La Tierra en la antigüedad clásica

Parte 2 de 8 en la serie Querido Planeta Tierra

La tierra como globo en la antigüedad clásica

Curiosas formas imaginadas para La Tierra

La Tierra en la antigüedad clásica

La idea de que la Tierra era un globo apareció por escrito por primera vez en la mitología hindú y estaba ya incorporada, por caminos demasiado intrincados para explicarlos aquí, en los matemáticos griegos Tales de Mileto (630-545 a.C.) y Pitágoras de Samos (582-507 a.C.).

Sin embargo la variada filosofía griega no escatimaba otras explicaciones curiosas y exóticas sobre mi forma: Empédocles y Anaxímenes pensaban que era plana, Demócrito pensaba que estaba hueca, Leucipo pensaba que tenía forma de tambor, Heráclito que tenía forma de tazón, Anaximandro que era cilíndrica.

Fue Pitágoras el que introdujo la idea de perfección en los objetos celestes (por extensión quizás de la noción de esfera como geometría ideal y conveniencia de esta idea con la misión pitagoreana), concepto de capital importancia científica, religiosa y filosófica que se iba a mantener vigente con mucha fuerza hasta la entrada en escena del gran Galileo Galilei (1564-1642) y sus observaciones de manchas en el Sol y cráteres en la Luna.

Eclosión científica en el Mediterráneo Oriental

Entre los años 550 a. C. y 200 d. C. y en la zona del Mediterráneo que abarca desde la Magna Grecia hasta el Oriente Próximo, incluyendo el norte de África, tuvo lugar la primera eclosión científica, que brilló desde múltiples focos: Atenas, Mileto, Rodas, Siracusa, Samos; pero que deslumbró especialmente en la Alejandría  de los lágidas o Ptolomeos. En el año 250 a. C. Eratóstenes de Cirene (276-194 a.C.) hizo su famosa medición del diámetro de la esfera terrestre. En Alejandría también enseñó Euclides (325-265 a.C.), el recopilador matemático más famoso de la historia y estudió Arquímedes (287-212 a. C.), insuperable ingeniero y matemático que llegó incluso a flirtear con la proto-idea del cálculo infinitesimal con dos mil años de adelanto.

Esplendor intelectual en Alejandría

Alejandría fue desde su fundación en el año 332 a. C. y por impulso de los reyes Ptolomeos, centro de cultura, de interés por el saber y de amor por el conocimiento. Es posible que el niño Eratóstenes fuera alumno del viejo profesor Euclides. Pero es seguro que fue amigo de Arquímedes, pues existe prueba documental de correspondencia entre ellos. La leyenda dice con razón que lo apodaban “El Beta”, pues era el segundo mejor en todas las ramas del saber; geógrafo casi tan bueno como Dicearco, poeta casi tan bueno como Homero, matemático casi tan bueno como Euclides, y así casi con cada rama del saber de su tiempo. El de Cirene era, en cualquier caso, el candidato ideal para director de la biblioteca de Alejandría y así lo entendió el faraón Ptolomeo III Evergetes a la muerte del anterior bibliotecario Apolonio de Rodas (295-215 a. C.).

Eratóstenes fue un sabio de tipo enciclopédico, lo cual no era una rareza entonces. Los humanos no podéis plantearos ya este tipo de aproximación al conocimiento por la diversidad de ciencias y especialidades que habéis logrado desarrollar, pero hasta bien entrada la Ilustración, el acercamiento al saber fue casi siempre en sentido amplio: el que estudiaba no pretendía especializarse en algo concreto, sino saber todo lo que se sabía: música, astronomía, matemáticas, medicina, geografía,…

Siempre que hablamos sobre el pasado histórico y la extensión de la educación y la cultura, hay que considerar la radical diferencia entre los niveles cultos, muy formados, y los niveles ignorantes, con escasísima educación. En la antigüedad no se hacían políticas para popularizar ni divulgar el conocimiento, ni se hacían esfuerzos por extender la educación y el saber a las masas. Las instituciones de enseñanza se apoyaban fundamentalmente en el mecenazgo de reyes o potentados y la transmisión de conocimientos no consistía en enseñar un temario oficial de astronomía o matemáticas, sino que el maestro en cuestión simplemente transmitía sus ideas a sus discípulos, a veces en instalaciones o dependencias “externas” o a veces en su propia casa, en la que el maestro había preparado una habitación al efecto.

En cualquier caso y con estas diferencias en mente es apropiado decir que el centro aglutinador de aquella eclosión fue la Alejandría de los Ptolomeos. Del mismo modo que si alguien quiere hoy aprender la mejor ingeniería intenta entrar en el MIT (Massachussets Institute of Technology), el que quería formarse realmente bien en aquella época intentaba (si podía) ir a Alejandría.

La Tierra en el centro del universo

En la mayoría de las cabezas pensantes del apogeo de la antigüedad clásica (desde el período helenístico hasta la destrucción definitiva de la biblioteca de Alejandría por los árabes alrededor del año 630), la idea del universo es básicamente la de Aristóteles (384-322 a.C.), que queda sintetizada unos siglos más tarde en el Almagesto de Claudio Ptolomeo (100-170 d.C.): una Tierra esférica e inmóvil, que está en el centro del universo, con los planetas y el Sol enclavados en esferas giratorias transparentes y perfectas, con epiciclos acoplados para explicar los movimientos retrógrados allá donde es necesario y las estrellas en la esfera fija final, al fondo, limitando el universo. Se desconocía la gravedad, se daban por ciertos unos conceptos ciertamente exóticos sobre el hemisferio sur (caída en un pozo y calor insoportable) y se aplicaba la noción aristotélica de lugar natural para explicar la posición de los objetos.

La única disonancia sobre esta idea hay que atribuírsela al viejo Aristarco de Samos (310-230 a.C.), quién también viajó varias veces a Alejandría y creo que conoció a un Eratóstenes 30 años más joven. El pobre Aristarco ya sufrió las consecuencias de uno de los primeros conflictos entre ciencia y religión cuando Cleanto de Assos (300-232 a.C.) intentó que se le procesara por impiedad, al haberse atrevido a sugerir que en el centro del universo estaba el Sol y no la Tierra.

Lamentablemente aquella trayectoria ascendente de los años de esplendor de Alejandría se terminó rompiendo, y tras un largo declive llegaron los años oscuros.

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