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El profeta Daniel por los ríos de Babilonia

El libro de Daniel: profecías bíblicas y apocalipsis

El libro de Daniel constituye la primera gran referencia canónica sobre profecías bíblicas de tipo apocalíptico dentro del marco judeocristiano veterotestamentario. De forma aparentemente descuidada, lo que empieza como una narración sobre las desventuras del pobre niño judío deportado a tierras babilónicas, se transforma en la historia de superación de un joven que logra ganarse el favor de varios reyes caldeos y de sus posteriores conquistadores persas y logra desempeñar importantes magistraturas del estado en la fastuosa ciudad de la región mesopotámica.

Lo anterior no significa que Daniel fuera el primer profeta, ni siquiera estrictamente el primer profeta apocalíptico, pues ya hay una cierta pseudo escatología poética en Ezequiel e Isaías. En el artículo que abre esta serie hemos dicho que los profetas del Antiguo Testamento son enviados por Dios para llevar un mensaje al pueblo o a veces un mensaje a un individuo en particular que aún no estaba al tanto de la grandeza del Dios de Israel. Las andanzas de Elías y Eliseo, que también hemos citado ya, nos dejan pasajes memorables que representan muy bien la pugna entre los adoradores de Baal, que cuentan con hasta 450 profetas y los de Yahvé, que cuenta únicamente con un Elías que, aunque se reconoce sólo ante el peligro:

 “Soy el único profeta del Señor, mientras que Baal tiene 450” 1 Reyes 18,22

No se arredra ante los acólitos de Baal y los desafía en graciosas apuestas para ver cuál de los dos superpoderes la tiene más grande, la fuerza, queremos decir. Así otra vez en 1 Reyes 18,22 los 450 apuestan con Elías a ver cuál de los dos dioses es capaz de prenderle fuego antes a los cachos de un toro descuartizado (lo siento, pero así de prosáicas están las cosas en la Biblia):

-Preparamos dos toros- dijo Elías- Vosotros le rezáis a Baal y yo a Yahvé, y el Dios que le prenda fuego a la carne antes, es el más grande.

Alegoría del profeta protegido contra el ataque de los felinos

La verdad es que uno siente un poco de pena al ver como Elías se pitorrea de los inútiles esfuerzos de los baalistas (gritan, rezan, bailan, se autolesionan) por llamar la atención de su Dios que, por supuesto, no aparece. Sin embargo Yahvé responde presto a la invocación de Elías haciendo arder hasta a la misma agua y dejando al personal en estado de shock emocional. Pero dejemos por el momento al gran Elías y volvamos a Daniel, que es el objeto de nuestro artículo.

¿Quién era realmente el profeta Daniel?

Algunos eruditos dudan de la existencia real de Daniel y otros proponen que puede tratarse de la personificación de una síntesis de vivencias y tradiciones registradas por el grupo de judíos que fue deportado durante el período conocido como cautiverio en Babilonia (siglo VI a.C.) y que de esta forma adquieren una presencia literaria más robusta.

Sea como sea, supondremos que Daniel pudo ser un joven judío que tras la conquista de Jerusalén por parte de Nabucodonosor II, formó parte de un contingente del reino de Judá que fue deportado a Babilonia, en su caso en calidad de sirviente del rey, y probablemente convertido en eunuco, aunque este extremo no parece estar claro.

Poseedor de una gran elocuencia y de un talento dialéctico innato, el joven Daniel supo ganarse el favor del rey allí donde toda su caterva de sabios caldeos fracasaba una y otra vez: interpretando sus sueños. Daniel pasó así a formar parte del consejo real y su futuro era ciertamente prometedor como funcionario de alto nivel, pero entonces empezaron a ocurrir algunas cosas misteriosas.

Hambre y privaciones junto a los ríos de Babilonia

El texto bíblico refleja claramente que Daniel no se cuidaba muy bien en Babilonia. No sabemos si tenía nostalgia de la comida judaica o simplemente era una de esas personas a las que la cocina no aporta ningún placer, pero por algún motivo se sometía a ayunos muy severos (Daniel 9, Daniel 10,2).

