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Cervantes y el lugar de La Mancha

Un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme

El Quijote es una novela universal, y lo es por muchas razones, que además son diferentes para cada lector. Después de una vida literaria que, pese a su afán, fue más bien mediocre, en sus años finales, Cervantes dio con el enfoque correcto para contarnos una historia con la que hoy, cuatrocientos años después, se siguen identificando lectores de todas las culturas. Además de esta sensación de universalidad, el autor consigue transmitir también una sensación de intemporalidad, al tratar personajes y situaciones que conectan con las más elementales aspiraciones humanas: justicia, bondad, verdad, valor para luchar por los sueños y sobrellevar las burlas y las críticas, viajes llenos de emoción y aventuras, aunque sean forzadas o recreadas. Cervantes logra muy bien esta independencia respecto al tiempo y al espacio y, sorprendentemente, lo hace a pesar de que la novela está repleta de detalles sobre el marco geográfico y temporal en el que se desarrolla: la España del reinado de Felipe III.

Pero en medio de todas estas referencias hay un detalle fundamental que se omite: un detalle que puede contemplarse, paradójicamente, como el más y el menos importante a la vez. Me refiero al lugar de la Mancha que vio nacer al excelso don Alonso Quijano, lugar de cuyo nombre el autor ya nos avisa en la primera frase del texto de que “no quiere acordarse”, es decir, que lo conoce, pero no quiere citarlo. El tono con el que el autor rechaza el recuerdo en la primera frase de la novela parece de cierta vergüenza, pero Cide Hamete Benengeli, su alter ego moro, aclara más tarde que la razón por la cual no ha querido decir de forma explícita cual era la patria chica de don Quijote era para que: aquellas villas y lugares de La Mancha no contendiesen entre sí por ahijársele y por tenerle por suyo.

Retrato de Miguel de Cervantes como versión de un dibujo clásico
Miguel de Cervantes

El resultado es exactamente el contrario. Al no haber quedado claro este punto, a día de hoy todavía siguen siendo varios los lugares manchegos que se lo disputan (Villanueva de los Infantes, Alcázar de San Juan, Mota del Cuervo…) y que quedan en relativa desventaja respecto al resto de sitios que, por una u otra razón, sí reciben mención explícita en el texto: El Toboso, Quintanar de la Orden, Miguelturra, Puerto Lápice, Argamasilla… Aclararé aquí que la denominación “lugar”, aparte de su acepción más habitual de “porción de espacio”, tiene también la de “población pequeña, menor que villa y mayor que aldea”. Ya en el diccionario de Sebastián de Covarrubias, el Tesoro de la lengua castellana o española, publicado unas décadas antes del Quijote, se aclara que “lugar” viene del latín “locus”, y que aparte del significado de “todo aquello que contiene en sí otra cosa” se puede usar también como “ciudad, villa o aldea”. Cumplidos, en fin, ya más de cuatrocientos años desde la publicación de la novela, creo que el intento de arrojar luz sobre la cuestión del lugar quijotesco puede ser un ejercicio interesante, ejercicio que yo hago desde un enfoque puramente histórico y literario, sin ningún ánimo de crear polémica entre las villas de la que también es, más o menos, mi propia patria chica: La Mancha. En definitiva, la cuestión es: ¿Ofrecen los datos de la novela alguna pista reveladora que apunte a que Cervantes estaba pensando en un sitio en particular, aunque no quisiera revelarlo de forma explícita? Para intentar responder a esta cuestión he elaborado una lista de todos los indicios que pueden ofrecer datos sobre ese lugar. Son los siguientes:

1. En P1-C13, cuando don Quijote describe a Dulcinea para el caminante Vivaldo y los pastores de cabras, dice que es una muchacha de El Toboso, localidad, por cierto, a la que también se refiere como un lugar de la Mancha, oído lo cual Sancho se muestra extrañado, pues viviendo “tan cerca” de El Toboso, nunca ha oído hablar de tal muchacha. Este dato es el que contiene mayor carga indiciaria pues revela que el lugar de don Quijote y Sancho está muy cerca de El Toboso; tan cerca que los vecinos de uno y otro pueblo se conocen por el nombre, lo cual, en una zona como La Mancha, donde los términos municipales son extensos, solo suele ocurrir entre pueblos, no ya cuyos cascos urbanos están próximos, sino cuyos términos municipales se tocan. He aquí una lista de los pueblos que podrían encajar en este criterio, y de sus distancias a El Toboso en kilómetros: Miguel Esteban: 6,8; Quintanar de la Orden: 9,8; Puebla de Almoradiel: 14,3; Mota del Cuervo: 10,8 km; Algo más distantes se encuentran: Pedro Muñoz: 13,6; Campo de Criptana: 16,7; y Alcázar de San Juan: 22,5.

