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De la Edad Media a la era de los descubrimientos

Luz al final de los años oscuros

En los anteriores artículos de esta serie hemos explicado que la distribución del conocimiento en la antigüedad era muy desigual y que la brecha entre niveles cultos e ignorantes era mucho mayor que hoy. También hemos visto que la causa principal del declive de la ciencia antigua fue el estrepitoso empeoramiento de las condiciones materiales por el continuo estado de guerra. Este declive se agravó por la influencia supersticiosa: gnosis, hermetismo, y también debido a la actitud de rechazo del cristianismo primigenio, que estaba auto configurándose como religión oficial del imperio romano y purgándose a muerte por dentro (herejías) y por fuera (paganismo) para poder ofrecer una versión limpia y “universalizante”, o sea “catolizante”, pero no por suma, sino por eliminación o achique teológico de espacios espirituales y vitales, coludiendo con el poder político imperial en la visión de su papel total en la sociedad.

Hemos visto también que este rechazo del cristianismo estaba dirigido a todo el conocimiento que contradecía a las Sagradas Escrituras, pero que después hubo una reacción positiva de los padres de la iglesia, que con más o menos vacilaciones, terminaron aceptando los postulados de la ciencia pagana clásica y concentrando sus esfuerzos en hacerlos compatibles con la verdad revelada en la Biblia. El cierre de escuelas, las deportaciones y las persecuciones, dieron paso al trabajo abnegado de copia en los escritorios de muchos monasterios cristianos, gracias al cual se pudo salvar buena parte del saber antiguo, que luego fue clave para que surgiera el Renacimiento.

Composición gráfica inspirada en la edad oscura

La ciencia como esclava de la fe

En el mundo del cristianismo medieval el esfuerzo intelectual se concentró en la “conciliación”, o sea, la compatibilización de la verdad revelada por un texto sagrado o una autoridad teológica, y la verdad científica o derivada de la experimentación y la observación. Al menos así se rompió la nefasta dinámica de rechazo sistemático a la ciencia pagana y se habilitó una vía de avance que, sin embargo, no se produjo ¿Por qué? El progreso científico en la Europa medieval cristiana quedó seriamente impedido, y limitado a la copia y preservación, por dos razones:

  1. El criterio acordado para lograr la conciliación era una trampa de ventajismo teológico que se expresaba así: “la ciencia es esclava de la fe”, es decir: en caso de incompatibilidad había que rechazar el resultado científico o retorcerlo hasta que se ajustara a la Biblia o al dogma de fe.
  2. Los métodos coercitivos estaban a la orden del día y abarcaban desde la excomunión y la ruina de la carrera personal y profesional hasta la tortura y la muerte humillante.

Pese a esto, también hemos explicado que hay algunas leyendas erróneas a las que todavía hoy se da abundante crédito, como la que dice que durante estos años oscuros se persiguió a la ciencia por decreto o que se volvió a aceptar otra vez de forma generalizada que la Tierra era plana. Ni mucho menos. Ya hemos analizado los códigos legales de Teodosio y Justiniano y ya hemos visto que en los niveles cultos, nunca se abandonó la idea que se describía en el modelo del cosmos del astrónomo alejandrino Claudio Ptolomeo: una Tierra esférica e inmóvil en el centro del universo, con la Luna, el Sol y los planetas incrustados en esferas transparentes girando a su alrededor. El movimiento retrógrado de los planetas se explicaba con epiciclos y todo el sistema estaba rodeado por la esfera final de la bóveda celeste con las estrellas fijas.

El deshielo del conocimiento

Sin embargo algo se empieza a mover en la Europa intelectualmente congelada de finales del siglo XII. De hecho, se había empezado a mover ya en el siglo VIII durante el reinado de Carlomagno. Las monarquías habían ganado estabilidad y las lamentables condiciones de seguridad se habían vuelto más tolerables. Se produjeron mejoras en el primitivo tejido preindustrial (el molino de agua) y se aprovechó la alta productividad agrícola de algunas zonas amplias de los valles del centro de Europa, que habían sigo preparadas laboriosa y secularmente por los monjes “ora et labora”. Se dio también una considerable expansión demográfica europa medieval, hasta el punto de que se estima que la población de Europa pudo duplicarse o incluso triplicarse. Fue una tendencia que luego se rompió con la peste bubónica, pero está perfectamente documentada.

El excedente demográfico y la mejoría general llevaron población del campo a las ciudades por primera vez en siglos, lo que unido al impulso educativo, promovido ya desde Carlomagno, terminó provocando que las escuelas, asociadas típicamente a los monasterios y a las catedrales durante todo el medievo, se aventurasen en los centros urbanos. Surgieron algunos polos destacados de enseñanza que ampliaron el clásico currículo medieval (Artes liberales: trivium y quadrivium) y se especializaron: derecho, matemáticas, astronomía…etc. Casi siempre estos centros estaban asociados a monasterios o catedrales: París y sus alrededores, Bolonia-Padua, pero otras veces no tenían conexión religiosa: Oxford.

Infografía: de la edad media a la era de los descubrimientos

Se avivó el interés por los textos clásicos latinos, que eran directamente accesibles al nivel culto, y por los griegos, que casi nadie entendía en la Europa occidental de esa época. Por eso era necesario recurrir a las traducciones antiguas de los propios clásicos latinos, o a las que habían llegado vía Al-Ándalus, vueltas al árabe en Bagdad o Damasco y después al latín en la escuela de traductores de Toledo. Desde Castilla se difundió por Europa un saber permeado de conocimientos del mundo árabe, que provenían, a su vez, de dos líneas: los clásicos griegos traducidos, como el Almagesto de Claudio Ptolomeo, y los propios desarrollos de la excelente matemática árabe.

Involución en la ciencia islámica antigua

Pero algo nefasto ocurrió en la ciencia islámica a partir de la influencia del teólogo Al-Ghazali (1058-1111 d.C.), que resultó en un repliegue hacia las esencias de la fe, en una crítica total al racionalismo griego y en un desprecio a todo estudio cuyo último fin no fuera incrementar la fe ¡Ya está bien de tanto Platón y Aristóteles! En el mundo del islam de la baja edad media la ciencia ni siquiera llegó a alcanzar el estatus de sierva de la fe.

Además, al tiempo que en Europa se estaban gestando las universidades, que sistematizaban la enseñanza, construían y consolidaban los temarios y los independizaban en cierta medida del maestro que viene y va, en el mundo árabe nunca se produjo este despegue real de la corporación de la enseñanza, sino que el aprendizaje siguió siendo, en gran medida, una cosa entre maestro y alumno. Cuando uno de los dos moría o se desanimaba por la creciente presión de la fe, la línea de transmisión del conocimiento quedaba rota. Así, mientras en Occidente empezaba la era de los descubrimientos y se ponían los cimientos de la revolución que se iba a desatar en el conocimiento unos siglos más tarde, en Oriente se destruían las bases de una prometedora pre-ilustración racionalista islámica que finalmente no fue más que la ilusión de un sueño algebraico.

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