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Risa, estado de ánimo y salud

Estado de ánimo y salud

Los estados de ánimo negativos no son buenos para la salud mental y física; afectan al funcionamiento del organismo y terminan provocando enfermedades. Por el contrario, el buen humor y la risa, ocasionan una cascada de efectos positivos que contribuyen a mejorar nuestra salud. Es evidente que los aspectos mecánicos de la risa tienen, en general, efectos positivos: movimientos de grupos de músculos, oxigenación, pero los más mecanicistas, como yo, dudamos sobre como toda esta “movida mental” que se podría generalizar como pensamiento positivo se transforma en algo físico y químico que empieza a afectar al cuerpo.

La risa filosófica

Desde una perspectiva marxista, en este caso de Karl Marx (1818-1883), no de Groucho Marx (1890-1977), que es el marxista que a mi me gusta, el pensamiento positivo podría incluso ser uno más de los manejos conspirativos de las clases ricas, que conduciría al proletariado a una especie de conformismo total con el ambiente, y llevaría a la gente a no querer cambiar las cosas que no funcionan, sino simplemente a aceptarlas y sonreír. Pesimistas o existencialistas, persiguiendo la felicidad o la miseria, hoy ya sabemos a ciencia cierta que una actitud emocional negativa tiene malas repercusiones en nuestra salud, mientras que una actitud positiva contribuye a mejorarla y además todo esto tiene una base mecanicista: nada de magia, nada de religión, pura física, pura química, pura evolución.

Pon la televisión y sintoniza el canal, pero sonríe

De lo mental a lo químico

A partir de un proceso puramente racional como puede ser una valoración de la realidad, por ejemplo: “la situación económica es muy mala”, el cerebro inconsciente, que ya hemos visto que está encargado por la evolución de casi todo lo que tiene que ver con situaciones continuidad de la especie (y una mala situación económica es claramente percibida como una amenaza vital), toma el control sobre el cerebro racional. Esa parte del cerebro es muy eficaz para detectar amenazas, pero las soluciones que propone se basan en la reacción instintiva al ataque de un depredador: inmovilización o huida.

El proceso sigue con la segregación masiva de hormonas estresantes que provocan aceleración del ritmo cardiaco, aumento de la presión arterial, rigidización muscular, apagado o rebaja al mínimo de las funciones orgánicas no imprescindibles para la huida o inmovilización. Todo esto está muy bien ante el ataque del leopardo en la edad de piedra, pero para la vida del día a día en el siglo XXI es un “desastre con patas”. Particularmente el sistema inmunitario sufre mucho de este desvío de recursos vitales a los centros de huida o inmovilización y nos deja más vulnerables ante los embates del enemigo vírico o bacteriano.

Estamos nuevamente ante un problema de ineficacia adaptativa del viejo sistema automático de supervivencia animal frente a los complejos desafíos del mundo actual. Y el problema es que esas situaciones tienden a volverse regulares, en el sentido de que si mantenemos pensamientos negativos con frecuencia, tendremos emociones negativas con frecuencia, y se generará en nuestro cerebro una dinámica usual de transmisión de estas emociones negativas y desarrollo de neurotransmisores, neuroreceptores y la química hormonal relacionada.

Si un día ese medio químico cambia a positivo porque estamos contentos, el resultado será parecido al de una adicción, y el cerebro reclamará automáticamente ese neurotransmisor negativo para ese neuroreceptor que está acostumbrado a recibirlo. Esto puede explicar por qué el pesimista llega a encontrar justificaciones a su actitud en su situación, su mala suerte, sus enemigos y prácticamente en todo lo que la vida le vaya presentando. Estará acostumbrado y querrá ver la parte negra porque es lo que su cerebro le demandará de forma inconsciente para mantener satisfecha a esa química negativa. Se genera un nivel de estrés continuo que eleva la presión arterial, rigidiza el sistema muscular, debilita el sistema inmunitario y atrofia en cierta medida el funcionamiento del cerebro racional.

La risa influye positivamente en el estado de ánimo y la salud

¡Ánimo pesimistas!

De acuerdo. Hemos explicado por qué las emociones negativas mantenidas en el tiempo no son buenas. Pero eso no quiere decir que lo contrario sea cierto. No nos vamos a creer de buenas a primeras que una emoción positiva mantenida en el tiempo tenga repercusiones positivas sobre la salud. Antes de entrar en materia, recordemos lo que el malvado fray Jorge, del “El nombre de la rosa”, el libro de Umberto Eco (1932-) y la estupenda película de Jean Jacques Annaud (1943-), decía sobre la risa al bueno de fray Guillermo de Baskerville (Sean Connery (1930-)).Fray Jorge dice que la risa no es buena porque elimina el temor que los hombres deben sentir hacia Dios. Y desde la perspectiva medieval no era correcto que el hombre no sintiera temor de Dios. Pero el matiz que quiero destacar es que se otorga a la risa el poder de librar al hombre de una emoción negativa: el miedo.

