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El cerebro como simulador de experiencias

Evolución y nuevas estructuras cerebrales

Durante los últimos dos millones de años el tamaño del cerebro humano casi se ha triplicado. Esto significa no solo más masa encefálica, sino también nuevas estructuras cerebrales, entre las cuales tiene particular importancia el lóbulo frontal y en concreto una parte del neocortex llamada corteza prefrontal.

La corteza prefrontal desempeña muchas tareas, algunas tan sorprendentes como la simulación de experiencias. Cualquier ser humano tiene la habilidad, casi única en el mundo animal, de recrear en su mente una situación que aún no ha ocurrido y evaluar sus consecuencias. Este proceso de simulación puede llegar a provocar las mismas emociones y reacciones que desencadenaría la situación real, por ejemplo, cuando pensamos en cortar un limón en dos mitades y se activa inconscientemente la producción de saliva.

Sobreestimación del impacto

Sin embargo el funcionamiento de este simulador de experiencias no es siempre tan bueno como nos gustaría. De hecho los psicólogos han documentado lo que llaman “impact bias” o sobre estimación del impacto que una determinada decisión, al compararla con otras alternativas, puede causar en nuestra vida.

El psicólogo Dan Gilbert pone como ejemplo que si estuviéramos obligados a elegir entre dos hipotéticos futuros: que nos toque la lotería o que nos quedemos parapléjicos, todos elegiríamos ganar la lotería pues nuestro simulador de experiencias cerebral otorga mucha más felicidad potencial a ese estado. Pero los datos reales de encuestas demuestran que, años después de estos eventos, tanto los ganadores de lotería como los parapléjicos dicen ser igualmente felices. Gilbert confiesa haberse sentido muy sorprendido por los resultados de un estudio reciente sobre víctimas de grandes traumas vitales que demuestran que, con muy pocas excepciones, tan solo tres meses después del trauma, la víctima declara haber recuperado sus niveles normales de felicidad.

Composición inspirada en las capacidades del neocórtex cerebral para simular experiencias

Felicidad sintética y callejones sin salida

Parece algo asumido comúnmente en nuestra sociedad, que la felicidad hay que buscarla de forma activa. Sin embargo Dan Gilbert presenta experimentos que demuestran que esa función simuladora del neocortex puede actuar también como una especie de sistema inmunológico mental; un sistema que no ayuda a sintetizar felicidad cuando las situaciones en las que terminamos involucrados no son aquellas que perseguíamos. Y este sistema funciona especialmente bien cuando estamos atrapados, cuando la situación se torna en un callejón sin salida.

Muchos siguen pensando que la felicidad “natural”, esa que viene cuando conseguimos lo que queremos, es mucho mejor que esta felicidad “sintética”, que es la que el cerebro fabrica para consolarnos cuando no conseguimos lo que queremos. Tomemos el caso de nuestra sociedad de consumo masivo: si todos aceptáramos que no conseguir lo que queremos, puede hacernos exactamente igual de felices que conseguirlo: ¿Qué máquina económica podría funcionar con este tipo de consumidores? Pero Gilbert nos presenta datos experimentales que demuestran que esta felicidad “sintética” es tan buena, tan duradera y tan sólida a todos los niveles: psicológico, neurológico, físico, como lo es la felicidad “natural”.

El paradigma de la libre elección

A través de este experimento, que es todo un clásico en el mundo de la psicología práctica, se ha demostrado que cuando se fuerza a un sujeto a elegir, con criterios estéticos, un item (por ejemplo Gilbert realizó su experimento con pinturas de Monet) entre varios de los que el mismo sujeto ha calificado inicialmente en su zona media de preferencias, ni buenos ni malos, y se le vuelve a pedir opinión sobre el mismo conjunto de items al cabo del tiempo, la apreciación estética del sujeto por ese item que se vio forzado a elegir ha subido muchísimo y en vez de clasificarlo en la zona media, es habitual que haya ascendido a la zona alta.

