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    O sea, flipo

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    Vienen cabras en tropel

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    Imposible el agua

    Imposible el agua

    Agua imposible en el amanecer del siglo. Emana un sentimiento de pena y decidido estoy a anotarlo todo. Sí. Para luego contarlo, pues que otra pobre cosa puede hacer un gacetillero. Imposible el vino de ese color verde. Añadas venenosas que crecen en las cepas del sueño anotado. Sopor de vasos a medio terminar, turbios […]

Calculando la fecha del apocalipsis

La fecha del apocalipsis: inminencia y desconcierto

Un aspecto de gran importancia en el que quizás hemos insistido poco es el de la inmediatez apocalíptica en los evangelios (1 Juan 2-18 “Queridos hijos, estamos viviendo los últimos días”). Desde la prédica de Juan el Bautista, de Jesús y de Pablo de Tarso (1 Tesalonios 5 “Cuando el Señor vuelva, muchos de nosotros todavía estaremos vivos”), siempre ha existido esa urgencia a la conversión y a la aceptación de Cristo como salvador ya que la fecha del apocalipsis llegaba.

Todo parecían ser símbolos que anunciaban la aparición de Jesús entre las nubes y el estruendo de las trompetas divinas: la muerte trágica de este emperador, el terremoto que destrozaba aquella ciudad, la epidemia que diezmaba esa población, la sequía que malograba las cosechas… Pero el lento transcurrir de los años, las décadas y los siglos sin que Cristo regresara fue poco a poco dejando en los padres de la iglesia un fondo de desconcierto con el que, desde el punto de vista de una fe sincera, cada vez iba siendo más difícil convivir en buena lid. El monje calabrés Joaquin de Fiore (1132-1202) es el primer personaje importante que, en vez de buscar signos o heraldos, da por buena la hipótesis de la información cifrada y se vuelca en cuerpo y alma en el estudio de las escrituras. En esa época de la edad media tardía en la que el esoterismo y la magia no se han separado todavía del auténtico saber, Joaquín es el primer no indocumentado que se atreve a dar una fecha concreta del fin del mundo para el año 1260.

Infografía sobre el cálculo de fechas apocalípticas basado en la Biblia, desde Joachim de Fiore al Gran Chasco adventista

Cábala y hermetismo

En el Renacimiento se produce una entrada de corrientes místicas en el saber. Por un lado la cábala y por otro el hermetismo. Cuando los reyes (católicos) Isabel y Fernando cometen la insensatez y la injusticia de expulsar de España a los judíos, algunos de ellos, muy versados en el arte de la cábala, llegan a su exilio italiano y ven que Pico della Mirandola (1463-1494) ya usa las técnicas de la gematria (numerología) y del notarikon (anagramas) en sus intentos por romper la clave divina de los mensajes proféticos de la Biblia. Pico no alberga dudas sobre su éxito y afirma “No hay mejor ciencia para convencernos de la divinidad de nuestro señor Jesucristo que la cábala y la magia”.

La corriente cabalística tiene una acogida favorable en la iglesia anterior a la Reforma porque se contempla como una contribución penitente de la “ciencia” judía para enmendar el entuerto añejo de no haber sabido reconocer a El Mesías a su debido tiempo. Pero tras el concilio de Trento el catolicismo se enroca en la defensa inquisitorial de las esencias de la fe y las influencias judías son rechazadas de pleno. La escatología y el interés por las profecías empiezan a perder fuelle en el orbe de influencia de Roma, que a la postre se echa en manos de un misticismo extremo (Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz) y tras una fase de un cierto utilitarismo (uso de la idea como instrumento de control de los fieles a base de miedo al infierno o esperanza en la salvación) ha terminado adoptando una postura de pasotismo y claro desinterés (al menos de cara a los fieles) ante la aparente puerilidad literal de los temas apocalípticos contemplados bajo la lupa del conocimiento racional.

Composición figurada sobre cálculos apocalípticos basados en la Biblia

Protestantismo y vuelta a la preocupación escatológica

Sin embargo el protestantismo rechaza a la jerarquía romana, lo que implica también arrojar por la borda todo el esfuerzo de más de mil terroríficos años de purga, tortura y eliminación sistemática del disidente y el hereje. Arrio, Nestorio, Priscilo, los cátaros… Tanta muerte y tanto horror no han servido finalmente para mantener la unidad. La nueva fe protestante se desgaja provocando un retorno teológico a las esencias de los primeros cristianos y a su preocupación fundamental sobre la inminencia apocalíptica. Quizás por eso la escatología mantiene hoy un gran vigor como punto teológico central en los diferentes cismas o ramas protestantes que se han ido abriendo paulatinamente (metodistas, baptistas, evangelistas, mormones, adventistas, testigos…hasta más de mil denominaciones en la actualidad).

Y es que la lectura e interpretación personal de la Biblia sin jerarquías intermedias hace que el creyente honesto, el que admite que tiene delante la palabra de Dios, no pueda cerrar los ojos ante la abrumadora cantidad de profecías y la importancia clave que el fin de los tiempos tiene en las escrituras. Junto a este interés escatológico, el protestantismo recupera también aquella sensación de inmediatez apocalíptica del cristianismo arcaico, casi un deseo de la parusía, que en el marco del buen cristiano no es algo que dé miedo, sino el momento en el que precisamente empieza lo bueno: la movida post-mortem que terminará en la dicha eterna (¡Ven Señor Jesús!).

Grandes nombres y fin de los tiempos codificado

De esta forma la línea de interés apocalíptico continúa con personajes históricos que no son sólo marginales o “frikis”. Ni más ni menos que Sir Isaac Newton (1642-1727), el padre de la física moderna (con Galileo), y el progenitor B del cálculo diferencial (con Leibniz), se interesa vivamente por estos temas y les dedica mucho tiempo, convencido de que el plan divino de la creación, los acontecimientos relevantes de las sagradas escrituras y la mismísima cronología del apocalipsis, se pueden encontrar codificados en la Biblia y descifrar a través de un estudio sistemático. Newton intuye que estos hitos deben coincidir con algunas efemérides planetarias como la precesión de los equinoccios. Su contribución fundamental a la ciencia moderna y el respeto solemne que inspira la sola mención de su nombre, ha hecho que esta otra faceta suya, de tipo interpretativo-teológico, quede en un segundo plano. En el campo de la ciencia, será siempre un gigante. En el campo de la teología fue uno más de los que se equivocó tomando como divinos unos textos demasiado humanos. En cualquier caso, para los adventistas, Newton es hoy, además de un gran científico, una figura teológica de primer nivel.

Siguiendo esta línea nos topamos hoy con el señor Camping y su Family Radio, pero ya hemos dicho que Camping es solo el penúltimo de una larga lista que conviene repasar también para hacernos una idea de cuán abundante ha sido la historia de los fiascos proféticos sobre el fin de los tiempos.

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