Por simple lógica inversa de todo lo que hemos explicado respecto a las situaciones de supervivencia, no es raro pensar que el humor y la risa puedan ser auténticos bálsamos de Fierabrás que ponen al cerebro reptiliano en modo relajado. No hay leopardos cerca. El cuerpo se distiende, el ritmo cardiaco se tranquiliza, la presión arterial baja, la percepción racional se incrementa, el sistema inmunológico se vigoriza. La risa a carcajadas además mejora la oxigenación y hace trabajar al sistema muscular abdominal, cuyo buen tono hoy sabemos que está directamente relacionado con la salud coronaria en general.

Sonrisa forzada en el valle de lágrimas

La estadística, esa gran dama de las verdades grupales, lo revela claramente en experimentos que pueden llegar a parecer ingenuos. Se hacen grupos de control con personas que sonríen, otras que no, y otras a las que no se les dice nada. Las personas que sonríen, incluso de forma autoimpuesta y artificial, enferman menos, y dan mejores resultados en todo tipo de tests. Aunque algunos puedan protestar por el uso del término “felicidad”, en un trabajo de la universidad de Berkeley se encontró que las mujeres que tenían una sonrisa más cálida en unas fotos de hace décadas, son ahora más felices y están más satisfechas con su vida que el resto. Al final los budistas van a tener razón en que hay que empezar forzando la risa, hasta que de forma natural sale ella sola.

El pensamiento atolondradamente positivo no es una obligación; un problema en el entorno laboral no implica callar y sonreír; una enfermedad grave no nos hará siempre crecer espiritualmente; un duelo no se lleva bien a carcajadas. Pero a la vista de lo que hoy sabemos, el enfoque de la vida desde una perspectiva de humor sincero y la risa habitual, mejoran nuestra salud, además de hacer el día a día más agradable, que no es poco.

Safe Creative #1201180934867

 

P.S. Algunos enlaces interesantes sobre la risa y sus efectos: risoterapia, risa contagiosa, risa profunda…

http://www.escueladelarisa.com.ar/

http://psicodudu.wordpress.com/2010/11/19/el-buda-de-la-risa/

Comments

This post currently has 2 responses

  • ¿Y si nuestro estado de ánimo no dependiera de lo que ocurre, de los hechos objetivos que se desarrollan a nuestro alrededor, sino de nuestra interpretación de esos hechos?
    Nos relacionamos con el mundo en una primera instancia a través de los sentidos, olemos, vemos, oímos, saboreamos, tenemos sensaciones. Este primer filtro transforma la realidad en experiencias en el cuerpo, en emociones; después, mediante el lenguaje, le atribuimos un significado a esas emociones.
    Lo que decimos, lo que nos decimos a nosotros mismos, no es la realidad, es una interpretación de la misma y puede cambiarse. En ese sentido nuestros pensamientos dan forma al mundo en el que vivimos. Son el filtro, el cristal a través del cual vemos los hechos (o al menos, una parte de ellos, la que nos permiten los sentidos)
    La buena noticia es que podemos cambiar los filtros mentales (creencias, valores, expectativas…) que determinan la forma en la que experimentamos el mundo.

    • Gracias por el comentario, anónimo Punto.
      Si todos los humanos lográramos que nuestro estado de ánimo no dependiera de los hechos objetivos, sino de nuestra interpretación de los mismos, esto sería sin dura el paraiso terrenal.
      Muchas veces parece que la felicidad sigue consistiendo en que te pasen sólo cosas buenas que te “alimentan” desde fuera sin que tu tengas que hacer nada más que tumbarte y sonreir: riqueza, éxitos, bendiciones, salud, placer; en fin, pasar por la vida como por un delicioso viaje turístico.
      A veces creemos (yo al menos) que lo ideal es que nos pase esto todo el rato y luego no sabemos como enfocar los inevitables tropiezos de la vida ¿Son golpes de la fatalidad?¿Se pueden sacar lecciones para el futuro?¿Por qué me pasa esto a mí?
      Tengo la sospecha esperanzadora de que hay una felicidad que no depende de estar constantemente acumulando cosas y triunfando en todo lo que te propones. Y la tengo desde bases intutivas (aspiración irracional) y también científicas (las capacidades del neocortex), pero no sé si para alcanzarla es necesaria la meditación trascendental y el aislamiento ascético o es algo que se puede acometer también desde la vorágine del día a día en el atasco y la oficina (o para muchos ahora en el paro).

      Postdata: Si hay una felicidad que no depende de tener todo el rato cosas mejores los publicitarios intentarán que no nos enteremos y algunos centros comerciales se irían a pique, por lo que es posible que exista una gran conspiración para que este secreto no se desvele.

      Gracias de verdad, Punto. Espero que el punto no sea final y que haya muchos comentarios de este nivel.

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