Para aquellos que todavía estén pensado que esto no es más que un mecanismo consciente del cerebro para autojustificarse en su elección de antaño, Dan Gilbert presenta datos del mismo experimento del paradigma de la libre elección, pero esta vez realizado a pacientes con un tipo especial de demencia. Se trata de gente cuya memoria inmediata ha quedado destruida por los efectos de un consumo excesivo de alcohol, personas que, aunque recuerdan bien su niñez, no pueden fabricar nuevos recuerdos. Si te presentas a ellos y vuelves a los cinco minutos, ya han olvidado quién eres. El resultado del experimento del paradigma de la libre elección con estos pacientes amnésicos es exactamente el mismo, y la conclusión es evidente. Los pacientes amnésicos no están autojustificando conscientemente su elección de antaño por el simple hecho de que no recuerdan cual fue. Por tanto, si su criterio de apreciación estética sobre la obra antes elegida ha mejorado, solo puede ser debido a que, a nivel cerebral, se han producido cambios en los parámetros inconscientes de apreciación —de la belleza en este caso— y esos cambios solo pudieron ser activados por la situación de obligación de elección que se produjo tiempo atrás.

Infografía: el cerebro como simulador de experiencias

Variedad de elección y felicidad sintética

El polo opuesto a esta situación de elección obligada es la libertad de elección, que tanto apreciamos en nuestra sociedad de consumo, donde las opciones se han disparado de forma exponencial, y a veces absurda. Según lo visto, esto resulta oponerse el mecanismo que activa la generación de felicidad sintética. Cuanto más amplio es el abanico de opciones, más le cuesta al cerebro encontrar ese estado de conformidad, de aceptación de la realidad, de sentimiento de callejón sin salida que facilita la activación de la felicidad sintética.

Como conclusión, Dan Gilbert cita a Adam Smith (1723-1790) y apunta que está claro que hay situaciones que, de antemano, son claramente preferibles a otras. Pero también dice que ninguna situación merece ser perseguida con ambición ilimitada y temeridad desbocada, hasta el punto de comprometer nuestra tranquilidad presente y futura o la de los que tenemos alrededor, o la del mundo en general, porque sea lo que sea lo que la vida nos depara, parece ser que tenemos dentro de nosotros mismos la máquina que nos puede ayudar a aceptar la realidad que no podemos cambiar y a generar una felicidad de la mayor calidad posible. Esa máquina es el cerebro, y en concreto la corteza prefrontal. ¿Qué solo hay limones? Pues hagamos limonada.

Este artículo está basado en una charla que el psicólogo Dan Gilbert dio en TED y que puedes ver aquí (activa los subtítulos en español, si es necesario):

Comments

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  • Me encanta esta charla, la veo de vez en cuando, y también me sorprenden las conclusiones que se pueden sacar. Por ejemplo, si el cerebro es capaz de inventarse situaciones y sacar consuelo de ellas como si fueran de verdad, que es más o menos lo que se deduce, entonces ¿Qué pasa con temas como el de Dios, los fantasmas, los ovnis?

    • Pues, estoy de acuerdo contigo en que son temas muy propicios a simulación cerebral. La idea de Dios, por tomar una de las que mencionas, encaja muy bien con un producto de nuestra imaginación que, a pesar de eso, aporta a los creyentes un consuelo auténtico. Pero de ahí a intentar imponerle esa fantasía al resto del planeta hay un mundo, claro.

  • El coste de oportunidad: cuando se toma una opción entre muchas, somos conscientes de que tenemos que rechazar los beneficios del resto para quedarnos solo con los de una. Cuanto más grande es el conjunto inicial, más grande es ese conjunto de beneficios que sabemos que están perdidos al vernos obligados a elegir solo una opción. Por eso la multiplicidad desbocada de opciones, va contra la felicidad total final, porque hace crecer mucho el coste de oportunidad. Besos.

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