Precisamente la privación del alimento es una de las técnicas que se usaban durante la antigüedad en sectas y grupos secretos para provocar estados alterados de conciencia. La carencia de nutrientes provoca anemia, falta de vitaminas y debilidad general, lo que suele acarrear alucinaciones y terminar en los desmayos que preceden a sus célebres visiones, que habitualmente tiene mientras duerme o está sin sentido (Daniel 10,9). En estas visiones se le aparece normalmente el arcángel Gabriel que, con una naturalidad pasmosa, simplemente “estaba por allí” o se “acercó volando un momentito” (Daniel 9,21).

Gabriel se dedicaba en aquella época a dar información a Daniel, pero también en la mejor tradición del oráculo o de la profecía inter religiosa e intercultural, los mensajes no eran claros y nítidos, sino que estaban dados en una forma que requería interpretación. Los mensajes que recibe del arcángel siguen esta línea de falta de claridad, hasta tal punto que Gabriel le dice al profeta en uno de sus desmayos:

“A ver, Daniel, te lo voy a explicar bien claro para que lo entiendas” (Daniel 9,22)

Pero después de este aviso, se despacha con un galimatías impenetrable de plazos, símbolos y acertijos con el que los sabios de todo pelaje se han estado estrujando los sesos durante dos mil años sin sacar nada en claro (Daniel 9,24 a 9,27).

En otra ocasión, observando que Daniel está un poco perdido le dice:

“Hijo del hombre, A ver si te enteras de que la visión que has tenido habla del tiempo del fin” (Daniel  8,17)

Y aquí el mismo Daniel es llamado “hijo del hombre” por su amigo informante, el arcángel Gabriel, confundiendo todavía más a todo el personal estudioso de la Bíblia que ya había dado por supuesto que “hijo del hombre” era una referencia a Jesús en su segunda venida.

En su visión definitiva sobre el “tiempo del fin”, Daniel está dando un paseo por la ribera del río Tigris (los ríos de Babilonia) y se encuentra en un estado lamentable. El atribulado profeta lleva tres semanas muy deprimido, malcomiendo (nada de vino, nada de carne) y sin asearse, por lo que no es extraño que la gente lo evite y su soledad incremente ese estado de pesadumbre.

Apocalipsis y estudio de la Biblia

En esas circunstancias Daniel nota que se le va un poco la cabeza y tiene la visión del “hombre imponente”, que si es el mismo sujeto que en sus visiones anteriores no es otro que el buen arcángel Gabriel disfrazado, lo cual es bastante verosímil, ya que nos cuenta que es compañero de armas del propio arcángel Miguel, con quien ha estado recientemente dando una lección al rey de Persia (Daniel 10,12). Gabriel relata aquí toda la incomprensible retahíla de acontecimientos hilarantes que traerán el fin del mundo.

La sorpresa que revela la lectura del texto es un rocambolesco embrollo de guerras y traiciones entre los reyes de Egipto y Siria, con barcos romanos de por medio (¿Que pinta un barco romano en el año 600 a.C.?), hasta que por fin aparece San Miguel (y no el hijo del hombre, como parecía lógico) liderando a los ángeles y empieza toda la movida de los muertos que salen de las tumbas y los nombres del libro (Daniel 10, 11 y 12).

Al final de esta aparición del hombre imponente, el enredo es de tal categoría que el mismo Daniel, experto consumado en desentrañar el complicado simbolismo onírico de los monarcas mesopotámicos, confiesa que lo ha oído todo, pero que no ha entendido ni papa, y le pregunta al supuesto Gabriel:

“Perdone Señor pero ¿Qué quiere decir todo esto?” (Daniel 12,8)

A lo que el arcángel contesta con cierto desdén:

“Sigue tu camino, Daniel. Se acabó el rollo. Ya no se vuelve a leer hasta el tiempo del fin. Los pecadores no lo entenderán, pero los que son sabios si.” (Daniel 12,9)

Como colofón, el citado “señor imponente” menciona otra vez unos plazos confusos, esta vez en forma de días: 1290 días después de que se detengan los sacrificios, 1335 días para el fin, y como si con esto hubiera aclarado el lío, ese lío del que ha nacido el estudio de la Biblia en su vertiente numerológica no cabalística, da la conversación por terminada y se despide de Daniel de una forma ciertamente seca con estas palabras:

“¡Hala, Daniel! Vive lo que te queda y luego descansa en la tumba. Ya saldrás de entre los muertos al final de los días y ya te dará el Señor lo que te corresponda”. (Daniel 12,13).

