El apocalipsis racional

Parte 8 de 8 en la serie El fin de los tiempos

 Antiguo Testamento

El Apocalipsis Racional

El universo: un destino en lo racional

El Antiguo Testamento es una compilación religiosa sacerdotal escrita en hebreo (que no es un lenguaje divino, sino un dialecto del cananeo) y en arameo. Data de la época del 1000 al 500 a. d. C. y recoge las tradiciones de una sociedad de fundamento tribal, y carácter tardo-sedentario, que había estado casi siempre sometida (asirios, caldeos, persas, lágidas, seleúcidas, romanos).

El sometimiento se asociaba a los últimos devaneos con el culto al dios Baal y su idolatrismo colorista y verbenero, finalmente fue abandonado cuando los hebreos dieron forma en su imaginario a un Dios a la medida de su anhelado estatus de pueblo elegido, y usufructuario legal de todo el terreno de Israel; una proyección psicológica colectiva del idealizado reino de David.

Era una sociedad dura, con el yugo siempre al cuello, y él es un Dios duro, de armas tomar, que lleva los pantalones, que tiene mando en plaza, y que no duda, por un cabreo en un momento dado, en exterminar a toda la humanidad menos a Noé y su familia (Génesis), en sembrar la discordia entre los hombres en Babel, celoso de verlos progresando unidos, o en un momento bíblico inenarrable, en enviar a dos osos para despedazar a cuarenta y dos niños que se pitorreaban de la calvicie de Eliseo (Reyes 2). No es un dios con talante, ni “centrista”, ni dialogante, ni moderado, ni demócrata-cristiano. De la literalidad de sus actuaciones se deduce que le importa una higa la inteligencia emocional, el autoconocimiento, el progreso, los derechos humanos, la liberación de la mujer y el orgullo gay..

Dicho esto el Antiguo Testamento es un libro de lectura siempre recomendable, y aunque en opinión más o menos general no sea de una belleza literaria destacable, ni algunos de sus pasajes especialmente edificantes en términos morales, como pieza literaria mitológica e histórica tiene un interés indudable y su lugar de referencia en la cultura occidental es muy merecido.

Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento no está escrito por Jesús, ni por gente que lo conoció, ni en la lengua que hablaba, el arameo, sino en griego y entre 100 y 200 años después de su muerte. Con esta datación tampoco puede ser obra de los evangelistas Mateo, Juan, Lucas y Marcos, todos ellos coetáneos de Jesús, sino de autores posteriores y desconocidos que fijaron así la tradición oral de las historias que contaban los primeros cristianos, quienes para investirlas de autoridad las atribuían a personas que habían estado cercanas a Jesús.

De entre los muchos textos existentes, se fueron seleccionando algunos por el método del canon (se acepta sólo lo que casa con la historia que queremos contar) en diversos sínodos y concilios entre los años 300 y 400 d.C. y siempre con el objetivo de enhebrar los contenidos con la incipiente doctrina eclesial que se iba labrando a matacaballo en una confusa dinámica de teología relámpago contra el obispo hereje: nestorianos (Cristo es dual), arrianos (Cristo no es Dios), priscilianos (Se puede bailar en misa), pelagianos (No hay pecado original) y los restos del paganismo.

La lectura del Nuevo Testamento también es siempre recomendable como documento histórico que puede contener algunos aciertos morales, algunas reglas universales que siguen siendo válidas ¡faltaría más! Pero son también textos ricos en patinazos monumentales y en crueldades inexplicables y gratuitas que no tienen ningún significado para una sociedad que ha dejado de perseguir al individuo por lo que piensa, por lo que dice o por la forma de vivir su intimidad personal y sexual.

Sobre la profecía

La capacidad de predicción del porvenir va en contra de toda la evidencia que el universo es capaz de presentar a la mente racional. Todos podemos imaginar futuros posibles y llegar a sugestionarnos con ellos hasta el punto de tener experiencias mentales de las que se puede derivar una felicidad de calidad no inferior a la que obtendríamos si fuera real. Pero eso no quiere decir que Dios nos esté pasando información, sino que nuestro neocortex tiene esa capacidad de funcionar como simulador de experiencias. Y desde luego no tenemos derecho a imponer esa forma de ver las cosas al resto del planeta.

Ningún texto en este planeta contiene, que se haya probado a día de hoy, ninguna profecía cumplida o verosímil en relación al fin de los tiempos, ni lamentablemente a nada más. Nadie ha logrado sondear el futuro con anticipación profética referente a ninguna otra cosa grande, pequeña o mediana. Todos los que han presumido de ello han resultado ser charlatanes que querían sacar ventaja o ilusos que habitaban mundos imaginarios.

Sobre el fin de los tiempos

Cada religión tiene su propia escatología del fin de los tiempos. Esto es lógico, puesto que se auto proponen como sistemas que satisfacen la legítima ansia de trascendencia, o el compartido miedo a la muerte del ser humano. Pero ninguna está moralmente autorizada a reclamar su autenticidad por encima de las demás mientras no presente pruebas fehacientes de sus reivindicaciones asombrosas: creación, apariciones, levitaciones, don de lenguas, inspiración de libros, intervenciones puntuales o generales, milagros impresionantes, curaciones, etc.

Ninguna religión debería exigir a sus fieles que crean a ciegas en afirmaciones falaces, como que el deseo de trascendencia que alberga su corazón ha sido implantado por Dios, como que un texto antiguo fue inspirado por Dios o como que su religión es la verdadera y las demás no porque tiene más fieles, porque es más antigua, porque mentes muy brillantes la adoptaron, o porque es la que se practica dónde has nacido.

El papel de la ciencia y el apocalipsis racional

Hoy ya sabemos que efectivamente habrá un final del mundo, entendiendo como tal nuestro mundo del planeta Tierra en primer lugar y el universo a gran escala después. Todos los que hemos visto Cosmos recordamos a Carl Sagan diciendo “En unos cinco mil millones de años el Sol engullirá Mercurio y Venus y probablemente también La Tierra“. Pero hay otros finales posibles: que un asteroide nos destroce, que una glaciación nos congele, que se desate una actividad volcánica que nos asfixie, que esquilmemos los recursos del planeta…

Juicio sumarísimo al señor Harold Camping

Área Subliminal ha hecho un esfuerzo por comprender la forma de actuar del señor Harold Camping y la conclusión es que, aunque está equivocado, su proceder es correcto puesto que ha hecho de buena fe algo sobre lo que lleva toda su vida estudiando y trabajando, como hizo Isaac Newton en su día. Además Camping está asumiendo una idea que, en teoría, es aceptada por media humanidad: que la Biblia es la palabra de Dios. Alguien podrá decir que evidentemente es un farsante y que sólo quería armar ruido y hacer publicidad para Family Radio. En ese caso, si todo era la maquinación de un charlatán para conseguir publicidad y recaudar fondos, sólo sería uno más de la larga lista. Pero me resulta extraño que haya decidido tirar por la borda todos sus largos años de fe y arriesgarse a que su propio Dios lo borre del libro de la vida y de la lista de los 144.000.


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