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Alienígenas invasores y dioses astronautas

Alienígenas invasores

Pese a la larga historia imaginativa sobre vida en otros mundos, casi nunca hasta finales del siglo XIX se había pensado en viajar a ellos o recibir visitas. Los epicúreos concebían esos otros mundos como completamente aislados entre sí. A nivel satírico se pueden citar los viajes a la Luna descritos por Luciano de Samosata (125-181 d.C.), en la cresta de una ola gigantesca o con alas postizas de águila y buitre. El viaje entre la Tierra y la Luna se tuvo por inconcebible en Occidente hasta la llegada de la cohetería, al no haber aire que pudiera servir como medio para soportar un vuelo. Pero en el Londres victoriano de 1890, H.G. Wells (1866-1946) había tomado el testigo de Julio Verne (1828-1905) y se había propuesto construir los cimientos del género de la ciencia ficción moderna. Con alegorías sobre sobre ética en la ciencia, colonialismo, o feminismo, Wells iba más allá del viaje a la Luna de Verne y abordaba el tema de los viajes en el tiempo y las visitas extraterrestres. Su novela “La guerra de los mundos (1898)” plantea el asunto por primera vez en un escenario de invasión de la Tierra por naves marcianas (probable metáfora del colonialismo británico).

El desarrollo de la aviación (Hermanos Wright 1904) y la aplicación teórica de la cohetería a la exploración espacial en la obra “La exploración del espacio mediante cohetes (1903)” de Konstantin Tsiolkovsky (1857-1935) hicieron que en 1910 la idea de un medio de transporte entre la Tierra y los planetas ya no fuera una quimera, sino una posibilidad. Hay dos excelentes películas expresionistas de comienzos del siglo XX que tratan sobre viajes a la luna y a Marte: “Aelita (1924)” de Yakov Protazanov (1881-1945), que lleva la revolución soviética a Marte y “La mujer en la Luna (1929)” de Fritz Lang (1890-1976) que aborda por primera vez de forma seria las peculiaridades de un viaje con gravedad cero y explora una Luna con atmósfera y yacimientos de oro.

H.P. Lovecraft (1890-1937) amplió todavía más el horizonte conceptual de las visitas alienígenas con sus terroríficos dioses extraterrestres provenientes de dimensiones paralelas e introdujo el tema de las divinidades creadoras que se alimentan de la energía humana. En 1938 la población de Estados Unidos estaba tan sensibilizada frente al tema de la invasión extraterrestre, que Orson Welles (1915-1985) sembró el terror con su emisión radiofónica dramatizada basada en la novela “La guerra de los mundos”. La segunda guerra mundial trajo nuevos avances en cohetería (bombas V alemanas) y durante la guerra fría, estadounidenses y soviéticos retomaron estas investigaciones e iniciaron la carrera espacial. En esos años se consolidó el género cinematográfico de serie B que abundaba en el tema de los alienígenas invasores, en alusión metafórica al clima de preguerra USA-URSS que no se disipó hasta la crisis de los misiles de Cuba.

Infografía que analiza las mitologías, tradiciones y noticias sobre alienígenas invasores

Contracultura y alienígenas bienintencionados

Mientras tanto llegaba la edad de oro de la ciencia ficción (años 1940-1960) y la posterior nueva ola (1960-1970) con fabulosos escritores (Asimov, Dick, Heinlein, Sturgeon) que se centraron en explorar los aspectos sociales del desarrollo de las nuevas tecnologías desde dos ópticas diferentes: tecno-libertarismo y progresismo. En paralelo crecieron las corrientes literarias del realismo fantástico y filosóficas de la “new age”, con ansia evidente por recuperar el pensamiento mágico y corregir los excesos de la tecnología en campos como la industria pesada (polución, destrucción del entorno) y la energía nuclear (bombas atómicas de Hirosima y Nagasaki).

Y es que, aunque al principio se consideró que las bombas atómicas habían sido un medio eficaz para terminar la guerra, con el tiempo se apreció una sombría verdad de fondo: gobiernos y científicos habían propiciado el uso de armas de un poder mortífero aterrador de forma indiscriminada y a gran escala contra población civil (japonesa, pero llegado el caso podría ser cualquiera), aplicando incluso crueles criterios de selección del blanco para maximizar el daño material y psicológico.

Aquellos grupos contraculturales (ciencia ficción, psicodelia, orientalismo, rock, drogas) también participaban del sustrato colectivo de la invasión alienígena, pero proyectando su deseo de una civilización más avanzada, en unos alienígenas imaginarios que hubieran superado las riñas tribales y aprendido a usar sabiamente la tecnología. Su salida de la marginalidad a través de los cauces artísticos habituales (música, literatura, cine) extendió al público la idea de los alienígenas visitadores bienintencionados. La cohetería y el poder del átomo lo hacían posible tecnológicamente y nuestra degradación lo hacía deseable moralmente. La falacia del “wishful thinking” estaba servida: ¡seguramente estábamos siendo visitados por alienígenas! La pertinaz falta de evidencias de estas visitas se achacó a una conspiración generalizada: NASA, USA, gobiernos, científicos, organizaciones; todos coludían  para ocultar los contactos con extraterrestres a través, por ejemplo, de la agencia Majectic-12.

Composición figurada sobre el ataque de una invasión alienígena

El “huracán” Erich Von Däniken

En 1960 existía un nicho en el mercado del misterio, sector alienígena, con grandes grupos de población sugestionados, ambiente contra cultural propicio y enemigo obstruccionista identificado (gobiernos+científicos). Sólo faltaba alguna evidencia, aunque fuera pequeña, para echar a volar la “postura alienígena”. Lo ideal hubieran sido los ovnis pero la mayoría de los testimonios eran ora notoriamente fraudulentos ora malas apreciaciones de fenómenos atmosféricos. Además nunca quedaban pruebas y los testigos eran normalmente impresentables.

En este escenario surgió el prolífico Erich Von Däniken (1935-), un fenómeno comercial arrollador (“Recuerdos del futuro” fue libro más vendido en Alemania en 1969), desertor del catolicismo y falsificador contable que mimetizó la estrategia del creacionismo bíblico y dio en asignar los misterios de la arqueología a unos supuestos dioses antiguos astronautas. Von Däniken inspiró a una legión de seguidores en la búsqueda de esos enigmas arqueológicos, como Zecharia Sitchin (1920-2010) que reinterpretó antiguas tablillas sumerias para dar forma de annunakis a esos dioses astronautas.

Dioses antiguos astronautas: El retorno de los supremos

A mediados de 1970 el mundo de la ufología se consolidaba en un presente que era un ir y venir de ovnis (que no veíamos por la gran conspiración de gobiernos y científicos) y en un pasado que estaba repleto de evidencias arqueológicas de las correrías de los disparatados dioses astronautas. ¿Y el futuro?

Esta pregunta no podía quedar sin respuesta por parte de una materia como la ufología, que ya mostraba su vocación total. Así pues se lanzó la idea de que era inminente una gran aparición alienígena coincidiendo con la era de acuario, el cambio de milenio, el fin de ciclo maya, el “armageddon” bíblico o el fin del tiempo annunakki. Era “el retorno de los supremos” anunciado en los textos antiguos. Había nacido la “postura alienígena”.

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