científica está de acuerdo en que lo que se ve junto a las huellas de dinosaurios no son huellas humanas, sino otro tipo de marcas correspondientes al metatarso de los autópodos posteriores de un dinosaurio o quizás debidas a simples rasgos erosionales. En otros casos parece incluso que se trata de logradas imitaciones que pudieron ser perpetradas por el descubridor de las huellas, un tal George Adams, como reclamo turístico y en el marco de la terrible gran depresión de los años 1930.

Más recientemente se han mencionado otros dos casos de huellas “dinosáuricas” que darían credibilidad a la hipótesis de la cronología bíblica. Se trata de las ubicaciones de Enciso, en La Rioja (España) y Saint George, en UTAH (USA). En este caso son solo huellas de saurios (sin huellas humanas al lado), pero se alega que las marcas demuestran que algunos dinosaurios tenían grandes capacidades natatorias y que pelearon con uñas y dientes para librarse de la extinción diluviana, pero al final sucumbieron.

Según las tesis del creacionismo, hubo humanos conviviendo con dinosaurios

Dinosaurios en la Biblia

Si la hipótesis de la extinción diluviana de los dinosaurios fuera cierta, implicaría un cierto desdén del Creador hacia los grandes dinosaurios, puesto que ninguno fue salvado en el arca de Noé. Pero antes de aventurar nada sobre un tema tan serio, vayamos al momento bíblico y analicémoslo con cuidado. Las palabras con las que el Creador se dirige a Noé en Génesis 6,13 son las siguientes:

“Noé, voy a acabar con todo el mundo. No hay más que violencia por todas partes, así que hasta aquí han llegado la Tierra y el hombre”

Resulta evidente que Dios tiene un disgusto monumental y corta por lo sano decidiendo exterminar a toda la humanidad menos a Noé y a su familia en lo que, si la Biblia está en lo cierto, podría considerarse la primera “solución final” de la historia. A pesar de que el cabreo es sólo con la especie humana, las medidas drásticas afectan de igual manera a las bestias: exterminio total salvo una “familia” de cada especie. La orden directa de Dios a Noé es bien clara:

“que salve una pareja de toda cosa viviente”.

Y aquí está el meollo de la cuestión: “toda cosa viviente”. En ningún momento Yahvé excluye a los dinosaurios de este plan de salvación. Y sin embargo los creacionistas dicen que los dinosaurios se extinguieron en el diluvio ¿Cómo es esto posible? ¿Decidió Yahvé no salvar a los dinosaurios por algún resentimiento debido a otro de sus cabreos del pasado, y del que no nos ha llegado noticia bíblica? ¿Se equivocó Noe al calcular las dimensiones del arca?¿Hubo un complot de los propios animales contra los saurios?

Si algún día te vuelvo a ver, compañero dinosaurio…

Pero ironías aparte, la realidad es que estos casos de huellas conjuntas de dinosaurios y humanos reflejan muy bien las maniobras de guerra sucia del creacionismo bíblico para, ya que no se puede probar en falso, al menos desacreditar la evolución ante el gran público y aunque se manejan con mucha prevención incluso entre los propios creacionistas, es todavía normal ver como los más arrojados y los menos informados blanden desafiadora y orgullosamente el argumento de las huellas coetáneas. Como detalle pintoresco hay que mencionar la siempre desbordada imaginación popular que, a falta de información, inventa sus propias explicaciones para resolver los problemas que tiene planteados. Así las huellas de Enciso (La Rioja, España) habían sido tradicionalmente atribuidas por los paisanos de la comarca riojana al titánico caballo del apóstol Santiago, que pisaba así de fuerte en su galope por aquellos lares camino del “Finis Terrae” a finales del siglo I d. C.

A fecha de hoy todas las evidencias fósiles, estratigráficas, genéticas y de todo tipo que la “fría ciencia” nos suministra, nos confirman que los grandes dinosaurios se extinguieron unos 65 millones de años antes de que algo parecido al homo sapiens-sapiens apareciera sobre la Tierra. Pongan o quiten unos cientos de miles de años. Así que en este caso podemos copiar a Augusto Monterroso (1921-2003) y hacer una ligera variación de su cuento más corto del mundo para concluir el asunto de los dinosaurios pastoreados por humanos diciendo:

“Cuando el humano despertó, hace mucho tiempo que el dinosaurio ya no estaba allí”.

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