Mapa con los lugares más cercanos a El Toboso y sus distancias en km
Lugares cercanos a El Toboso con sus distancias

2. En P2-C47, el labrador que pide audiencia con el Sancho gobernador dice ser de Miguelturra (junto a Ciudad Real), a lo que Sancho replica que “no está muy lejos de su propio pueblo”. Lo cierto es que Miguelturra está a unos 100 km de El Toboso. Resulta, entonces, que el pueblo de Sancho, y por tanto también de don Quijote, o sea, el lugar de la Mancha está: por un lado tan cerca de El Toboso que los vecinos se conocen por nombre, y por otro no muy lejos de Miguelturra, que está a unas, para la época, apreciables veinte leguas. Con solo mirar al mapa es evidente que no hay solución que haga compatibles estas dos observaciones de Sancho. No hay lugar que esté a la vez muy cerca de Miguelturra y “tan cerca” de El Toboso. ¿Qué puede estar ocurriendo aquí? Tenemos que suponer que, desde la lejanía de la ínsula aragonesa de la que es gobernador, otro lugar indeterminado, por cierto, sobre el que también hay mucha especulación, el escudero está usando el lenguaje de forma imprecisa cuando dice que Miguelturra no está muy lejos de su propio lugar, casi como si dos españoles: uno de Toledo y otro de Ávila, se encuentran en Moscú, y concluyen que sus patrias chicas están muy cerca. Los poco más de 100 km que separan estas dos ciudades parecen un palmo cuando se miran desde la estepa rusa. No olvidemos que, todavía en 1616, Castilla y Aragón, aunque están bajo la misma corona de los Austrias, como también lo estaban Portugal, Flandes, Sicilia, Nápoles o Milán, son reinos distintos, con leyes propias, y aduanas para el comercio.

3. Se menciona en P1-C2, que la primera aventura que le avino a Don Quijote fue la de Puerto Lápice, aunque inmediatamente el autor aclara que ha averiguado en unos supuestos registros históricos llamados los Anales de La Mancha, que el hidalgo anduvo todo ese primer día (sin novedad, se entiende) hasta que entró la noche, cuando al verse caballero y rocín ya muy cansados y muertos de hambre, divisaron la venta que a don Quijote le pareció castillo, a cuya puerta vio las dos mozas del partido. Podríamos concluir por tanto que la primera aventura digna de tal nombre, tras su armadura como caballero en la venta, y su salida de la venta al alba de la mañana siguiente, es la del labrador Juan Haldudo, que estaba azotando al muchacho Andrés. Descartamos que esta aventura sucediera en Puerto Lápice, como finalmente también lo hace el mismo autor, en un intento, quizás, de confundir al que haga pesquisas sobre el lugar. Cervantes, en fin, tras aquella primera y movida noche en la venta, nos dice aquello de que “la del alba sería”, cuando Don Quijote, ya flamantemente armado como caballero, abandona el recinto ventil y se dirige, en principio, de vuelta a su lugar. Pero no habiendo caminado mucho, en un bosque a su derecha, se encuentra con Juan Haldudo, vecino de Quintanar, que está azotando al zagal Andrés. Este Quintanar no puede ser otro que Quintanar de la Orden, provincia de Toledo, en cuyo término municipal, nuestro hidalgo se debe encontrar forzosamente aquella mañana. Y esto ya es más congruente con el resto de referencias geográficas que teníamos, pues Quintanar de la Orden es una localidad vecina a El Toboso, que además está relativamente lejos de Miguelturra y de Puerto Lápice, señales o pistas falsas que, probablemente, ya sospechamos que Cervantes solo ha dado para despistar. Concluimos, pues, que don Quijote se encuentra con Juan Haldudo y el muchacho Andrés en una ubicación de la zona sur del término municipal de Quintanar de la Orden, la zona marcada en el siguiente mapa en fondo verde, y que por tanto, la venta donde ha pasado la noche se encuentra en un lugar no muy lejano un poco más al sur. De hecho, otros ya han debido hacer el mismo razonamiento que yo, pues el propio mapa de carreteras de hoy ya nos da algunas pistas. Como además, solo un rato después de dejar “solucionado”, de aquella manera, el asunto de Juan Haldudo, el hidalgo se encuentra con los mercaderes toledanos que van a Murcia, es bastante probable que estos siguieran la ruta desde Toledo hacia Albacete y Murcia, pasando por Mota del Cuervo, en cuyo caso, es coherente que el encuentro con los mercaderes y la paliza del mozo de mulas al pobre hidalgo se produzcan al sur de Quintanar de la Orden, donde el caballero queda magullado y tirado en mitad del camino, hasta que lo encuentra su vecino, Pedro Alonso. Esto concuerda también con el hecho de que la venta en la que fue armado caballero la noche anterior, esté situada en una vía de cierta importancia.