Y de esta forma tan original termina el libro de Daniel y quedan establecidas las bases de la profecía apocalíptica basada en el estudio de la Biblia, que se podrían sintetizar en dos ideas centrales:

  1. Al igual que un día decidió crear el mundo, Yahvé también tiene ya pensada una fecha en la que le va a poner fin.
  2. Esa fecha está codificada en la Biblia, aunque no se puede leer de forma clara y necesita interpretación, pero puede descifrarse cuando alguien lo suficientemente sabio se dedique a ello.

La madurez del profeta Daniel

El episodio más conocido del profeta Daniel en la cultura popular seguramente es su genial interpretación del mensaje que una mano, aparecida de la nada, “grafitea” en la pared de la sala de banquetes del palacio del rey babilonio Belshazaar (hijo de Nabucodonosor). El incauto monarca está agasajando con un banquete a miles de invitados y el consumo de alcohol ha debido de ser abundante, por lo que todos se encuentran en evidente estado de embriaguez.

En un momento del banquete, el rey está completamente borracho y manda al servicio que traigan la vajilla de oro y plata que los caldeos habían rapiñado del templo de Salomón en los tiempos de la conquista de Jerusalén por parte de su padre, Nabucodonosor.

La alegría y el jolgorio se extienden entre los invitados al calor del vino y las copas se llenan una y otra vez para brindar por sus insignificantes diosecillos locales, pero esto es la gota que colma el vaso de la paciencia de Yahvé, que monta en cólera al ver que están usando los enseres de su templo y hace que un dedo aparecido de la nada escriba un misterioso mensaje en la pared:

Rembrandt-Belsazar

La anterior imagen corresponde a la obra maestra de Rembrandt (1606-1669) “Banquete de Belsassar”, que capta perfectamente el estupor del regidor caldeo cuando ve la maniobra digital que deja el mensaje: “MENE, TEKEL, PARSIN”, que como es natural siempre que Yahvé da algo por escrito, necesita interpretación. Ante la incapacidad y la embriaguez de sus sabios de plantilla para descifrar el significado de estas palabras, hace llamar al viejo Daniel, que inmediatamente comprende el cabreo divino y le da la lectura en claro:

“MENE, TEKEL, PARSIN” = “Mira chaval, no has estado a la altura y tienes los días contados. Quedas defenestrado y tu reino se lo doy a los medas”

Belshazaar se apercibe rápidamente de su grave metedura de pata y recuperando la sobriedad de súbito, intenta apaciguar al gran Yahvé mediante la promoción de Daniel a subsecretario de estado de asuntos exteriores del reino babilónico. Pero esta reacción regia “in extremis” no sirve de nada ante el difícil carácter de Yahvé. El resentido dios del viejo testamento estaba realmente mosqueado por lo de la cubertería (lo entiendo perfectamente) y ya tenía dado el visto bueno al deceso del monarca caldeo aquella misma noche y la entrega del reino al líder de los medas, Darío.

El banquete, en fin, terminó bastante mal para los babilonios e inauguró el dominio persa sobre esa parte del mundo, un dominio que se prolongó hasta que apareció por allí el joven conquistador macedonio Alejandro, unos doscientos cincuenta años más tarde.

