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El Museo del Jurásico de Asturias

El origen del Museo Jurásico de Asturias

Los años de bonanza económica previos a la crisis profunda que nos sigue atenazando en 2013 vieron el nacimiento de abundantes instalaciones de tipo museístico que intentaban aprovechar algún rasgo o particularidad local para ofrecerlo como producto turístico complementario a la oferta tradicional de la zona. Se busca así una mejora tanto de los ingresos como del prestigio turístico potenciando el aspecto cultural mediante una estudiada integración del museo con la actividad investigadora y docente en universidades y colegios cercanos.

El Museo del Jurásico de Asturias (MUJA) es un buen ejemplo de estas actuaciones, pues nació como propuesta que pretendía mejorar la tradicional oferta turística asturiana de playa, montaña y gastronomía. La inversión inicial en construcción fue de 12 millones de euros, complementados con 1 millón más por las instalaciones adicionales de cafetería, parques infantiles, revegetación y la colocación en los alrededores de la zona adyacente al museo de hasta cuatro maquetas de dinosaurios construidos a escala real. Desde su apertura el abril de 2004 el museo ha ido haciendo su andadura y complementando su oferta de material fijo con la organización de jornadas con expertos paleontólogos, talleres para niños y padres, conferencias, abundantes visitas de colegios, ciclos cinematográficos e incluso teatro de títeres. Durante los tres primeros años recibió una media de algo más de 150.000 visitas al año, cifra que quizás habrá bajado algo con la crisis, aunque sobre este aspecto no he podido encontrar datos. Parece que la intención inicial contemplaba buscar un inversor privado para una operación aún mayor, tipo parque temático como Dinópolis-Teruel. Mucho me temo que los tiempos ya no están para eso.

 

En una acertada estrategia de promoción, la zona de la costa asturiana entre Gijón y Ribadesella fue rebautizada como la costa de los dinosaurios. Existen allí yacimientos de huellas fósiles (icnitas) sin igual en España y de primer orden mundial en tamaño, variedad y calidad de conservación, especialmente en lo que se refiere a grandes dinosaurios. El museo ha realizado además una importante labor de recuperación de material geológico y paleontológico, por ejemplo el rescate del esqueleto de un dinosaurio Ornitópodo y las huellas de otro, de la familia de los Terópodos en los acantilados de la costa Asturiana de Quintueles y Lastres que han pasado a formar parte de la instalación.

La visita al MUJA

Desde la localidad de Colunga nos dirigimos a la playa de San Telmo por la carretera AS-257 en dirección Lastres. Al cabo de unos 2 km ya hemos dejado la playa mencionada un poco a la derecha y nos aparece el desvío de la pista que sube hasta el museo; es un tramo de 1,5 km que asciende desde la cota 35 hasta la 150, donde se encuentra el museo que, desde esta elevación, tiene unas espectaculares vistas al mar y a los abundantes bosques de eucaliptos que lo rodean. Dejamos el coche en el aparcamiento y recorremos otros 250 m a pie hasta las inmediaciones del museo, donde nos encontramos primero con los grandes dinosaurios a escala natural en el exterior.

El propio edificio es ya algo digno de ver; atrevido en su diseño arquitectónico, que en planta simula la huella de un dinosaurio terópodo y en el interior alberga tres grandes espacios abiertos bajo las correspondientes cúpulas. La huella tridáctila se podría inscribir en un cuadrado de 60 m de lado y al franquear la entrada el interior se recorre por rampas y pasarelas mientras se van observando los objetos y proyecciones audiovisuales de los laterales y las espectaculares instalaciones de los ruedos centrales.

El contenido está muy bien planteado, desde las reconstrucciones a escala real de los grandes dinosaurios (incluso se han atrevido con los esqueletos de una pareja de tiranosaurios rex copulando) hasta los paneles interactivos en los que niños y mayores se entretienen y examinan su sapiencia “dinosáurica”. Por supuesto no falta el matiz local del jurásico y la prehistoria asturianos.

La duración de la visita a estos sitios está siempre en función del aguante de los pequeños pero aquí se pueden pasar seguro un par de horas entretenidas. Dependiendo de la economía doméstica de cada uno, se puede también comprar algún recuerdo en la tienda que, como siempre en estos casos, está convenientemente situada a la salida y bien surtida de productos inútiles y llamativos a precios moderados pero exorbitantes. Supongo que parte de los ingresos repercutirán en el museo. Los niños se sienten tentados pero es misión de los padres aquí permanecer impertérritos como si no pasara nada.

Salid al exterior: dinosaurios a escala real

Entre los jardines y las esculturas a escala real de dinosaurios, la zona da para un paseo largo respirando el aire marino y sorprendiéndonos con las expresiones realistas de estos grandes animales extintos en actitudes de caza, huida o simple indiferencia. Me enteré después que están fabricados por una empresa española llamada Dinokinetics y que costaron un total de 117.000 euros entre los cuatro. También han instalado un parque infantil adyacente con tres zonas por edades en el que los peques se pueden desfogar mientras los padres divisan el horizonte del mar cantábrico y cargan otra vez las pilas con ese increíble y limpio aire. Otra opción es la cafetería: unos sorbos de antioxidante (sin azúcar) con el Cantábrico de fondo.

Terminada la visita, podemos volver a la playa de San Telmo, aparcar el coche y pasear por el sendero lateral de la playa de la Griega, avanzamos dejando el mar a nuestra izquierda durante unos 300 metros, hasta una zona con icnitas que podemos examinar in situ.

El Museo Jurásico de Asturias: una visita muy recomendable

La visita al Museo Jurásico de Asturias y a la playa de las huellas es una gran experiencia, divertida y entretenida, sobre todo si vais con niños. Es un añadido más a la ya de por si impresionante Asturias y en particular a la zona de Ribadesella y sus contornos. Me cuesta realmente hacer alguna crítica de una experiencia tan satisfactoria, pero si me obligan diría:

  1. No me ha gustado la exagerada oscuridad de las salas, tan habitual casi en todas las exposiciones a las que uno acude ahora. Debe ser una consigna en organización de museos: tápalo todo y luego ilumínalo desde dentro según te interese. Vale. Pero la ausencia de luz natural al final causa al visitante una sensación de pozo o túnel que termina incomodando, mareando y dificultando el reajuste con la realidad exterior. Estoy por pensar que si le hubieran dejado al arquitecto más poder de decisión habría incorporado más luz natural al diseño.
  2. Creo que la composición esquelética de los dos tiranosaurios rex en acción de apareamiento tiene mucho de acto imaginativo. El sexo funciona bien como reclamo, pero ¿Se sabe lo suficiente sobre dimorfismo sexual de esta especie (y de cualquier especie dinosáurica) para especular sobre el kamasutra del T-Rex en un museo científico? Bueno, a lo mejor estoy equivocado. Espero comentarios.

Pero dicho esto, la visita al MUJA es una gran experiencia que recomiendo a todos, especialmente a los que vayan con niños, y además la dinámica de cambios en las exposiciones y renovación de actividades que tiene planteada el museo, seguramente hará que sea un motivo continuo de interés. Yo volveré pronto.

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