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    O sea, flipo

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    Vienen cabras en tropel

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    Imposible el agua

    Imposible el agua

    Agua imposible en el amanecer del siglo. Emana un sentimiento de pena y decidido estoy a anotarlo todo. Sí. Para luego contarlo, pues que otra pobre cosa puede hacer un gacetillero. Imposible el vino de ese color verde. Añadas venenosas que crecen en las cepas del sueño anotado. Sopor de vasos a medio terminar, turbios […]

El origen de la escatología bíblica

El cristianismo arcaico reaviva la escatología bíblica

El cristianismo nació en el Israel de la época inicial del imperio romano (principado de Augusto), un lugar de gran bullicio teológico en el que el judaísmo  estaba debatiéndose entre varias corrientes que hoy quizás llamaríamos fundamentalistas: fariseos, saduceos, zelotes, esenios…En medio de ese barullo, Jesús de Nazaret terminó de forma abrupta su misión y dejó a su muerte un panorama poco claro. Su tarea proselitista en Judea y Galilea había sido más bien un fracaso y su hombre fuerte en Jerusalén, Simón Pedro, tenía una postura moderada e intro-judaica sobre las enseñanzas de la nueva doctrina, todavía muy lejos de llamarse cristiana. Durante un tiempo pareció que los jesusitas o seguidores de Cristo serían simplemente una más de las mencionadas ramas del judaísmo, sólo que en este caso con una perspectiva de futuro muy limitada.

Pero transcurridos ya más de 10 años de la muerte de Jesús, apareció en escena la carismática figura de Saulo, o Pablo de Tarso, veterano de más de un oficio y experto en la persecución de estos nuevos judíos jesusitas que se apartaban de la ortodoxia. Pablo tenía la ciudadanía romana y como perseguidor ya fue testigo del martirio del pobre Esteban, el primero que tuvo línea directa con el cielo mientras lo estaban apedreando y vio a Jesús sentado a la derecha de Dios (Hechos de los Apóstoles 7,54, 81-a). Aunque coetáneo de Jesús, Pablo no lo conoció personalmente en vida, aunque la tradición cristiana demanda que se dé crédito a la sobrenatural aparición jesusítica post-mortem, mientras Pablo iba camino de Damasco. En cualquier caso, pero parece fuera de toda duda que sufrió un cambio personal que lo llevó de “terminator” anti-nazarenos a apóstol decimotercero y hombre imprescindible en la concepción presente del cristianismo, hasta el punto de que muchos expertos afirman hoy que la iglesia actual es mucho más paulina que cristiana.

Infografía: El origen de la escatología bíblica, desde la misión de Jesús hasta la extensión viral del cristianismo

La revolución del apóstol Pablo de Tarso

Frente a la visión contenida e introspectiva de Pedro y los apóstoles de Jerusalén (Mateo 10:5 “No os dirijáis a los gentiles ni a los samaritanos”, Mateo 15-24 “Fui enviado sólo para el pueblo de Israel”), Pablo aportó la visión universal y expansiva del Jesús resucitado, que parecía haber cambiado de idea y optado por la mundialización de sus enseñanzas (Mateo 28:19 “Id y haced discípulos de todas las naciones. Bautizadlos…”). Pablo se labró su reputación predicando en el amplio mundo gentil, ciudad a ciudad, sufriendo penalidades, tribulaciones y desventuras; dejándose los huesos, la salud y el poco pelo que le quedaba en mil caminos, puertos y arrabales. Se vio apaleado, apedreado, pateado, encerrado, asaltado por ladrones y echado a los leones. Predicando en los barrios bajos, entre esclavos y mendigos y en las escaleras y puertas traseras de las sinagogas este hombre, sin duda fuera de lo común, sembró su interpretación de las ideas jesusitas por el ancho imperio romano de Calígula, Claudio y Nerón. Las líneas maestras de su prédica eran la resurrección de la carne, la vida eterna, el perdón de los pecados para todos y el apocalipsis inminente, pero sin las matracas judías de la circuncisión, la raza y la dieta. De entre estos aspectos, había uno en particular que el mundo gentil encontró irresistiblemente atractivo: la vida eterna gratuita.

La vida eterna para la clase turista

Ustedes pensarán: ¡Un momento! ¡Ni Pablo ni Jesús inventaron la vida eterna! Ese concepto ya existía desde los comienzos de la historia de las religiones. Y es cierto. Desde luego que la vida eterna ya existía como concepto en toda religión que se preciara de serlo. Lo malo es que normalmente se trataba de un producto religioso de alto coste y para clientes exclusivos, un producto al que la masa (esclavos, prostitutas, artesanos, colonos, soldados) no podía acceder porque de una forma u otra había que pagar por ello antes e incluso después del deceso. Pablo terminó con ese concepto, rompió el mercado, tiró los precios y, con una intuición genial, regaló la vida eterna a cambio de una fe sincera.

Su mensaje además hacía converger en la persona de Jesús una síntesis perfecta de muchas ideas y mitos que, heredados de religiones en trance de desaparición, y de tradiciones ignotas, ya circulaban en su tiempo, dando forma a un héroe o semidiós que había muerto y resucitado (como Osiris), que había nacido de una virgen (como Mitra, como Osiris, como Pitágoras), que había demostrado sus súper-poderes haciendo milagros (como Apolo, como Hércules), y que incluso tenía poder para resucitar a los muertos con su simple voluntad (superando al entonces famosísimo Escolapio, con su tónico a base de sangre de lado derecho de gorgona).

Composición figurada sobre la prédica de Pablo de Tarso

Profecías bíblicas sobre el apocalipsis en los primeros escritos cristianos

El resultado del impulso paulino fue que durante los primeros 300 años de nuestra era el cristianismo se extendió de forma casi viral por todo el imperio romano. Cierto es que los comienzos fueron muy difíciles y como nueva secta que se negaba a adorar a los césares endiosados, los cristianos sufrieron todo tipo de persecuciones, penalidades y martirios, esos que han configurado el rico panorama del santoral católico, al que muchos califican abiertamente de politeísmo disfrazado, aunque esa es una discusión que no nos ocupa aquí.

Esta avalancha de adhesiones, verdaderamente sinceras y voluntarias, se puede entender mejor en el marco de esa genialidad paulina de una vida eterna de acceso generalizado y gratuito y de un apocalipsis a la vuelta de la esquina. En las postrimerías de este período, la tradición oral se empezó a asentar en diferentes escritos griegos que se compilaron en el Nuevo Testamento, y que junto al clásico Antiguo Testamento judío pasaron a configurar el corpus cristiano de escrituras sagradas que se consideran inspiradas directamente por Dios (Palabra de Dios).

Pero las preguntas se agolpan y demandan respuestas urgentes ¿Contiene este corpus profecías sobre el futuro? Y en concreto ¿Contiene profecías sobre el fin de los tiempos? ¿Qué dicen estas profecías? ¿Cómo puede ser que tantos personajes históricos se hayan sugestionado con ellas hasta el punto de arruinar su reputación o dañar a muchas personas a su alrededor?

Conservemos la calma. Todas estas preguntas serán respondidas a su debido tiempo a lo largo de esta serie. Pero ahora conviene centrarnos en analizar las profecías apocalípticas en la Biblia.

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