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Aspectos humanos del récord de Félix Baumgartner

El récord de Félix Baumgartner: deporte extremo y publicidad

El paracaidista Félix Baumgartner (1969-) batió varios records en el salto estratosférico realizado en segunda tentativa el pasado mes de octubre de 2012.Aparte de las marcas batidas y el éxito publicitario cosechado por la marca patrocinadora, la bebida energética Red Bull, las noticias sobre el evento se han centrado sobre todo en los aspectos técnicos, pero a mí me han impresionado más algunos aspectos humanos.

Transmisión de experiencia entre generaciones

Ha sido un acierto poner a Joe Kittinger (1928-) el veterano saltador que tenía el anterior record, como el enlace directo de Félix durante todo el salto. Kittinger ha sido el que ayudaba, aconsejaba, leía las listas de comprobación y se preocupaba por Félix mientras estaba allá arriba. En su comunicación no sólo había un intercambio técnico de información, sino que se notaba cómo intentaba transmitirle seguridad y afecto.

Por experiencia propia, Kittinger sabía bien cómo se sentía Félix en la tremenda soledad de la estratosfera y por eso esperaba pacientemente sus confirmaciones, preocupado pero sin perder la calma, y contenía su alegría al comprobar que estaba bien (¡Buen chico!), como un padre cariñoso haría al enseñar algo nuevo a su hijo, y como más de uno pensaría cuando tiene que dejarle por fin volar sólo: “que el ángel de la guarda cuide de ti”.

Aparte de que haya sido un acierto de la organización, este detalle me ha parecido entrañable porque es un ejemplo claro de que el progreso se basa en primer lugar en la transmisión de la experiencia por parte de las generaciones que nos preceden. Baumgartner y Kittinger nos han enseñado la mejor manera de hacer esta transmisión: el padre da afecto, ayuda, dirige y cuando llega el momento suelta la cuerda y se encomienda al destino; El hijo escucha y toma nota, se prepara y salta aceptando la responsabilidad de sostener el relevo y tomar sus propias decisiones. Cuando Felix había abierto ya el paracaídas ha pedido en varias ocasiones algunas indicaciones y tanto Kittinger como el director técnico le han dado datos incorrectos sobre el viento, por lo que se las ha tenido que apañar él solo.

El salto de Félix Baumgartner

Constancia y tesón de la organización

Hay que destacar la constancia y el tesón de la organización del proyecto, que ha pasado 7 años de preparativos para una misión de apenas tres horas de tiempo total, con un salto de 9 minutos. Verdaderamente Félix ha hecho un gran sacrificio dedicando siete años de su vida a este proyecto, con un riesgo no despreciable de fracasar. Por eso y por el temple necesario para saltar desde allá arriba se merece una doble felicitación.

Los proyectos complejos son abordables paso a paso

La complejidad de los proyectos de ingeniería es grande, pero sin embargo se pueden abordar de forma calmada y con un buen equipo, distribuyendo las tareas, haciendo cada cosa a su tiempo y haciendo listas de comprobación exhaustivas. Sin duda el Project Manager (Art Thompson) ha hecho un gran trabajo y lo ha debido disfrutar mucho. Kittinger comprobó una lista de 34 puntos con Félix antes de darle permiso para saltar. Cinco días antes la misión se había suspendido por las rachas de viento cuando Félix estaba a punto de iniciar el ascenso.

La alegría del logro compartido

La euforia se desata en las personas del equipo cuando se ve culminado con éxito un proyecto en el que todos han trabajado en conjunto por una meta común. Esa sensación de logro compartido es la mejor que se puede experimentar en el ámbito laboral y supera incluso a la del triunfo personal que hoy está tan en boga.

Utilidad práctica del desafío

Algunos han criticado mucho la aparente inutilidad de este logro del deporte extremo, casi como un ejercicio circense concebido sólo a mayor gloria del patrocinador. A mí me parece un proyecto totalmente legítimo y, hasta donde yo sé, Red Bull no ha pedido ninguna subvención ni rescate oficial, sino que ha encarado el proyecto en solitario como iniciativa privada aceptando el elevado riesgo de fracaso desde el principio.

La marca se jugaba muchísimo en este desafío, ya que en el caso nada improbable de que Félix hubiera sufrido un percance, la imagen de Red Bull habría sufrido un tremendo impacto negativo. Y yo no estoy a sueldo de Red Bull, ni siquiera lo he consumido nunca. Para mí es suficiente con todas estas aportaciones y sobre todo con habernos señalado otra vez al mejor camino que la humanidad puede recorrer, el de embarcarse juntos en un proyecto común.

Enhorabuena a Félix Baumgartner, a Joe Kittinger y a la organización de Red Bull Stratos por aportarnos todas estas cosas positivas.

Y para los que quieran profundizar en los detalles del salto os dejo este enlace en el que mediante la hoja de cálculo Microsoft Excel se analizan los datos de la caída y se reflexiona sobre varios aspectos físicos del fenómeno.

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