En la historia de la literatura hay muchas referencias directas o metafóricas al formidable episodio del “graffiti” babilónico interpretado por Daniel. En la novela “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr Hyde”, Robert Louis Stevenson (1850-1894) nos narra como el doctor (Jekyll) va notando que su segundo y malvado ser (Hyde) se apodera poco a poco de su personalidad y la mañana que se levanta Hyde, después de haberse acostado Jekyll y no haber tomado la droga, reflexiona así:

“No tenía ganas de comer nada. Aquel incidente inexplicable, aquel cambio en el curso de mi experiencia parecía, como el dedo babilónico sobre la muralla, estar deletreando mi condena…”

El profeta Daniel en la Babilonia persa

Daniel conservó su puesto de subsecretario de asuntos exteriores con el nuevo rey Darío. Pero la envidia del resto del nuevo equipo de gobierno hizo que los ministros persas coludieran tendiendo una burda trampa legal para echar a Daniel a la leonera. No obstante Yahvé siguió apoyando a su profeta y lo protegió de las zarpas felinas durante toda una noche.

En la imagen inferior lo vemos, ya investido de la púrpura del cargo, en la interpretación artística de Briton Riviere (1840-1920) “Daniel en la fosa de los leones”, de lo que debió ser la realidad del episodio ficticio (perdón por la contradicción, ustedes ya me entienden) de la fosa de los leones.

Daniel en el foso de los leones por Briton Riviere

Los famélicos felinos de esta pintura parecen mirar desconcertados al Daniel intocable protegido invisiblemente por Yahvé. Aquella noche tuvieron que ayunar. Pero su hambre gatuna se vio saciada al día siguiente, cuando por orden de Darío se zamparon a los envidiosos funcionarios que habían denunciado a Daniel torticeramente, y también se zamparon de paso a sus mujeres y a sus hijos quienes, hasta dónde sabemos, no tenían culpa alguna de la maldad de sus maridos y padres, pero esta vez Yahvé no colocó el escudo protector:

“Antes de llegar al fondo de la leonera, los felinos se les echaron encima y los machacaron”. (Daniel 6,24)

El episodio de Daniel con los leones trae a los lectores de Cervantes, el eco imborrable de otro gran “enfrentamiento”, el de Don Quijote con los leones: “¿Leoncitos a mí?¿a mí leoncitos y a tales horas? Aunque algunos nos acusen de transliteración, creo que vale la pena recordar aquí el momento, que a mi entender es el de mayor tensión dramática de toda la novela y que no nos cuesta imaginar que pudo estar inspirado por la lectura del libro de Daniel:

“…abrió de par en par la primera jaula, donde estaba, como se ha dicho, el león, el cual pareció de una grandeza extraordinaria y de espantable y fea catadura…y miró a todas partes con los ojos hechos brasas, vista y ademán para poner espanto a la misma temeridad. Sólo don Quijote lo miraba, atentamente, deseando que saltase ya del carro y viniese con él a las manos, entre las cuales pensaba hacerle pedazos.

Hasta aquí llegó el extremo de su jamás vista locura. Pero el generoso león, más comedido que arrogante, no haciendo caso de niñerías ni bravatas, después de haber mirado a una y otra parte, volvió las espaldas y enseñó sus traseras partes a don Quijote, y con gran flema y remanso, se volvió a echar en la jaula”

Y justo cuando el momento dramático parece relajar la tensión del lector, Cervantes continúa:

“Viendo lo cuál don Quijote, mandó al leonero que le diese de palos y le irritase para echarlo fuera”

Influencias culturales del mito del profeta Daniel

Hemos mencionado antes que Daniel tenía el don de la elocuencia y en verdad el joven judío ya había mostrado su capacidad dialéctica cuando siendo aún un adolescente, defendió brillantemente a Susana de una falsa acusación de adulterio por parte de un grupo de viejos lúbricos que habían coludido para ganar por extorsión sus favores carnales. En un certero cruce de preguntas y respuestas, Daniel puso en evidencia al grupo de acusadores. He aquí una representación artística de ese momento por parte de Sebastiano Ricci (1659-1734).

Daniel defiende a Susana por Sebastiano Ricci

En clara alusión a este episodio, Shakespeare recrea metafóricamente la situación en su obra “El Mercader de Venecia”. Llevado por el odio y la sed de venganza por los injustos desprecios sufridos, el judío Shylock quiere cobrarse su deuda en la carne del infortunado mercader Antonio. Pero Portia, hábilmente travestida de joven doctor, desarma su pretensión con una dialéctica impecable que le permite librar a Antonio de una muerte segura.