4. Don Quijote queda molido a palos y tirado en el camino, hasta que avanzado el día lo descubre su paisano Pedro Alonso, que venía de llevar una carga de trigo al molino, es decir, que ya la había dejado en el molino y volvía a su lugar. Pedro Alonso debió de madrugar para hacer con la fresca buena parte del camino de ida, que al llevar la carga sería el más pesado para su querido burro. A su vuelta, encontrando a Don Quijote en ese sitio y a esa hora (entiendo que avanzado el día, ha de interpretarse como próximo al medio día, pero todavía un poco antes), concluimos que la hipótesis más consistente es que Pedro Alonso está regresando desde Quintanar de la Orden, hasta uno de los lugares próximos a El Toboso en dirección sur. De la lista de pueblos que elaboramos al principio solo hay dos que cumplan esas condiciones: Miguel Esteban y Puebla de Almoradiel. Pero basta mirar las vías de comunicación y tener en cuenta el anterior episodio con Juan Haldudo para concluir que el encuentro entre don Quijote y los mercaderes fue mucho más probable en la vía de Quintanar a Miguel Esteban, que en la de Quintanar a Puebla de Almoradiel. Por tanto, Pedro Alonso salió de Miguel Esteban bien temprano, con su burro cargado de grano, recorrió los 7 del camino a Quintanar en unas dos horas, entregó la carga en el molino, almorzó quizás un cacho de pan, un pescuño de queso, y unos tragos de vino del botillo, y emprendió el regreso a su lugar pasadas las diez. A mitad del camino de vuelta, se encontró al pobre don Quijote apaleado por el mozo de mulas de los toledanos y tirado en mitad de la vereda cuando estaba “ya bien avanzado el día”. Pedro Alonso carga al magullado hidalgo en el burro y lo lleva de vuelta a su lugar y a su casa, que conoce perfectamente. Podemos ahora reconstruir perfectamente el itinerario de la primera salida de don Quijote: desde que deja su lugar, el errar de ese primer día bajo el sol del verano manchego, la llegada a la venta que le pareció castillo, la salida de la venta al alba del día siguiente, el encuentro con Juan Haldudo en el término de Quintanar, el cruce de caminos, el deambular de Rocinante hasta el encuentro con los mercaderes toledanos que van a Murcia, el rescate de su vecino Pedro Alonso y la vuelta a su casa de Miguel Esteban a lomos del burro. Y este sería, por tanto, el esquema general del itinerario de la primera salida.

Mapa del territorio comprendido entre las localidades de Quintanar de la Orden, Miguel Esteban y El toboso con indicación del recorrido de la primera salida de don Quijote
Itinerario hipotético de la primera salida de don Quijote

