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El extraño caso de los monos escritores y Mr. Hoyle

Tropas de monos ignorantes toman Oxford

El argumento de la improbabilidad estadística (el mundo es demasiado complejo para haber sido generado sólo por la evolución) se condensa muy bien en el épico debate sobre evolución celebrado en Oxford en 1860, entre Thomas Huxley (1825-1895), conocido como el bulldog de Darwin y Samuel Wilberforce (1805-1873) que era obispo de la iglesia anglicana. En ese encuentro y como metáfora de su argumentación en el sentido de que la evolución por si sola puede generar la complejidad actual de los seres vivos, Huxley arguyó que dado el tiempo suficiente, tropas de monos ignorantes podrían llegar a producir el salmo 23, uno de los más comentados a lo largo de la historia de la exégesis bíblica, y ciertamente una evocadora y bella pieza literaria de indudable valor poético dentro del género bucólico.

El Señor es mi pastor, nada me falta.
En prados de hierba fresca me hace reposar, me conduce junto a fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.
Me guía por el camino justo, haciendo honor a su Nombre.
Aunque pase por un valle tenebroso, ningún mal temeré, porque Tú estás conmigo.
Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
Me preparas un banquete en frente de mis enemigos, perfumas con ungüento mi cabeza y mi copa rebosa.
Tu amor y tu bondad me acompañan todos los días de mi vida; y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

Manifestándose en contra de la teoría de la evolución y haciendo gala de un envidiable y reconfortante sentido del humor, Wilberforce le preguntó a Huxley que por qué lado descendía del mono, si el materno o el paterno.

El extraño caso de los monos escritores y Mr Hoyle

Leyenda urbana y origen real de los monos escritores

Todo lo que rodea aquella legendaria disputa dialéctica de Oxford es en gran parte especulación, pues no queda registro de las palabras textuales que Huxley y Wilberforce pronunciaron, pero aun así podemos agradecer el ingenio y la chispa con los que nos regala siempre un debate de alto nivel, y usarlo como ejemplo para contrastar nuestro análisis del asunto de la improbabilidad estadística.

Lo que si sabemos con certeza es que fue un matemático francés el que metió de forma explícita y documentada a los monos en el ojo del huracán de esta polémica. Emile Borel (1871-1956) trabajó en la teoría de la probabilidad y propuso el experimento mental de los monos infinitos en su libro Mecánica Estadística e Irreversibilidad, del año 1913. Su intención no tenía ninguna componente religiosa ni biológica, sino que pretendía simplemente ilustrar la alta improbabilidad de algunos sucesos.

Del Salmo 23 a las obras de Shakespeare y el genio de Sir Fred Hoyle

Desde entonces la leyenda urbana se ha ido alimentando con sucesivas apelaciones al caso de los monos escritores. Podemos destacar la que se atribuye a Fred Hoyle (1915-2001), gran astrónomo y matemático británico, que era de la opinión de que en efecto, tanta complejidad era imposible sin la intervención de inteligencias superiores y lo plasmó con gran ironía diciendo:

“Tropas de monos escribiendo a máquina toda la eternidad nunca podrían producir las obras de Shakespeare porque en el universo no habría espacio suficiente para alojar el papel resultante de los intentos fallidos.”

Ahora ya se habla del “Teorema de los infinitos monos” y en algunas facultades de estadística aplicada se aborda como caso de estudio para estimular la creatividad de los programadores. Hay computadoras con software de simulación que emula la actuación de trillones de monos que por el momento no han llegado a enhebrar más de cuatro o cinco palabras de la obra “Enrique IV”.

Como es natural, el resultado “teórico” del teorema es que un sólo mono escribiendo durante tiempo infinito puede llegar a producir cualquier cosa, incluso las obras de Shakespeare, puesto que en el peor de los casos cuando lo vayamos a comprobar y no estén, siempre quedará más tiempo y seguirá viva la posibilidad de que el pobre mono escriba cualquier cosa sin exclusión. Por supuesto, si se trata de monos virtuales computerizados, capaces de usar algoritmos genéticos y aprender de ellos con el paso de las generaciones, los resultados pueden ser sorprendentes.

Claro que infinito tiempo es mucho tiempo, y George Cantor (1845-1918) ya nos enseñó que entre los infinitos hay diferentes “tamaños”, pero incluso el infinito más pequeño ya es bastante para que un sólo mono estenógrafo salga con éxito del empeño. No hablamos de mil años, ni de la edad de la Tierra, ni de la edad del universo, sino de infinito tiempo. Por definición no podemos decir que nada sea imposible si damos tiempo infinito para que ocurra. Y por tanto, invirtiendo la proposición lógica, debemos concluir que si nada es imposible, entonces todo es posible.

Complejidad, belleza y orden simiescos

Como conclusión final tenemos que decir que el ejemplo de los monos escritores, si es cierta la leyenda urbana de que Huxley lo propuso en el mítico debate de Oxford en 1860, es desafortunado e inadecuado como ilustración de la capacidad de la evolución para generar complejidad. La complejidad de “El sueño de una noche de verano” es una complejidad con un orden planeado correspondiente a una comedia de enredo de la Inglaterra isabelina, que sabemos que tras un lío monumental termina en un aluvión de matrimonios. La complejidad de “Macbeth” es una complejidad con un orden planeado correspondiente a una tragedia canónica, en la que sabemos que tras un descenso metafórico a los infiernos, muere hasta el apuntador. Ese tipo de complejidades no se parece en nada a la complejidad del universo.

Yo estoy de acuerdo con Fred Hoyle, y pienso que si soltamos a una tropa ignara, numerosa y estenógrafa de monos en un almacén cerrado a cal y canto, de un polígono industrial abandonado, en los arrabales de una ciudad derruida, de un planeta ignoto y deshabitado y les dejamos incontables máquinas de escribir con papel y tinta a mansalva, y volvemos al cabo de 5.000 millones de años, es seguro que no nos encontraremos las obras de Shakespeare.

Pero estoy en desacuerdo con él si quería implicar por elipsis que unos seres superiores han ayudado a hacer el complejo mundo que habitamos y creo que, de vuelta en ese planeta de los monos escritores al cabo de unos cuantos eones, nos encontraríamos otras obras con su propia belleza, con su propia complejidad y con su propio “orden” simiesco que probablemente nos hicieran pensar en lo improbable de que algo tan complejo haya sido compuesto sin ayuda exterior. Pero ese es nuestro problema, no el de los monos.

En próximos artículos abundaremos en las particularidades de la complejidad que vemos en la vida y el universo presentes. Apoyándonos en esto intentaremos demostrar lo inapropiado del argumento de la improbabilidad estadística y explicar cómo la evolución es, en opinión de la abrumadora mayoría de los científicos y especialmente entre los biólogos, sobradamente capaz de haber generado la complejidad del mundo actual.Safe Creative #1111010424133

Comments

This post currently has 2 responses

  • Siempre es interesante pensar en la ilógica de la estadística.
    Entender como, emplándola podemos llegar al absurdo.
    Tengo algo escrito al especto (en realidad es una ironía al rigor del léxico matemático).
    Procuraré enviartelo.
    Gracias

    • Gracias a tí, Horacio.
      Espero tu envío, y hablamos de estadística. En mi opinión no es que sea ilógica, sino que a veces sus resultados son desconcertantes. Sin embargo a mi siempre me pareció la parte de las matemáticas que contenía las verdades más sencillas y profundas del mundo, en particular la teoría de la probabilidad. También es la parte que peor entendí y aquí sigo estudiando cuando puedo, a ver si voy aclarando ideas. ¡Hasta pronto!

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