Nos podemos imaginar una representación en plena época isabelina, dónde la escena del tribunal está regida por los razonamientos de una Portia triplemente travestida: un actor masculino interpretando un papel de mujer, que a su vez se tiene que disfrazar de hombre para poder hablar con autoridad en un tribunal, y que también ha tenido que idear una estratagema para que lo admitan como tal mediante una carta falsa que excuse su juventud.

El comienzo del discurso de Portia, sin embargo, da la impresión de sostener la pretensión de Shylock, quien mientras cree que el viento sopla a su favor, llega a exclamar:

“Un Daniel ha venido a este tribunal”.

Pero toda esa dialéctica se vuelve finalmente contra él, cuando otra vez en un manejo magistral de la tensión dramática y Shylock está a punto de clavar el cuchillo, suena la voz de Portia:

“Un momento. Te puedes cobrar tu libra de carne, pero ni una gota de sangre. Te puedes cobrar tu libra de carne, pero ni un ápice más o menos”.

Y entonces son los otros quienes exclaman:

“Un segundo Daniel”

No os perdáis la magnífica adaptación al cine del año 2004. Es simplemente genial. La acumulación de carga dramática y su liberación final están recreadas con maestría. Al Pacino y Jeremy Irons se encuentran en su mejor momento. Lynn Colins compone una Portia inolvidable, que después de sumar el aparente lastre de todas las posibles invocaciones a la misericordia y al perdón ante la frialdad legalista de Shylock, descarga todo ese peso dialéctico sobre el propio Shylock y en sentido contrario.

Daniel y la mitología repetitiva

La historia de Daniel contiene también varios temas tratados constantemente en las mitologías de las culturas originadas en Oriente Medio. En el caso de la cultura judía, dado que salvo el breve periodo davídico-salomónico, estuvo casi siempre sometida (egipcios, caldeos, persas, griegos, romanos), es repetitivo el mito del destierro y la servidumbre en el reino invasor (Egipto, Babilonia), así como también lo es el de la sabiduría sobrenatural de un favorecido por el apoyo divino (como José igualmente interpretador de sueños del faraón, como Moisés, líder de la huída por el desierto). El objetivo final es siempre que el rey extranjero reconozca lo que a juzgar por la Biblia debía de ser evidente: que el dios de Israel es una auténtica pasada, el numen por excelencia, el “number one” de las divinidades.

Otros mitos, como el de la noche pasada en la leonera, recogen la idea presente en la mitología e incluso en la literatura antigua de héroe que desciende a los infiernos y regresa intacto (como Osiris, como Orfeo y como Jesús iba a hacer también en el futuro), aunque en el caso judío el éxito del regreso de un lugar tan horrible no es debido a las cualidades personales del propio héroe, sino gracias al favor del excelso Yahvé que, de nuevo acapara todo el protagonismo.

En fin, el mito de Daniel, no es sólo el eco lejano de un libro viejo, sino una historia contada y recontada que ha permeado la cultura occidental y oriental y sigue siendo una fuente de inspiración actualizada para los modernos profetas del apocalipsis, que no paran de darle inútiles vueltas a los enredos que Daniel tenía durante sus desmayos para ver si sacan de una santa vez la próxima fecha definitiva y fetén en la que el gran Yahvé va a poner el punto final a su obra.


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Comments

This post currently has 7 responses

  • Enhorabuena por esta genial serie sobre los profetas apocalípticos, escribes de miedo y el toque divertido que le das a las aventuras y desventuras de los personajes me hace mucha gracia. Ya estoy esperando impaciente el próximo artículo!
    Por cierto, mi hermano (el d’enmedio como el de los Chichos, yo soy el mayor) se llama Daniel, no se si tendrá el gen visionario, pero de momento no le ha tocado el Euromillón…..que más quisiera el hombre, se ha metido a pequeño empresario con mucho valor y trabaja todos los días, día y noche….

    Intentaremos estar a bien con Dios todos los días, con nuestros actos, intentando ser lo más honestos posibles con nosotros mismos y con quien nos rodea. Creo que es la mejor forma de acercarse a ese Dios o como le queramos llamar….y no esperar nada de Él…tiene mucho trabajo, demasiado.

