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Alan Turing y el fin de la segunda guerra mundial

Simposio internacional “El legado de Alan Turing”

Durante los días 23 y 24 de octubre de 2012 se celebró en la Fundación Ramón Areces de Madrid el simposio internacional “El legado de Alan Turing“.  Asistí a las conferencias de Ignacio Luengo, catedrático de matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid y de Pedro Bernal Gutiérrez, teniente general del ejército del aire. Aunque yo creía tener bien identificados a los héroes de la segunda guerra mundial: Churchill, Eisenhower, Montgomery, Patton… y también a los villanos: Hitler, Rommel, Mussolini, los japoneses… me sorprendieron algunas cosas que no sabía sobre el papel desempeñado en el desenlace de la contienda por un joven matemático de Cambridge llamado Alan Turing (1912-1954).

Tiempos felices para los alemanes

Aparte de la etapa inicial de las guerras relámpago y la ocupación de Polonia y Francia, hubo a lo largo de los 5 años de conflicto otras épocas en las que las cosas iban viento en popa para los prepotentes alemanes. Esos períodos se conocen en historia militar como “tiempos felices”. Uno de los choques clave de la guerra fue la denominada batalla de Inglaterra, en la que los ataques aéreos alemanes contra la isla querían ser el paso previo a su invasión (operación León Marino). Paralelamente se desarrolló la batalla del Atlántico, con la que Alemania pretendía hundir los suministros que los países de la Commonwealth enviaban por mar a los ingleses que entonces todavía luchaban solos con entre sangre, sudor, esfuerzo y lágrimas.

Alegoría gráfica de Alan Turing y su trabajo con la rotura del código de Enigma

De alguna forma la inteligencia alemana recababa información en USA (una leyenda urbana dice que a través de la mafia) y otros países sobre los envíos de suministros a Inglaterra y con estos datos los submarinos “uboot” atacaban los convoyes aliados con gran éxito usando la estrategia llamada “manada de lobos”. Los mensajes de radio con los que los alemanes coordinaban sus ataques estaban encriptados mediante la máquina Enigma y mientras los ingleses no pudieron descifrarlos las victorias germanas en el atlántico fueron abundantes.

Pero aprovechando algunos descuidos y excesos de confianza de los operadores alemanes, algunas piezas y libros de códigos de Enigma obtenidos secretamente de “uboots” capturados y un trabajo incesante del equipo de critptografía de Bletchey Park (Inglaterra), en dónde llegaron a trabajar varios miles de personas, los ingleses rompieron por fin el código de Enigma y pudieron engañar a las manadas de “uboots”. En la primavera de 1941 cesaron momentáneamente las victorias alemanas en el Atlántico y terminaron los primeros tiempos felices.

Segundos tiempos felices

En diciembre de 1941, sospechando que sus claves habían sido descubiertas, los alemanes añadieron un nuevo rotor a las máquinas Enigma de su armada, pasando de 3 a 4 y desbaratando el trabajo de descifrado previo de los ingleses. Los submarinos germanos empezaron a hundir nuevamente barcos aliados en el Atlántico y llegaron los segundos tiempos felices mientras Bletchey Park se sumió en el caos.

Nadie en el equipo de criptoanalistas formado por matemáticos, ajedrecistas y expertos en crucigramas creía que fuera posible descifrar los nuevos mensajes de Enigma porque las posibilidades a analizar eran sencillamente demasiado numerosas. Nadie excepto un profesor de matemáticas de Cambridge llamado Alan Turing que, con gran entusiasmo en medio de la desesperación reinante, concibió nuevos métodos probabilísticos para el análisis criptográfico. Usando todos los datos disponibles de comunicaciones interceptadas, señales meteorológicas, piezas de máquinas enigma recuperadas de submarinos “uboots”, descuidos de los operadores y otras pistas obtenidas por espionaje, Turing creo sus “banburismos”, “turingerismos” y procesos de cribado de palabras más probables por inferencia bayesiana y análisis de coincidencias sobre tiras de papel.

Las máquinas construidas con los criterios de Turing para replicar el funcionamiento de Enigma bien pueden considerarse proto-computadoras. Se llamaron informalmente “bombas” y para diciembre de 1942 los ingleses ya eran capaces otra vez de descifrar los mensajes de la armada alemana, los más difíciles, en un período de 12 horas y los del resto de cuerpos en tiempo real. No olvidemos que el factor tiempo era decisivo en la batalla criptográfica pues de nada sirve tener la información tarde. Los alemanes no volvieron a ganar ni una sola batalla más en el atlántico hasta el final de la guerra en junio de 1945.

Infografía sobre la vida profesional de Alan Turing

El declive de Alan Turing

En 1952 y en el curso de una denuncia por robo en su domicilio, Turing reconoció su homosexualidad ante la policía británica que, de acuerdo a la estulta legislación vigente, lo denunció por indecencia grave y perversión sexual. Obligado a elegir entre la cárcel y un tratamiento de castración química para reducir el apetito sexual, Turing optó por las hormonas y su vida se encaminó al precipicio. En unos meses se quedó impotente y sufrió ginecomastia (crecimiento de pechos).

En 1954 fue encontrado muerto en su casa y la autopsia determinó que había sufrido envenenamiento por cianuro. Nunca se supieron los detalles exactos de la intoxicación, pero junto a su cama se encontró una manzana a medio comer que, aunque no se analizó, dio lugar a la versión del suicidio. Sin embargo las circunstancias reales de su muerte siguen siendo desconocidas. Sus últimos meses de vida tras la condena debieron de ser un infierno. A los trastornos del tratamiento de hormonas se sumó el desprecio con el que fue tratado por las autoridades inglesas que lo mantuvieron vigilado por si revelaba secretos oficiales y lo despidieron de su trabajo como consultor para el gobierno. En Estados Unidos, donde también había trabajado y hecho su tesis doctoral, se le prohibió la entrada. Turing, en fin, murió como un apestado, oprimido bajo el peso de una estúpida ley del ingrato país a cuya victoria en la guerra él tanto había ayudado.

El legado de Alan Turing

Hay una coincidencia total entre los tiempos felices de los alemanes y la incapacidad de los ingleses para descifrar los mensajes de Enigma, lo que indica que las batallas de Inglaterra y del Atlántico tuvieron más de desafío intelectual que de enfrentamiento de medios físicos. La historia militar reconoce ahora la contribución de Alan Turing como imprescindible para la victoria aliada y responsable del acortamiento de la guerra en al menos uno o dos años, con el consiguiente ahorro de vidas y bienes.

Hoy se considera a Turing como un adelantado en inteligencia artificial, lógica, criptoanálisis y computación. Sus trabajos han influido incluso las neurociencias y su figura se ha rehabilitado tanto a nivel científico como personal. El propio gobierno británico ha pedido perdón por aquellos cargos absurdos de indecencia que le arruinaron la vida. Circula también la leyenda de que el logo de la empresa de informática Apple, una manzana mordida, fue un homenaje a su figura. Rehabilitado pues como científico y como persona, Alan Turing es además con todo merecimiento uno de los héroes de la segunda guerra mundial que yo no conocía.
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