5. Todavía, en la segunda parte de la novela, don Quijote y Sancho vuelven a salir en busca de aventuras y se dirigen directamente al lugar de Dulcinea: El Toboso. La pareja andante sale de su lugar “al anochecer, sin que nadie los viese, salvo el bachiller, que quiso acompañarles media legua del lugar”. Cervantes dice que esta nueva aventura comienza, al igual que la primera, en los Campos de Montiel. Con un criterio actual no parece correcto decir que El Toboso esté en los Campos de Montiel, por lo que hay que suponer que: o bien lo que Cervantes entiende por Campos de Montiel, en su época, comprende una zona más amplia que la actual en las comarcas del norte de la Mancha, o bien el autor está jugando nuevamente al despiste. En cualquier caso, sigue manteniéndose que el lugar de partida debe de estar muy cercano a El Toboso pues incluso habiendo salido “al anochecer”, don Quijote dice que tenía pensado alcanzarlo todavía con las luces de ese mismo día: “Sancho amigo, la noche se nos va entrando a más andar, y con más escuridad de que habíamos menester para alcanzar a ver con el día a El Toboso”. Sin embargo está claro que el hidalgo, cuyas habilidades numéricas ya he demostrado en mi libro que eran escasas, había calculado mal, pues se les pasa toda esa noche y aún el día que la sigue, en animada plática, y no es hasta la siguiente noche cuando por fin: “descubrieron la gran ciudad de El Toboso”. Quizás, una vez vista la imposibilidad de alcanzar El Toboso durante aquella primera noche, amo y escudero se deciden a descansar hasta el alba y después se entretienen con sus charlas hasta que finalmente se aproximan al pueblo de Dulcinea al atardecer del día siguiente. Allí, don Quijote, suponemos que para evitar miradas indiscretas de los de El Toboso, decide esperar entre unas encinas y no entrar en el lugar “hasta que la noche estuviera bien entrada”. De todos estos datos, podemos concluir que Miguel Esteban es el candidato mejor situado para el puesto del lugar de la Mancha. Es coherente, en líneas generales, con las andanzas descritas y está vecino a El Toboso, pero con una vecindad que, a diferencia de la de la Puebla de Almoradiel, que también puede ser un candidato respetable a lugar de la Mancha, no es solo de cascos urbanos, sino también de lindes de términos municipales, lo que explica el hecho de que don Quijote conozca por nombre a los padres de Dulcinea. Quintanar de la Orden queda claramente descartado, pues no es lógico que don Quijote se encuentre con Juan Haldudo y no lo reconozca como vecino. Alcázar de San Juan, Pedro Muñoz, Campo de Criptana y Mota del Cuervo, podrían también reclamar su vecindad de términos municipales con El Toboso pero, a mi entender, la mayor distancia y la topología del terreno en su separación de El Toboso, las hacen menos probables en su coherencia con las andanzas quijotescas. Por cierto, ninguno de esto sitios se puede descartar por ser villas, pues también lo era Miguel Esteban.

No tengo ningún dato que me permita afirmar siquiera que Cervantes visitó Miguel Esteban, como tampoco El Toboso o Quintanar, que bien los podía haber citado solo de oídas, como cita a Majalahonda de Madrid. Estaba casado con una mujer de Esquivias, pueblo también de Toledo, pero bastante lejos de la zona mencionada, al otro lado del río Tajo. En fin, todo esto no debe tomarse más que como un ejercicio interpretativo, de lógica literaria detectivesca, sin intención peyorativa contra ninguno de los pueblos descartados, lugares todos ellos bellísimos, llenos de gente industriosa y emprendedora. En definitiva, los datos, aunque reveladores, no son concluyentes y la intención real de Miguel de Cervantes seguirá, afortunadamente, creo yo, siendo un misterio, pero el hecho de incluyera tanta simbología esotérica en el Quijote, nos lleva a pensar que no es descabellado pensar que quisiera dejar también este enigma encerrado en ella. Al fin y al cabo, dar por bueno que Cervantes eligió a propósito un lugar que tiene su mismo nombre de pila, Miguel, es totalmente coherente con la teoría de que, en el fondo, el personaje de don Quijote y su peripecia en defensa de la verdad y la justicia, no es más que un trasunto del propio autor.

Ciencia, magia y religión en el Quijote, por Eloy Caballero
Ciencia, magia y religión en el Quijote, por Eloy Caballero

Comments

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  • Durante todo el video he tratado a Alcázar de San Juan como si su término municipal lindara con el de El Toboso. No es así. Pido disculpas por el fallo. Según mi razonamiento, esto rebajaría un poco las posibilidades de Alcázar como lugar de La Mancha, si bien, insisto en que no se puede afirmar nada de forma categórica.

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