  • Gracias Sergio. Esta va a ser una serie larga, pero espero que nos permita comprender mejor muchas cosas que están presentes en la cultura actual y que damos por sentadas sin saber muy bien de dónde vienen. Estoy investigando mucho para escribir de este tema del que confieso que no sabía casi nada.
    Por cierto, y sin mala intención, y con todos los respetos, déjame que te pregunte: ¿En qué anda tan ocupado Dios?

    • La verdad es que pensaba que llevarías años leyendo sobre estos temas, los enrevesados mensajes que nos han dejado los profetas y demás en la biblia y miles de escritos que andan por ahí, verdaderos, falsos, de dudoso origen, de noble origen…..es un mundo, un galimatias tremendo….¡mucho ánimo! porque la tarea no tiene fin.

      Respecto a lo que me preguntas, creo que Dios se encarga de velar por las almas de todos y cada uno de nosotros, intentando mantener el mayor número de las mismas lo más puras y nobles posibles, el Diablo se encargará de todo lo contrario. Quizás es algo pueril la razón pero la siento como cierta.

      La Luz y la Oscuridad, la lucha del bien contra el mal, es una realidad que acompaña a cada persona, tanto en su interior como individuo, como a la sociedad como conjunto. Mantener la balanza lo máximo posible inclinada hacia el bien es tarea de Dios, obrando desde el interior de las personas. El Diablo se encargará de todo lo contrario, con mucho poder también, este también trabaja muy duro y sin descanso.
      ¿Acaso piensas que en la vida todo son cúmulo de casualidades?

      • ¿Un cúmulo de casualidades? Si. Para mi la vida puede verse como un cúmulo de casualidades en el sentido de que no hay figuras, ni Dios ni diablo, guiando todos los acontecimientos, o quizás sólo algunos de ellos, en ningua dirección preferente. El cúmulo de casualidades no es ni bueno ni malo, simplemente es así como se desarrollan las cosas.
        El cerebro humano ha dado forma en su imaginación a muchos dioses, buenos, malos y regulares; algunos ya no tienen fieles y otros están aún por llegar.
        Lo que tú sientes como cierto no creo que sea pueril. Es la estrategia que tu mente ha desarrollado para darte tranquilidad, estabilidad y fuerza, como ocurre con tantas personas con sus ideas sobre Dios. No tendrás más que tu fe para soportarte, pero la fe mueve montañas.
        El movimiento hacia el bien debería ser la lucha de todos, especialmente ahora con las circunstancias que nos rodean. Es importante que todos obremos bien en nuestro entorno inmediato y que ese bien se extienda poco a poco y día a día. Si tu motivación viene de tu idea de Dios y el diablo es lo de menos, siempre que no intentes imponerla. Debo decirte que la mía viene de la profunda confianza en las capacidades racionales del ser humano, sin dioses. Pero fíjate en lo importante, nos movemos en la misma dirección.

        • Realmente cuando utilizo las expresiones de Dios y Diablo no las empleo en el sentido que la Iglesia o la sociedad en general las utiliza, ese Dios y ese Diablo están dentro de cada uno de nosotros y nuestra fe puede ser buena o mala, al igual que nuestras motivaciones, ahí es donde una de las fuerzas gana y se hace fuerte en nosotros afectando a todo lo que nos rodea.
          Desde un punto de vista totalmente racional tengo que darte la razón en algunos de tus planteamientos pero en la existencia hay muchas irracionalidades que no sabemos como explicar. Los seres humanos a nivel emocional suelen ser poco racionales y ese es el motor de nuestra existencia nuestros irracionales sentimientos.
          Puede que todo sea simplemente explicable con unas cuantas fórmulas matémáticas o reacciones químicas, pero que rollo si solo fuera eso no?

          Y después de todo, la vida son 4 ratos….y después que?, la nada, pasto para los gusanos y ya. Así, fríamente visto, no creo que nada merezca la pena, o casi nada. Bueno esta discusión de la muerte la dejo para otra entrada en la que trates sobre el tema,vale?

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